Misóginos célebres

Quien imaginaría que hombres del intelecto y grandeza del Albert Einstein alguna vez dijera “La mujer, está donde le corresponde. Millones de años de evolución no se han equivocado, pues la naturaleza tiene la capacidad de corregir sus propios defectos”.

Nadie niega la genialidad de este extraordinario científico, pero hay quienes afirman, como el investigador E. H. Walker, que las ideas fundamentales de la teoría de la relatividad fueron de Mileva Maric, su primera esposa. Ella era la única mujer que se especializaba en física en el Politécnico de Zurich, donde también estudiaba Einstein.

Mileva le dio al científico clases de matemáticas, preparaban juntos sus exámenes y compartían el interés por la ciencia y la música, e incluso existen varias cartas del noviazgo en las que Einstein debate con ella sus ideas de la relatividad e inclusive se refiere a “nuestra teoría” y le da trato de colega.

Con el pasar de los años, la relación comenzó a deteriorarse, y después de que Mileva truncó su carrera de científica por dedicarse a la crianza de los hijos y a su esposo, Einstein decidió continuar junto a ella, con condiciones muy específicas que le impuso, como asegurarse de mantener su ropa y la del hogar en buen estado, servirle tres comidas en su habitación, renunciar a cualquier tipo de relación personal, no sentarse junto a él en su casa y no tener relaciones íntimas.

Pero no solo Einstein ha sido un misógino célebre, contamos también con Pitágoras el gran matemático griego que formuló esta singular ecuación: “hay un principio bueno que ha creado el orden: la luz y el hombre. Y un principio malo que ha creado el caos: las tinieblas y la mujer”.

Friedrich Nietzsche llegó a la conclusión de que las mujeres “son el juguete más peligroso”, y dentro de sus obras incluyó citas que denigraban a las féminas, como “Si vas con mujeres, no olvides el látigo”.

Para el polímata Jean-Jacques Rosseau, las mujeres, en general, “no aman ningún arte, no son inteligentes en ninguno, y no tienen ningún genio”.

Moliere pensó que “por muchas razones no es bueno que la mujer estudie y sepa tanto”; Honoré de Balzac aseguró que “emancipar a la mujer es corromperlas” y Napoleón I consideraba que “las mujeres no son otra cosa que máquinas de producir hijos”.

Buda, el gran sabio cuyas enseñanzas crearon el Budismo, aseguró que “la mujer es mala. Cada vez que se le presente la ocasión, toda mujer pecará”. Y para santo Tomás “el padre debe ser más amado que la madre, pues él es el principio activo de la creación, mientras que la madre solo es el principio pasivo”.

Estimados lectores, ¿ahora entienden mejor cómo a través de la historia de la humanidad se ha construido un pensamiento distorsionado, una actitud aberrante y posiciones amañadas sobre la mujer?

Rescatemos y vivamos el pensamiento de otros grandes humanistas, quienes como Mahatma Gandhi , consideraron que “Llamar a la mujer el sexo débil es una calumnia, es la injusticia del hombre hacia la mujer. Si por fuerza se entiende la fuerza bruta, entonces, en verdad, la mujer es menos brutal que el hombre. Si por fuerza se entiende el poder moral, entonces la mujer es inmensamente superior”.

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Marilyn Batista Márquez

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