Gran responsabilidad del Gobierno con las trabajadoras sexuales

Para sensibilizar a trabajadoras sexuales en salud preventiva hay que estar en los mismos zapatos.

La sensibilización de las trabajadoras sexuales en materia de salud preventiva es más eficaz cuando se lleva a cabo entre pares, entre mujeres quienes están en los mismos zapatos porque vienen de la misma experiencia de vida.

Capacitadas por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) y su Programa para Fortalecer la Respuesta Centroamericana al VIH (Pasca), trabajadoras y ex trabajadoras sexuales integrantes de la Asociación “La Sala” cumplen esa tarea con colegas activas.

El origen laboral común de las mujeres involucradas en el proceso facilita la dinámica de comunicación, y genera mayor receptividad de parte de la población meta, según líderes de La Sala, organización fundada en 1994 cuyo lema es “trabajadoras y extrabajadoras sexuales luchando por nuestros derechos”.

En el desarrollo de su eficaz esfuerzo preventivo –que, entre sus aproximadamente 350 afiliadas mantiene cero incidencia del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (Sida)-, la asociación se enfoca principalmente en sus afiliadas, aunque también cumple labor con trabajadoras fuera de la institución, y con la clientela de las mujeres.

La acción se extiende a otras Poblaciones en Más Alto Riesgo (Pemar), incluidos integrantes de la comunidad de Hombres que tiene Sexo con otros Hombres (HSH), y la idea es, asimismo, llegar a la población de transgéneros –sector también conocido como “trans”-.

En opinión del abogado Marco Castillo, presidente del Movimiento Diversidad (MD) –agrupación defensora de los derechos de la población de lesbianas, gays, bisexuales, transgéneros e intersexuales (Lgbti)-, los integrantes de la comunidad trans “son los más vulnerables, definitivamente (…) los más, más, más vulnerables” entre la población sexualmente diversa, ya que “ellos, desgraciadamente, sufren más fuerte que ninguno”.

“O sea, no es que un gay o una lesbiana no sea discriminada, pero (para) un trans es peor la cosa”, explicó.

La Sala desarrolla la tarea principalmente en el sector denominado “la zona roja”, en el centro de San José, la capital nacional, visitando centros nocturnos, explicaron, a Petra, la coordinadora general y la portavoz de La Sala, respectivamente, Nubia Ordóñez y Grettel Quirós.

Esa tarea es parte de la alianza estratégica entre La Sala y Usaid/Pasca.

La asociación diversifica esfuerzos en materia de sensibilización respecto a salud preventiva, llevando a cabo, además, acciones con Servicios de Población Internacional (Population Services International, Psi), organización establecida, en 1970, en Washington.

Igualmente, está vinculada con la Red de Trabajadoras Sexuales de Latinoamérica y el Caribe (RedTraSex) –fundada en 1997 en Costa Rica y con sede en Argentina-, y con el Fondo Mundial de Lucha Contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria –más conocido como el Fondo Mundial-, en el caso Costa Rica, solamente en lo que tiene que ver con el primero de los tres componentes.

A partir de la capacitación de Usaid/Pasca, “lo que hacemos, nosotros, es que trabajamos prevención, con los pares, con los pares de nosotros”, precisó Quirós, en alusión a las trabajadoras sexuales quienes son la población meta de la iniciativa.

“Nos educan, a nosotros, para educar a nuestros pares”, porque, “como estamos en los mismos zapatos, entonces, sabemos el sentir de esa persona, y sabemos cómo puede, ella (…) sentirse, cómo le podemos llegar, a ella, porque somos trabajadoras del sexo”, agregó.

“Otra persona, de afuera, no puede llegar, igual, a decir: ‘yo siento lo que usted siente’, porque no siente 10 penes en un día”, señaló, en su estilo directo, animado, y por veces humorístico, de expresarse, para reafirmar que “tiene que estar en mis zapatos”.

“Yami, se quedó con las mujeres (…) y con los clientes”, indicó respecto a su colega Yamilith Galeano, colaboradora de La Sala, y activa participante en la tarea concientizadora.

“Yo, ahora, estoy trabajando con una población nueva, que son hombres que tienen sexo con hombres (…) estoy yendo a los parques (…) se habla de reducción del daño, de reducción de parejas, de estima y discriminación, alcohol y drogas”, detalló.

“A veces, tenemos tres parejas sentimentales, y no usamos condón con ninguna de esas tres, porque ese es el querido, ese es el que quiero, y ese es el que ya no quiero”, ilustró.

“Entonces, se habla de enfermedades de transmisión sexual, se educa, a la población, y, también, estamos promoviendo esa marca de condón”, señaló, en referencia a la marca –adecuadamente denominada “Vive”- cuyo uso es recomendado por Psi, y que La Sala reparte entre las poblaciones con las está en comunicación.

