Brutal trato a mujeres debe impedir que Afganistán participe en Juegos Olímpicos

La instalación de la dictadura religiosa del fundamentalista movimiento islámico Talibán, se ha encargado de frenar los avances logrados en materia de derechos de la población femenina, específicamente en los deportes

Friba Rezayee se convirtió, en 2004, a la edad de 18 años, en la primera deportista de Afganistán participante en los juegos olímpicos, asestando un severo golpe a la desigualdad de género imperante en la tradicionalmente patriarcal sociedad de su país de origen.

Sin embargo, la instalación, once años después, de la presente dictadura religiosa del fundamentalista movimiento islámico Talibán, se ha encargado de frenar los avances logrados antes en materia de derechos de la población femenina, específicamente en el campo de los deportes.

Rezayee aseguró, en declaraciones reproducidas el 15 de abril por la agencia informativa británica Reuters, que su labor en materia de igualdad fue destruida por el régimen, quienes lo apoyan, y el Comité Olímpico Internacional (COI).

La ex competidora en la especialidad de yudo, planteó que, a causa, justamente, de la violenta misoginia que caracteriza a la dictadura de la organización terrorista, Afganistán no debe participar en los Juegos Olímpicos 2024, programados para desarrollarse, del 24 de julio al 11 de agosto, en 35 escenarios deportivos en Paris y alrededores

“Dadas las toneladas de pruebas sobre los talibanes, sobre su brutal trato a las mujeres y niños, (los gobernantes de facto) son muy peligrosos”, aseguró Rezayee, quien, desde 2011, reside en Canadá.

Por lo tanto, “si el COI les permite entrar en los Juegos Olímpicos en el corazón de Europa, en París, será muy peligroso para la gente”, agregó.

Reuters informó, además, que, en reacción al planteamiento de la joven afgana, el COI citó declaraciones formuladas, en marzo, por el director de Relaciones con los Comités Olímpicos Nacionales y Solidaridad Olímpica, el británico James Macleod.

De acuerdo con la versión periodística, MacLeod señaló, entonces, que el COI desarrollaba conversaciones con el Comité Olímpico Nacional afgano, “on el objetivo de invertir las actuales restricciones de acceso al deporte, para las mujeres y las jóvenes en Afganistán”.

Desde la toma del poder por parte de los talibanes, Afganistán ha participado en los dos juegos olímpicos que se han llevado a cabo -en Río de Janeiro (2016) y en Tokyo (2020)-, y tiene programado tener presencia, este año, en París.

MacLeod, un ex deportistas en la especialidad de remo, hizo, así, referencia a las flagrantes violaciones a los derechos de la población femenina que constituyen la política de la dictadura talibana, en materia de género.

Entre otras limitaciones, el régimen prohíbe que las mujeres desarrollen actividades deportivas, incluida la realización de ejercicio en gimnasios, además de que determina que ninguna mujer puede viajar cubriendo distancias prolongadas -incluidos viajes fuera del país-, sin el acompañamiento de un mahram -familiar masculino-.

Surgido en 1994, en el marco de la guerra civil afgana (1992-1996), el sectario movimiento estuvo, desde 1996 hasta 2001, en control de aproximadamente tres cuartas partes de los algo más de 652 mil kilómetros cuadrados que constituyen el territorio del país ubicado en el centrosur asiático.

La tiranía religiosa fue vencida, en diciembre de 2001, por una invasión militar internacional, liderada -y mayoritariamente constituida- por Estados Unidos.

No obstante esa derrota, el grupo se mantuvo, desde entonces, en inclaudicable -y brutal- resistencia armada contra la ocupación foránea.

Tras el retiro, a mediados de 2021, de las tropas estadounidenses -las fuerzas extranjeras que entonces mantenían la intervención militar-, la ofensiva talibana logró el objetivo de derrocar al gobierno del presidente (2014-2021) Mohammad Ashraf Ghani, cuando tomó, el 15 de agosto de 2021, el control de Kabul -por lo tanto, del país-.

Respecto a su participación sin precedente en los Juegos Olímpicos de 2004, llevados a cabo en Atenas, la capital griega, Rezayee dijo que, al hacerlo, sintió que estaba contribuyendo a avanzar los derechos de las afganas.

“En realidad, creía que sólo progresaríamos a partir de ahí”, expresó.

Con esa visión, proyectó regresar a su país de origen, para permanecer allí, y continuar su formación, en el marco de los avances que tenían lugar en materia de derechos de las mujeres, contexto en el cual sintió que incidía favorablemente.

En ese sentido, relató que, “cuando regresé de Atenas, me quedé en Afganistán, y quise quedarme en Afganistán”, y precisó, de inmediato, que “continué mi formación, porque vi los importantes cambios que estaba produciendo en la vida de todas y cada una de las niñas”.

Sin embargo, la situación tuvo un rápido y brutal cambio, con la violeta toma del poder por los talibanes.

En calidad de denuncia, Rezayee reflexionó que, ahora, “tengo la sensación de que todo lo que hice, para apoyar los derechos de la mujer, y la igualdad de género, en 2004, lo han deshecho el COI, los talibanes, y la gente que tolera a los talibanes”.

 

 


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