Entre los rasgos conductuales que caracterizan a los agresores se encuentran que “son embaucadores sociales”, que aíslan a la víctima de los amigos y de su familia, además de que celan obsesivamente

La violencia de género presenta, en la noroccidental región española de Galicia, una tendencia alcista, contexto en el cual la violación de una mujer, por parte de su esposo, puede ocurrir cotidianamente.

El combate a ese tipo de conducta machista se ve dificultado por el hecho de que el maltrato ocurre en el cerrado ámbito de la pareja, precisó la experta española Ana Saavedra, al abordar el tema, en diálogo con el periódico regional La Voz de Galicia.

Tal comportamiento obedece a la cosificación que los agresores imponen a sus víctimas, aseguró Saavedra, quien preside la organización no gubernamental gallega Mirabal, entidad que ayuda a las mujeres quienes son sometidas a ese tipo de crueldad, y ofrece protección a menores.

“En Galicia, hay mujeres a las que sus maridos las violan todos los días”, denunció la especialista, en las declaraciones que el medio de comunicación reprodujo el 2 de octubre.

“Pero también, es muy complicado demostrarlo, porque ocurre dentro del ámbito doméstico, y ellos se amparan en que sí hubo consentimiento”, puntualizó.

“Además, lo hacen porque piensan que ella es su posesión -es mi coche, mi casa y mi mujer-, y por dominación, también”, explicó.

“Normalmente, es un maltrato prolongado en el tiempo”, señaló, además de recomendar que “hay que denunciar” tales conductas.

A manera de ejemplo, relató que “conozco un caso en que ella llevaba muchos años casada con él”, quien “no le dejaba tener móvil, y la obligaba a lavarse en la pila de la cocina”, sumado a lo cual “la violaba todos los días…Eso es muy común”, aseguró.

Al citar datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el periódico informó, el 10 de mayo, que, en Galicia, el número de víctimas de violencia de género subió de 1187, en 2020, a 1217, en 2021 -lo que significó un aumento de 2.5 por ciento-.

En términos nacionales, según la misma fuente, la cifra pasó, en el mismo período, de 29,215 a 30,141 -para un alza de 3.1 por ciento-.

Respecto a los rasgos conductuales que caracterizan a los agresores, Saavedra indicó que “son embaucadores sociales” quienes “aíslan, a la víctima, de los amigos y de su familia”, además de que “son celópatas (celan obsesivamente), y hablan de posesión”.

Según la conceptualización que los victimarios construyen respecto a sus respectivas presas, “ellas no hacen nada ni valen para nada”, y, “al ser suyas, las tratan como si fueran una pertenencia, las utilizan como ellos quieren”, aseguró.

“Hay chicas que me dicen que, cuando les dicen que no valen para nada, se giran y lloran de impotencia”, reveló.

Al humillarlas verbalmente, los maltratadores utilizan expresiones como “qué harías sin mí?”, o “si te atreves a dejarme, no te va a querer nadie”, o “quién te va a querer a ti?”, aseveraciones que constituyen una forma adicional de vejación, explicó.

Saavedra indicó, asimismo, que “hay mujeres que dependen económicamente de su pareja, o que él la ha agobiado tanto, que le hizo perder el trabajo”.

Los agresores machistas, además, “son embaucadores emocionales, sociales, familiares, y laborales”, comportamiento en el cual “existe un círculo del maltrato”, dijo.

“Al principio, empieza de una manera sutil, con frases de este estilo: ‘mira, cariño: esa falda te queda muy corta’, y ya empieza: ‘no te pongas esto, no te pongas lo otro, mucha risa con aquel, bloquea a estos amigos’”, planteó.

Además, “comienza a hablarle mal de su familia, y de sus amistades -para aislarla, y, si le contesta que ella no lo ve así, ya le dice: ‘tú estás loca’, y como ya vaya a un psicólogo, pues dice que ella está mal”, agregó.

“Luego, el siguiente círculo ya es: ‘se me fue la mano, fue solo un golpe, un cachete (bofetada) en la cara, es por el estrés, no tengo trabajo’, y pide perdón”, siguió explicando.

“Y, de ahí, se pasa al círculo de agresiones físicas -más importante-, pero sigue pidiendo perdón, y hace sentir, a la víctima, que la que está mal es ella, que está loca”, indicó.

La experta hizo, igualmente, referencia a la conducta controladora de los machistas violentos, algo que incluye, por ejemplo, que “las acompañan cuando tienen que ir al ambulatorio (cita médica), y entran en la consulta con ellas”.

Esto obedece a que “ellos, también tienen miedo de lo que (las víctimas) puedan contar”, motivo por el cual “no las dejan solas en ningún momento, creen que son sus rehenes, que son suyas”.

“En la mayoría de los casos, aunque estamos generalizando mucho”, el comportamiento del maltratador “no es selectivo: después de una, viene la otra”, puntualizó.

Al respecto, la especialista dijo que ello se comprueba en casos de la más brutal manifestación de la violencia de género -el femicidio-.

“Normalmente, en aquellos casos con víctimas mortales, ellos suelen tener antecedentes por violencia machista: quieren seguir maltratando”, comenzó a explicar.

“Hay un estudio que dice que el agresor que mata a su víctima no reporta el asesinato en el momento (…) se queda allí mirando cómo está muerta, y le invade un vacío emocional, en el sentido que dicen “¿y ahora, qué hago, a quién sigo maltratando?”, siguió planteando.

Además, reveló que “por eso se quieren suicidar, por ese vacío, no es que teman ir a prisión”.

Foto: Nataliya Vaitkevich