La otra cara de las madrastas

Los niños con madrastras pueden tener la posibilidad de aprender de otra mujer-madre y así enriquecer su vida.

La imagen deteriorada de las madrastras a través de los tiempos, se puede deber a varios factores, por un lado las películas o cuentos de hadas tales como Blanca Nieves o La Cenicienta dónde las madrastras son crueles y malvadas que tratan de lastimar a las hijas que no nacieron de su vientre. Y por otro, la impresión que los niños suelen tener al verla como una usurpadora en la estructura familiar.

Para Sofía Pérez Sibaja, psicóloga y terapeuta floral, “anteriormente no era tan común la diversidad en los tipos de relaciones y familias que existían y de alguna forma esto no permitía ver como algo normal o común una relación de “madrastra e hija” sin pensar que entre estas debe haber recelo, envidia y otros tipos de sentimientos hostiles”.

La libertad que se vive en la escogencia de pareja, en la práctica del divorcio, en ser madres y padres solteros presenta una sociedad que acepta cada vez más a la familia más allá del matrimonio convencional, lo que permite la formación de familias diversas o mixtas en dónde los hijos de un matrimonio comparten con los de otro matrimonio.

“Las mujeres-madres no somos perfectas y en nuestra vida estamos aprendiendo a ser mejores, si abrimos nuestra mente y corazón aprenderemos formas distintas de hacer las cosas, de relacionarnos con nuestros hijos” afirma Pérez.

Los niños con madrastras pueden tener la posibilidad de aprender de otra mujer-madre y así enriquecer su vida con mayores posibilidades de integrar diferentes formas de hacer las cosas, de pensar, diferentes formas de sentir y que está bien que así sea mientras la tolerancia, el amor, el respeto, la paciencia, la sabiduría estén presentes en todo lo que hagamos.

Estas son algunas consideraciones pueden servir de pistas para que la madrastra se enlace mejor en la familia:

  • Ser uno mismo, actuar con naturalidad y no representar el papel de “madre” porque los niños ya tienen una.
  • No convertirse en madrastra si no se quiere, pero es obligatorio ser honesto con los niños desde el principio.
  • Definir su papel dentro de la familia, hacerse respetar y respetar a los demás.
  • Ser realista sobre el pasado de su pareja y sus circunstancia.
  • Ser flexibles y enfrentarse a los problemas que surjan con actitud positiva. El buen humor puede ser una buena ayuda en muchas situaciones conflictivas o preocupantes.
  • Es fundamental intentar establecer unas bases sólidas de una nueva familia, aunque lleve su tiempo. Organiza actividades en familia.
  • Con la madre de los niños probablemente no tengan una relación de amistad, pero sí hay que intentar que sea una relación positiva o, al menos, lo más neutral posible. Hay que aceptar que quieran participar en la vida de sus hijos y permitirlo.

Finalmente, hay que pensar que es por el bien de los hijos que se debe intentar que una familia reconstituida sea eso, una familia, con una base sólida de afectos mutuos que, tal vez,…lleguen con el tiempo. Y, en cualquier caso, si nos vemos sobrecargados o incapaces de abordar la nueva realidad, recordar que hay profesionales especialistas en terapia de familia. ¡Ánimos!

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rarguellopetra@gmail.com

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Rosita Argüello Mora

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