Drogas y sistemas de tratamiento tienen en abandono a la mujer

Los servicios asistenciales para tratar la adicción a las drogas, no están adaptados a las necesidades de las mujeres, y el familiar presiona para que los tratamientos se terminen lo antes posible, con el fin de que la fémina pueda reasumir las responsabilidades del hogar.

“La participación de las mujeres en el fenómeno de las drogas es claramente un problema de desarrollo y de desigualdad”, manifestó en su discurso José Miguel Insulza, Secretario General de la Organización de Estados Americanos, el 3 de junio del 2013, con motivo de la Mesa Redonda titulada: Mujeres, drogas y derechos humanos en las Américas.

Aunque el Secretario General de la OEA realice esta afirmación, la verdad es que existen muy pocas investigaciones que aborden el problema mundial de las drogas con un enfoque de género y tampoco se ha generado suficiente evidencia sistemática que permita identificar las prácticas en la forma de abordar el problema de las drogas desde la perspectiva de la mujer.

Lo anterior evidencia que, en los últimos años, que la afectación femenina en el problema internacional de las drogas ha aumentado considerablemente, aunque esta problemática se hace visible en las noticias, ha estado ausente en la producción de conocimiento.

En el caso de Costa Rica, “consumir drogas en forma problemática no tiene el mismo significado para los hombres que para las mujeres. Mientras que para los hombres el consumo de drogas legales y también algunas ilegales es percibido como una conducta natural, social y culturalmente aceptado, excepto en los casos de dependencia, conductas violentas y antisociales. Para las mujeres supone un reto a los valores sociales dominantes. Es por esta razón, que ellas sufren con una dependencia o adicción a las drogas, tienen mayor discriminación, menor apoyo familiar y social, así como menor cantidad de servicios que cubran sus necesidades o consecuencias” explicó la doctora Giselle Amador Muñoz, especialista en drogodependencia y exdirectora del Instituto Nacional sobre Alcoholismo y Farmacodependencia.

Los estudios epidemiológicos indican que las mujeres con problemas de adicción a las drogas, buscan tratamiento en menor proporción que los hombres. Ello, debido a que se encuentran con mayores barreras, como el menor apoyo familiar y social, tienen dificultades para abandonar las responsabilidades en el cuido de los niños y del hogar y temen que su adicción lleve a la perdida de la guarda crianza de sus hijos.

Los servicios asistenciales no están adaptados a las necesidades particulares de las mujeres; el mismo entorno familiar considera, que el tratamiento debe de ser corto, por lo que presionan para que se termine lo antes posible, y así puedan reasumir las responsabilidades en el hogar.

En otras ocasiones, el temor de las embarazadas, por su propia condición de personas que abusan o dependen de drogas, pueda suponer la retirada de la guarda o tutela de sus hijos, o la actitud recriminatoria del personal sanitario o del propio entorno familiar, por mantener el consumo durante el embarazo, lleva a estas mujeres a ocultarlo, privándolas de un seguimiento, atención social y de salud.

Amador enfatiza: “Las mujeres drogodependientes presentan una serie de características que condicionan tanto su decisión de abandonar el consumo, como la accesibilidad al tratamiento, la dependencia afectiva a su pareja, el uso de drogas entre ellos, lo que genera una mayor frecuencia del consumo en busca de compartir experiencias y lograr aceptación y una mayor vinculación”.

Estas mismas mujeres tienen cargas y responsabilidades familiares que dificultan el tratamiento, presentan sentimientos de culpabilidad y una baja autoestima, además estados depresivos, de ansiedad que dificultan su acceso a los tratamientos y al éxito de los mismos. Para colmo, han sufrido experiencias traumáticas como violencia de género, abusos físicos, psicológicos o sexuales

Son objeto de una especial estigmatización o rechazo social, que se intensifica entre aquellas que tienen hijos, y que se traduce en el silenciamiento u ocultación del problema (negando su existencia) y en el retraso o la no demanda de apoyo para superarlo.

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Así mismo existen grandes dificultades de acceso a los tratamientos residenciales cuando existen hijos menores. Y en muchos casos dependen económicamente de la familia o de la pareja.

Tienen una importante precariedad laboral como desempleo, contratos temporales, o subempleo, a menudo por falta de oportunidades de educación y formación para el trabajo

Las mujeres drogodependientes están en situación de clara desventaja respecto de los hombres a la hora de acceder a tratamiento y esta situación debe ser considerada como prioritaria por las autoridades de salud, promoviendo el desarrollo de programas ambulatorios y bajo internamiento, en el caso de que sea necesario, buscando las alternativas para que la mujer no se separe de sus hijos y familia y mejore su calidad de vida tanto en lo educativo, laboral y social.

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A pesar de la experiencia internacional en el tema de las drogas, aún hace falta avanzar en la identificación de prácticas que puedan ser divulgadas y replicadas, con especificidad en el enfoque de género.

La implementación de políticas consistentes con la “Estrategia Hemisférica de Drogas” y su “Plan de Acción 2011 – 2015”, adoptados en 2011 por los Estados miembros de la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas (CICAD) de la Organización de los Estados Americanos constituye sin duda un avance importantísimo.

Sin embargo como lo reconoce Insulza “existen puntos de consenso entre ambos tipos de planteamientos: los dos coinciden en reconocer que la dependencia de las drogas es una enfermedad crónica (o recurrente) que requiere la respuesta de un tratamiento de salud pública; coinciden, igualmente, en la necesidad de promover el control de drogas sobre la base de evidencia e incorporando el enfoque de género y la participación de la sociedad civil en la definición de las políticas públicas”.

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Tabla 1.

Niveles de prevalencia de consumo de drogas en los últimos doce meses según las últimas tres encuestas en población colegial Costa Rica, 2006, 2009, 2012.

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Rosita Argüello Mora

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