JUAN

Hoy a las 6 de la tarde voy a ver a Juan. Con “j” de jodido, “u” de uva de Naoussa, “a” de animal y “n” de no lo conozco. Apenas lo recuerdo, pero su olor -creo que a lavanda- se quedó impregnado en mi nariz y no logro desterrarlo a pesar de no verlo desde hace un mes.

Este hombre de baja estatura, ojos color oliva, cabello refulgente, que dice tener 60 años, me envió un mensaje, “Te llevo dentro de mí”, suficiente para quebrarme, alborotarme, desordenarme y tirar mi vida por un guindo.

—Hola. Un fuerte abrazo— es lo único que me atrevo a decirle.

—Podés llamarme. Ricura. Me gustás mucho— es la expresión más vasta que él ha podido expresar en nuestra parca conversación cibernética.

Su interés por mí parece estacionario, simplemente se mantiene en el mismo lugar, lo cual me hace sentir como el hidrógeno: inodora, incolora, insípida, pero altamente inflamable.

¡Qué carajo tendrá este otoño de Arcimboldoque me anima a no desanimarme, que me impulsa a no detenerme, y me obliga a continuar con una relación -¿relación?-estéril, ambigua e irritante!

Pero en unos minutos serán las 6. Estoy lista para lanzarle la diatriba. Le diré que es un cobarde, un maleducado, un patán, un neandertal, un hijo de puta que me cortejó, aduló, aturdió, se acostó conmigo y me tiró al olvido.

Le diré que, aunque no hubo promesas, ni compromisos, ni tiempo para conocernos, un instante de pasión para mí es una efeméride. ¿Acaso no se da cuenta de que soy una mezcla de plutonio con poesía?

Lo acusaré de arrogante, indolente, egoísta, ruin. ¿Quién se cree que es para atreverse a ignorarme?

¿Cómo se le ocurre decirme “llamame”, cuando fue precisamente él, Juan -con “j” de jodido, “u” de uva de Naoussa, “a” de animal y “n” de no lo conozco- quien me llamó varios días consecutivos para avivar el fuego, la lujuria, el interés y todas las feromonas que se me multiplicaban con sólo oír su voz?

Le reclamaré que a mí no me llama por teléfono, ni me responde mensajes, pero que la última vez que estuvimos juntos -en un lugar llamado Caramelo- atendió dos veces el fucking celular y se despidió con un “amor, nos vemos”. ¡Ahhhhhhh, quise patearlo! Me desfiguré, sentí desvanecerme. Me veía vomitando el plato de los comensales que notaron mi transfiguración camaleónica, pero me contuve. Una gran dosis de glamour previene desgracias, catástrofes, ataques de cuernos y ridiculeces.

Ahí viene esa bestia. Lo convertiré en mousakka y en marraqueta. Voy a desmembrarlo; esparciré sus miserables restos en el desierto de Atacama y su corazón lo enviaré en un buque de desperdicios tóxicos a Creta. Ya sabrá quién soy…

Se acercó con premura. Colocó su mejilla sobre la mía. Sentí sus gruesas manos rozar mi espalda en un tímido y discreto abrazo, y suavemente me susurró:

— Te dije que vendría—.

Enmudecí por segundos, ¿o minutos? No sé. Una lluvia de solsticios, auroras, ocasos, atardeceres, granizos, noches, lunas, lluvia y meteoritos fusilaron mi voluntad. Sólo le pude responder:

— ¡Qué bueno que llegaste!—

Marilyn Batista Márquez
Cuentos de Petra, Editorial Petra, 2012

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mbatistapetra@gmail.com

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