Mujer y acceso al crédito: ecuación perversa

Cuando oímos hablar de las limitantes de la mujer en el acceso al crédito, es común los comentarios y las críticas acerca de la inflexibilidad en los requisitos de parte de las instituciones financieras, sin comprender que detrás de cada una de estas, hay un ente supervisor que vela por la solidez y el funcionamiento eficiente del sistema financiero nacional, con estricto apego a las disposiciones legales y reglamentarias y de conformidad con las normas, directrices y resoluciones que dicte la propia institución, en salvaguarda del interés de la colectividad.

Pero sería subjetivo e imprudente responsabilizar al ente supervisor de las instituciones financieras y al propio sector, -que también establecen normas y procedimientos internos que podrían considerarse limitantes para el acceso al crédito de las féminas-, si no estamos conscientes que las barreras tienen un origen discriminatorio que actualmente prevalece.

En Costa Rica la cadena de limitantes se inician con la baja tasa de participación laboral femenina (un 39.9%), unido a un desempleo más alto en ellas de un 13,8%, en comparación al 6,9%, de los hombres en el último trimestre del 2016, según el INEC.

Estadísticas de la CEPAL confirman, que entre el 53% y el 78,1% de las mujeres que están ocupadas lo hacen en sectores de baja productividad, lo que implica peores remuneraciones. Si a esta situación le añadimos que en igual puesto laboral, en Costa Rica, la diferencia en salarios es hasta un 36% más bajo que el hombre, entonces se continúa reduciendo la capacidad de las mujeres de acceder al crédito.

Datos desalentadores

Pero aún existen otros datos desalentadores, como en bancarización, en donde las mujeres se encuentran por debajo de los niveles de sus pares. Un 52% de las mayores de 18 años no son usuarias de cuentas, mientras que en los hombres es un 44%. La importancia de tener una cuenta de ahorro o corriente es que inicia  la visibilización económica de la mujer ante el sector financiero y se convierte en el primer paso hacia la construcción del crédito.

De otra parte, la FAO sostiene que en 34 países en desarrollo, solo un 10 por ciento de las mujeres son propietarias de tierras y en más de 90 países todavía carecen de los mismos derechos que los hombres respecto a la propiedad de tierras. En Costa Rica, donde el régimen marital legal es la separación de bienes, cuando la pareja se separa, de quedar la mujer con los hijos viviendo en el inmueble,  generalmente se hace bajo la figura de patrimonio familiar, que si bien por un lado protege contra embargos, por el otro, limita su uso como aval en un préstamo. Además, como en la mayoría de los casos, tiene ingresos menores al de su pareja, es difícil que  pueda asumir el pago o desembolso de la mitad de la compra del bien ganancial.

Ecuación perversa

Si unimos todos los factores anteriormente señalados: baja tasa de participación laboral femenina + desempleo más alto + peores remuneraciones + menos bancarización + no son propietarias, el resultado es igual (=) a “0” acceso al crédito. Esta ecuación perversa no es responsabilidad de los entes reguladores ni del sector financiero. Aceptemos que es la conformación por siglos de una sociedad en donde ha  predominado y se ha perpetuado la supremacía de la autoridad económica del hombre.

¿Salida a la situación?

Pese a que existen evidencias que confirman que las mujeres son mejores clientas de servicios bancarios que los hombres, la realidad es que los Gobiernos no han podido derribar las barreras sociales y el sistema financiero, las barreras técnicas, para que  ellas puedan acceder al crédito.

Las iniciativas de microfinanzas para apoyar a personas, sean hombres o mujeres, de bajos ingresos y autoempleadas actualmente aunque existe, continúan siendo limitadas en virtud de las regulaciones del sector financiero, en especial cuando la condición socioeconómica del sujeto de crédito exige avales que garanticen 100% las operaciones.

Mientras la sociedad mantenga el paso lento en los cambios discriminatorios hacia la mujer, y el sector financiero sostenga las políticas del manejo de riesgo dentro de estructuras comerciales en competencia abierta, difícilmente la situación cambie. La salida a corto plazo se encuentra en una verdadera propuesta de Banca de Desarrollo, en donde se implemente mecanismos de financiamiento que faciliten la creación de empresas, brindando 100% avales, capital semilla y capital de riesgo a las mujeres, sin que tenga que pasar por el mismo proceso y la misma fiscalización de los actuales entes reguladores.

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Marilyn Batista Márquez

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