Al recibir un premio internacional por su liderazgo en la defensa de los derechos del pueblo garífuna hondureño, Miriam Miranda subrayó la participación decidida de las mujeres en la protección de esos derechos, en particular en materia ambiental.

La coordinadora de la Organización Fraternal Negra Hondureña (Ofraneh), Miriam Miranda, defensora de los derechos del pueblo garífuna, destacó, tras haber recibido el Premio 2019 de Derechos Humanos, de la alemana Fundación Friederich Ebert, que el papel de las mujeres de esa comunidad, en la labor que lidera, es clave, en particular en lo que tiene que ver con la protección ambiental.

“La lucha del pueblo garífuna tiene el rostro de mujer”, declaró el 27 de noviembre, en Berlín, donde recibió la distinción, a la emisora de radio y televisión alemana Deutsche Welle (DW).

“Somos las que estamos ligadas a la tierra, las que defendemos los derechos sobre los recursos naturales, que son bienes comunes de nuestras comunidades”, explicó la líder garífuna.

Pero esa decidida participación hace que las mujeres, particularmente las ubicadas en la vanguardia de la lucha social, estén en alta vulnerabilidad, advirtió.

“Las mujeres son las más vulnerables por ser ellas las defensoras”, dijo, en términos generales, para precisar que, “en el caso del pueblo garífuna, por el papel preponderante que juega la mujer, somos las que estamos en más riesgo”.

Miranda, quien se desempeña desde 2008 como coordinadora de Ofraneh, es una de las garífunas quienes han sido víctimas de la represión gubernamental contra manifestaciones de descontento popular en general, y de las comunidades indígenas en particular.

Durante una marcha llevada a cabo en marzo de 2011, en la norteña ciudad costera hondureña de Tela, a unos 330 kilómetros al noroeste de Tegucigalpa, la capital nacional, Miranda fue seriamente herida cuando recibió, en el abdomen, el impacto de una bomba de gas lacrimógeno.

Sin perjuicio de las severas quemaduras –además de golpes- que presentaba, y que ameritaron su hospitalización, la líder de Ofraneh fue detenida y acusada de haber cometido el delito de sedición.

El incidente ocurrió en la comunidad garífuna de Triunfo de la Cruz, próxima a Tela.

La manifestación se llevó a cabo en apoyo al rechazo de los violentos desalojos, de comunidades garífunas, con la intención de implementar, en esas tierras, megaproyectos turísticos.

En ese momento, Ofraneh tramitaba, en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, con sede en Washington, una denuncia, contra el Estado Hondureño, por violación al derecho de propiedad comunitaria.

Ofraneh denunció entonces, en un comunicado, que las tierras desalojadas son propiedad ancestral de esas comunidades, en las que se asentaron más de 200 años antes.

Registros de organizaciones de derechos humanos, indican que, no obstante los existentes niveles de discriminación de género, las garífuna desempeñan un papel social y económico clave.

En ese sentido, datos de la guatemalteca Organización de Mujeres Tierra Viva (OMTV) indican que algo más de 95 por ciento de las garífunas desarrolla tareas económicas, principalmente en el sector agrícola, lo mismo que en la elaboración de alimentos tradicionales –los que las mujeres comercializan, para generar ingresos propios-, además de labores educativas, principalmente a nivel familiar.

Según diferentes cálculos, algo más de la mitad de población femenina está constituida por madres solteras, mientras las mujeres casadas son aproximadamente 30 por ciento.

El origen del pueblo garífuna derivó, de acuerdo con diversos registros históricos, del naufragio, en 1635, de dos barcos esclavistas, en el Mar Caribe.

Las naves, que habían zarpado del Golfo de Guinea, en el sector central de la costa oeste africana, con destino a América, naufragaron en aguas caribeñas, y los sobrevivientes lograron llegar a la isla San Vicente, donde el pueblo indígena caribe los acogió.

La unión resultó en el surgimiento del grupo étnico garinagu, actualmente conocido como garífuna, cuyos integrantes fueron forzadamente trasladados, por la dominante potencial colonial británica, a la caribeña costa norte hondureña, desde donde se expandieron a otros sectores centroamericanos.

Esta comunidad, con una población total estimada en algo más de 600 personas, está asentada mayoritariamente en sectores costeros de Honduras y la limítrofe Nicaragua, y, en menor medida, en áreas de Belice y la fronteriza Guatemala.