La dama de las curvas de concreto y acero (1950-2016)

El mundo de la Arquitectura y el diseño pierde a una de sus mayores representantes de las últimas décadas.

La segunda mitad del siglo XX se volvería escenario de nuevos tipos de construcción: curvas sinuosas, espacios sólidos fluidos. Esto último podría ser considerado una contradicción, pero las nuevas tecnologías de construcción y las mentes creativas emergentes se encargarían de volverlo realidad.

Zaha Hadid es una de esas mentes vanguardistas que se negaron a hacer lo que la mayoría del momento hacía, y guiada por sus instintos, al mismo tiempo que decidida en sus convicciones acerca del diseño y la Arquitectura, y también, ¿por qué no?, con un poco de paciencia –mucha, a decir verdad– innovaron los espacios en los que muchas personas habitan e interactúan.

La parte de la paciencia no es de tomar a la ligera. La arquitecta, nacida en 1950, no sólo tenía que estar preparada para un mundo en que su profesión era más que todo “cosa de hombres”, sino también por ser una inmigrante proveniente de un país más o menos conflictivo.

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Centro cultural Heydar Aliyev

Zaha nació en Bagdad, Iraq; obtuvo su título de matemáticas en el Líbano y posteriormente estudió Arquitectura en Londres, en donde vivió y trabajó casi toda su vida. Cuando inició su propia oficina eran pocos los proyectos que lograban materializarse debido a la complejidad de sus propuestas y tan opuestas con la Arquitectura moderna dominante del momento, por lo que no era sencillo hacer pasar sus obras de la etiqueta “conceptual”. Sin embargo, gracias a las nuevas tecnologías y la denominada era postmoderna –anfitriona de muchos pensamientos revolucionarios de índole social, político y artístico– su trabajo comenzó a hacerse una realidad de los espacios urbanos.

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Diseños de Zaha Hadid, fotografías por A. Cristiá

Sus obras evocarían la fluidez, vitalizadas por medio de las curvas, alivianando cualquier material que pudiera usarse para construir; pero si bien una arquitecta puede diseñar o concebir obras tan grandes como son los edificios, ¿por qué no extenderse a otras escalas y objetos de diseño? En efecto, Zaha Hadid también aplicó sus principios de diseño a objetos cotidianos, muebles y ropa, impregnándolos de la misma marca personal que poseen sus edificios.

La arquitecta de origen iraquí se convirtió en el 2004 en ser la primera mujer en ganar el premio Pritzker (como el Nóbel de la Arquitectura), entre diversos galardones más. No obstante, estamos en una era donde son más recurrentes obras arquitectónicas de mayor ambición, mayor avance tecnológico computacional, y los medios masivos se han vuelto el espacio favorito de todos aquellos que desean brillar rápidamente, por lo que la necesidad de obras arquitectónicas de tal estilo se volvió cuestionable. Zaha en los últimos años ha sido blanco de fuertes críticas hacia su trabajo por ser consideradas, entre otras cosas, caprichosas, económicamente insostenibles o elitistas. Pero al respecto yo apelo por el contexto (el impacto y aporte de la obra en determinado momento), y afortunadamente, en la doxa, nadie tiene la razón.

Hoy, 31 de marzo, la dama de las curvas de acero y concreto abandona nuestro mundo, pero su esencia prevalece reflejada en las obras que dejó erigidas, y haciéndonos pensar que en esta Tierra, casi no hay nada que no se pueda hacer.

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Interior del Museo MAXXI, Roma

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Alejandro Cristiá Batista

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