Percusionista femenina en terreno masculino

La artista, lamenta que el machismo sea tan fuerte en la música, y la mejor muestra está en la dirección orquestal, ya que hay muchas mujeres que lo han estudiado y no se les ha abierto ninguna oportunidad de dirigir la Sinfónica.

Aún en nuestros días, algunos espacios parecen reservados para quienes no usan tacones, éste es el caso de la Orquesta Sinfónica Nacional, donde las puertas se han mantenido cerradas a las mujeres, en los instrumentos de percusión, solamente dos entraron a ese selecto círculo.

Se trata de Silvia Vargas Unfried, quien es profesora de música en el Colegio Castella, institución que vio sus primeros pasos en la música como estudiante y Carmen Alfaro, profesora de la Universidad Nacional y con formación en Europa, ambas reconocidas percusionistas, dedicadas a la docencia.

Los percusionistas tocan claves, maracas, platillos, castañuelas, triángulo, bombo, marimba, xilófono, campanas tubulares, cajas chinas, glockens piel, redoblante, vibráfono, menos el arpa, el piano y la celesta, que son ejecutados por especialistas. Por ello una orquesta puede tener tan sólo tres percusionistas que pueden tocar gran cantidad de instrumentos.

Si bien, Silvia y Carmen no tienen un espacio fijo en la Orquesta, sí participan en conciertos 3 o 4 veces al año, lo cual es una muestra de confianza por su capacidad y experiencia. El resto de los músicos ensayan juntos cada semana, y ellas deben acoplarse en los ensayos previos al evento para los que son llamadas.

“En la Sinfónica hay muchas violinistas y flauta traversa, pero los metales, en lo que son cornos, trompetas y percusión ya no hay féminas. Nosotras estudiamos percusión y es un mercado muy pequeño para las mujeres, las que hemos sobrevivido ha sido por el carácter o la pasión por la profesión, pero sí ha sido complicado”, detalló Silvia Vargas.

percusion 2

Y hace 25 años, cuando Silvia inició era aún más difícil abrirse campo en la Sinfónica Nacional como percusionista, ya que tradicionalmente la parte de atrás del grupo donde se ubica la percusión ha sido terreno de varones.

“Era bailarina de ballet, y tocaba piano, mi hermano es percusionista de Editus y me decía que estudiara percusión porque me iba a ayudar con el ritmo y el sentido rítmico a la hora de bailar y me fui metiendo, el profesor del Castella me dijo que tenía la facilidad para seguir tocando y cuando me di cuenta entré a la Sinfónica en los 90, porque era el mejor lugar para estudiar percusión clásica y me gustó”, detalló.

Pese a tener los mismos conocimientos que los varones no se le abrían las mismas oportunidades, le encargaban revisar la música o alcanzar los bolillos o el triángulo, pero el destino hizo que a los 19 años subiera a un escenario con la Orquesta por primera vez.

“Por las cosas de la vida estaba estudiando y un muchacho que debía tocar con la Sinfónica no llegó y mi profesor entró a ver quién estaba, me vio y me dijo que subiera a tocar, fue terrible el susto, pero una gran oportunidad”, recuerda hoy a sus 42 años.

Lamenta que el machismo sea tan fuerte en la música, y la mejor muestra está en la dirección orquestal, ya que hay muchas mujeres que lo han estudiado y no se les ha abierto ninguna oportunidad de dirigir la Sinfónica, lo mismo ocurre con las trompetistas, porque es poco común observar mujeres con ese instrumento, y quienes lo han estudiado deben dedicarse a la docencia por falta de oportunidades para ejercer como músicas.

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rarguellopetra@gmail.com

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Rosita Argüello Mora

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