Lo importante es el fondo no el color

Creo que hay que  dejar de juzgar los programas y proyectos de apoyo a las mujeres, como se nos juzga a nosotras mismas, por el maquillaje, la vestimenta, los colores,…debemos sobrepasar esa barrera y ser capaces de llegar al fondo.

Para que las mujeres se transformen en efectivas agentes en el desarrollo, deben aumentarse sus posibilidades de acceso a las ofertas de participación educativa, cultural y financiera. Se trata de abrirles las puertas a mejores condiciones de competitividad, promoción y cobertura de las necesidades específicas relacionadas con su género.

Debemos reconocer la verdadera contribución de las mujeres y su potencial como generadoras de recursos y especialistas en la crucial toma de decisiones. O acaso no conocemos infinidad de historias de vida de mujeres que han podido salir adelante como heroínas reales de la cotidianeidad.

¿Qué es lo que debe hacer este país? Dejar de criticar la forma y analizar más el fondo de los esfuerzos por posicionar a las féminas como protagonistas y artífices de su propio destino.

Todo empieza por reconocer la apremiante problemática que enfrentan las mujeres para generar recursos, por ello en muchos países latinoamericanos se realizan esfuerzos por generar acciones que fomenten su integración al proceso de desarrollo.

Según un informe del Banco Mundial. “El efecto del poder económico de las mujeres en América Latina y el Caribe”, en la última década que va del año 2000 al 2010, las mujeres han desempeñado un papel fundamental en la disminución de la pobreza, observando un aumento en las tasas de participación en el mercado laboral en un 15%, y una reducción del 30% en los índices de extrema pobreza.

Las mujeres son protagonistas además del desarrollo del mercado, eso se explica por el hecho de que las mujeres controlan cerca del 65% de las decisiones de compra totales en bienes y servicios a nivel global, y esto no es exclusivamente en las categorías tradicionalmente femeninas.

Pero basta repasar algunos datos para darnos cuenta de las brechas en bancarización, por ejemplo. Más de mil millones de mujeres – el 40 % de las mujeres de todo el mundo- no tienen acceso al sistema financiero.

En el estudio del Global Index 2014 la brecha de género queda evidente: el 58% de las mujeres es titular de una cuenta bancaria, frente a un 65% de hombres. Y en este panorama las más castigadas son las mujeres pobres, que al tener pocos ingresos siguen sin tener acceso a las herramientas financieras.

El Banco Mundial, por su parte, reconoce que las mujeres están en una situación de especial desventaja en cuanto al acceso a servicios financieros. En las economías en desarrollo tienen 20% menos de probabilidades que los hombres de poseer una cuenta bancaria y 17% menos de posibilidades de solicitar préstamos de manera formal. Asimismo, tienen menos acceso a mecanismos seguros de ahorro y más probabilidades  de usar métodos informales, y por lo tanto, probablemente de mayor riesgo y más caros.

¿Y qué sucede cuando una mujer solicita un préstamo? Según un informe de la Asociación de Bancos e Instituciones Financieras de Chile, las mujeres son mejores pagadoras que los hombres. Pese a una situación más compleja en sus hogares, se ha demostrado que las mujeres hacen un mayor esfuerzo para cancelar sus deudas.

Importante tomar en cuenta que el acceso de las mujeres al sistema financiero ha mostrado tener efectos positivos en sus hogares, pues se extiende a sus hijos. Ellas gastan el dinero en salud, alimentación y educación para los suyos.

Por eso creo que hay que  dejar de juzgar los programas y proyectos de apoyo a las mujeres, como se nos juzga a nosotras mismas, por el maquillaje, la vestimenta, los colores; debemos sobrepasar esa barrera y ser capaces de llegar al fondo. De evaluar los esfuerzos por darles a las mujeres el protagonismo social, político y económico que merecen y ampliar sus ámbitos tradicionales de acción.

Si un proyecto estimula y contribuye a la autonomía de las mujeres, promueve el desarrollo de sus capacidades y les permite ejercer sus derechos como ciudadanas, creo que no debe importarnos mucho como va vestida esa iniciativa, porque esa es solo su apariencia y no la esencia de la propuesta.

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Yolanda Fernández Ochoa

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