El derecho a elegir ser o no ser madre

Tradicionalmente Costa Rica ha sido reconocida a nivel internacional como un país de avanzada respecto a los derechos humanos de las mujeres.

Esto lo sustenta los comentarios de mujeres,  como Krisia, que  afirma sin ningún temor lo siguiente: “Desde muy joven tenía la idea de no tener hijos, aunque no recuerdo en qué momento de mi vida lo decidí. Nunca me visualicé en el futuro cambiando pañales, cuidando niños y corriendo por las mañanas a dejar a los niños para irme a trabajar.  Solo tenía una meta: ser una profesional”.

Si bien es cierto que todavía falta mucho por caminar en el acceso de la mujer a las fuentes de riqueza, igual paga por igual salario y liderazgo en el sector empresarial,no nos cabe la menor duda de que se esta cumpliendo el precepto del estado general de bienestar que reconoce que la salud reproductiva supone disfrutar de una vida sexual sin riesgos, con la capacidad de procrear y la libertad para decidir hacerlo o no hacerlo, cuándo y con qué frecuencia.

La decisión de Krisia de no ser madre  no está libre de presiones sociales y acusaciones viperinas, pero al menos no ha sido proscrita socialmente, aunque cuenta ella que una persona la calificó de “mala” por no tener “instinto materno”. Ella, con una oratoria llana solo respondió “No sé si ese sentido materno es biológico o cultural.  Yo no lo poseo. Me gusta mi ritmo de vida, mi margen de acción, mi libertad, mi forma de ser y de pensar, la manera en que me percibo realizada como mujer”.

La Política Nacional para la Igualdad y Equidad de Género, que contempla la atención del derecho humano a la salud sexual y reproductiva, que establece que en el 2017 la totalidad de niñas y niños y adolescentes  a partir de edades tempranas, haya sido cubierta por acciones formativas deliberadas, dirigidas a remover estereotipos de género en los patrones de crianza, en la sexualidad y la salud sexual y reproductiva, que obstaculizan la igualdad entre mujeres y hombres, ciertamente ha calado en la sociedad costarricense.

Esto lo evidencia el análisis de los indicadores estadísticos existentes en el país en  la tasa de la fecundidad, que mide el número aproximado de hijos e hijas que corresponden a cada mujer en edad fértil (entre 15 y 49) de acuerdo con el número total de nacimientos registrados durante un periodo determinado, que en Costa Rica  han ido descendiendo paulatinamente.

En 1995 la tasa era de 2,8 hijos o hijas por cada mujer en edad fértil; en el 2000 descendió a 2,4; en el 2004 a 2,0 y en el 2010 a 1,8 hijos e hijas por cada mujer. La tasa global de fecundidad descendió hasta 1,7 en el 2013, siendo el mínimo histórico de los últimos 20 años, muy parecido al de Costa Rica.

El derecho básico de la mujer a decidir con libertad y responsabilidad el número, frecuencia y tiempo de sus hijos y a tener la información y medios para hacerlo,  vinculado al  derecho de todos de tomar decisiones acerca de la reproducción, sin discriminación, coerción ni violencia constituye en Costa Rica un logro importantísimo. Gracias a ello existen mujeres que como Krisia pueden afirmar “Creo en las decisiones propias sin hacer algo por quedar bien con la familia o la sociedad.  Ser madre no es para mí.  Soy feliz así”.

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Marilyn Batista Márquez

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