De acuerdo con la definición en su sitio en Internet, Psi promueve mundialmente, en comunidades con población en precaria situación socioeconómica, comportamientos saludables, con la prevención del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) como uno de sus principales focos de atención.

Aliada estratégica de esa organización, La Sala, en su labor con trabajadoras sexuales, entrega condones –masculinos y femeninos-, explicando su uso correcto, mediante coloridos y gráficos folletos de Psi, que también informan sobre el VIH y cómo prevenirlo.

Pero esta asociación de mujeres costarricenses también se preocupa por otros aspectos de su línea de trabajo.

En tal contexto, La Sala está en proceso de elaborar un proyecto de ley que regule el trabajo sexual, y, también prioritariamente, está enfocada en atender la situación de las veteranas en esta actividad, a causa de la precaria situación socioeconómica en que la mayoría se encuentra al ver reducidas sus posibilidades de trabajar.

El proyecto de ley –que está en la temprana etapa de recolección de insumos, incluida la consulta de similar legislación vigente en otros países-, es ambicioso, ya que la idea consiste, entre otros contenidos previstos, en un ordenamiento, a profundidad, de la actividad sexual comercial lo mismo que de componentes directa o indirectamente relacionados con ésta.

Por ejemplo, se prevé que la iniciativa evite que mujeres trabajen clandestinamente –por ejemplo, en salas de masajes, o sin conocimiento de sus respectivas familias-, y en condiciones de explotación.

La idea también implica la reforma parcial de instrumentos de la normativa legal -incluido el Código Penal-, en lo atinente a esta modalidad de trabajo.

Particular centro de preocupación y atención de La Sala son las trabajadoras sexuales veteranas que, por el dominante componente machista de su actividad, ven reducidas sus posibilidades de trabajo a causa de su ubicación en el grupo etario de 40 años o más.

La competencia de mujeres más jóvenes coloca, a una considerable proporción de trabajadoras mayores, en situación de calle, y sin recursos suficientes para pagar su afiliación a la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) –la entidad estatal que, entre otras competencias, administra la red nacional de hospitales-.

“Mucho trabajo, no tienen”, dijo Ordóñez, y agregó que, por ello, La Sala gestiona que esas mujeres sean aseguradas, en la CCSS, por el Estado.

Además de su coyuntural incursión en el campo de iniciativa en materia de legislación, La Sala complementa su labor promotora de prevención en salud con talleres y otras actividades sociales que, además de tocar ese tema, capacitan a las mujeres –principalmente a las mayores- a desarrollar oficios que les signifiquen ingresos complementarios.

Esto incluye cursos de corte de pelo y de elaboración de edredones, “no como una opción de que ellas dejen el trabajo sexual sino como una opción de que ellas tengan otra entrada, más, de dinero”, por tratarse de “mujeres de cuarenta años hasta sesenta”, explicó Quirós.

“El trabajo sexual se ha multiplicado, que, en una cuadra, hay treinta mujeres”, por lo que la competencia es alta, y perjudica a las trabajadoras de más edad, algunas de las cuales “están una semana sin hacer plata”, relató.

Según dijo Ordóñez, algunas de esas mujeres suelen dormir en hoteles baratos de la zona, aunque no siempre cuentan con los mil quinientos colones (casi tres dólares) que necesitan para ello, por lo que, en esos casos, deben dormir en cualquier acera.

El grupo etario de afiliadas a La Sala cubre desde 18 años –la mayoría de edad- hasta 60, “pero, cuando hacemos taller, las que vienen son las grandes, porque ellas casi no hacen dinero, están deprimidas”, indicó Quirós.

“Son mujeres que han hecho, por años, trabajo sexual, y terminan aquí”, situación en la que “hay una gran responsabilidad que tiene el gobierno”, dijo, a continuación.

“Porque el gobierno está viendo, a ver, cómo arregla el problema, pero tiene que empezar por educar a los dueños de los locales -o a las mismas mujeres-, porque no creo que los dueños de los locales quieran asegurar a treinta mujeres” en la CCSS, reflexionó.

Los propietarios de los centros nocturnos de la “zona roja” josefina, “van a asegurar (a) las que más plata hacen, o a las más jóvenes, o a las más que les guste”, aseguró la experimentada trabajadora sexual.

“Y, qué va a pasar con esa otra población que no la está asegurando el dueño de un local?”, preguntó, preocupada.

“Entonces, yo, lo que siempre he dicho (…) es que el gobierno (…) tiene que empezar a educar a las mujeres que optan por ese trabajo”, en cuanto a la necesidad de que se registren en el sistema de seguridad social nacional, principalmente por el tema preventivo en materia de salud, subrayó.

Lo expresado por Quirós se enmarca en los postulados de La Sala, que se define como una organización de trabajadoras y ex trabajadoras sexuales que “busca el mejoramiento de la calidad de vida de esta población que habita en Costa Rica”, entre otros medios, a partir de “su empoderamiento”.

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George Rodriguez Oteiza

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