Las que cuidan los hijos de otros

“No existe madre perfecta, pero hay un millón de maneras de ser una buena madre”. Jill Churchill

Carmen Soto Barquero de 49 años, se dedicó por más de diez años a trabajar en casas realizando servicios de limpieza y cuidado de niños. Fue así como  sus dos hijas –hoy en día con 25 y 19 años- fueron criadas por su abuela, mientras ella cuidaba los hijos de otros en El Guarco de Cartago “Yo siempre viví cerca de mami, trabaje en una casa por 10 años, me acuerdo que levantaba a mis hijas en la madrugada porque a mí me tocaba alistar a los hijos de mi patrón para llevarlos a la escuela, mientras mi mamá alistaba a las mías”

En Costa Rica, aunque la figura de nana es sustituida por la de una niñera, que en algunos casos, es también trabajadora doméstica. En este tipo de oficio, la jornada, las actividades y los horarios puede variar.

Para la suerte de doña Carmen, ella trabajaba de lunes a sábado en un horario de 5 de la mañana a 5 de la tarde. Lo que implicaba una jornada de 12 horas continuas de trabajo doméstico  y cuido de niños. “Yo cuidaba una parejita, llegó el punto en que ellos me veían como a una mamá más. Nos encariñamos tanto, que le miento si le digo que no los quería. Ahora ya están grandes y si me los topo son un amor, ellos me siguen viendo como parte de la familia”

La Agencia de Niñeras S O S, que se encuentra en parte de Centroamérica, considera que “Disfrutar de y con los hijos es el desafío para los padres y madres actuales, los niños y niñas son felices con sus niñeras en tanto ellas solventan sus necesidades físicas y dan protección en ausencia de los padres y madres, sin embargo es vital que al llegar a casa el padre de familia  se conecte con ellos y no delegue en la niñera espacios que son exclusivos de los padres”.

Sin embargo, para Stefanie Mata, hija mayor de doña Carmen, su infancia  fue un poco diferente a la de los demás niños. Ella recuerda que para las actividades escolares la que asistía  era su abuelita, pues su mamá llegaba agotada del trabajo. “Usted sabe que todos los niños son muy crueles, y en la escuela siempre me preguntaban ¿usted tiene mamá?, o me cuestionaban que yo viviera todo el tiempo con mi abuelita, era un poco difícil porque uno tan pequeño no sabe cómo lidiar con esas preguntas”.

Delegar la crianza de los hijos no es el deseo de ninguna mamá, pero cuando de esto depende el sostén del hogar, el amor maternal puede con eso y hasta más. Poder vivir extrañando a sus propios hijos, amar a los hijos de otros tanto como a los propios, y desgastarse física y emocionalmente es uno de los poderes que tiene doña Carmen y muchas otras madres que se dedican a este oficio.

Aunque Stefanie reconoce que le hizo falta contar con su madre en algunas ocasiones, se muestra agradecida por el esfuerzo que ha hecho por sacarlas adelante, lo que nos hace rememorar la frase de la escritora Jill Churchill “No existe madre perfecta, pero hay un millón de maneras de ser una buena madre”, y ser empleada doméstica o niñera es una de ellas.

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kmartinezpetra@gmail.com

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Karina Martínez Rojas

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