El aporte de catorce mujeres destacadas en la historia de Costa Rica -en áreas tan diversas como las artes, la ciencia, la literatura, la política- fue reconocido por el Congreso nacional, que las designo Beneméritas de la Patria.

Se eleva, así, a veinte, el número de galardonadas -entre 143- a quienes la Asamblea Legislativa (parlamento unicameral) ha homenajeado, con esta designación.

Las catorce nominaciones fueron aprobadas por unanimidad, durante el debate del 21 julio, dedicado, en su totalidad, a la tramitación, en sesión plenaria, de esas propuestas.

Entre las nuevas beneméritas, figuran líderes feministas de final del siglo 19 y de todo el siglo 20, quienes se destacaron, en sus respectivas actividades, a poner de manifiesto la situación de las costarricenses, en diferentes momentos de la historia nacional.

Algunas de ellas, trabajaron, intensamente, intensamente, en la promoción del voto femenino en el país centroamericano.

Tres de las sufragistas se constituyeron, en 1953, en las primeras mujeres quienes ocuparon bancas en la Asamblea Legislativa.

A otras activistas les fue reconocido su trabajo en la defensa de los derechos de la población femenina en tiempos complejos para esa labor, cuando no se manejaba, formalmente como tal, por ejemplo, el derecho de mujeres y niñas a vivir sin violencia.

Los legisladores también homenajearon el desempeño de otras costarricenses, en campos tales como la medicina y la protección ambiental.

Entre las nuevas llegadas al Salón de Beneméritos de la Patria -ubicado en las instalaciones de la Asamblea Legislativa-, figura la ex primera dama quien, en el siglo 19, confeccionó el modelo de la bandera de Costa Rica, además de haber diseñado el escudo nacional.

Las vanguardistas en materia de derechos políticos de las costarricenses quienes fueron galardonadas son María Teresa Obregón, Ana Rosa Chacón, y Estela Quesada, las tres primeras diputadas en la historia del país -durante el período 1953-1958-.

Obregón, una docente y líder política, se convirtió, asimismo, en la sesión inaugural de esa legislatura, en la primera congresista quien usó de la palabra en el plenario, además de que pasó a ser la primera prosecretaria del Directorio de la Asamblea Legislativa.

También rompió barreras de género a nivel de estructura política, al constituirse en la primera presidenta del socialdemócrata y varias veces gobernante Partido Liberación Nacional (PLN), y, simultáneamente, del Comité Femenino de la misma agrupación.

Por su parte, Chacón integró el liderazgo del movimiento promotor del voto de las mujeres en el país, además de que fue cofundadora de la Liga Feminista Costarricense.

En cuanto a Quesada, se trata de una abogada, activista, y dirigente política quien, al igual que Obregón, fue figura clave en la apertura de espacio político para el sector poblacional femenino.

Lo hizo, al ocupar, por vez primera, cargos gubernamentales y diplomáticos, como resultados de sus esfuerzos vanguardistas de combate a la desigualdad de género -cuando el fenómeno patriarcal no se conocía con esa designación-.

Además de su llegada a la Asamblea Legislativa, Obregón fue, en 1958, la primera costarricense quien ocupó un cargo en el gabinete ministerial.

La activista fue entonces designada ministra de Educación, al final de la administración (1954-1958) presidida por el derechista Mario Echandi, y, dos décadas después, se convirtió en la primera ministra de Trabajo, en este caso al inicio del gobierno (1978-1982) encabezado por el centroizquierdista Rodrigo Carazo.

Asimismo, fue embajadora de Costa Rica en Naciones Unidas.

Otra de las nuevas beneméritas es Anna Gabriela Ross, quien además de su desempeño como médica, desarrolló trayectoria en el campo de la política, específicamente, en el PLN.

Como parte de su gestión política, en la estructura estatal ocupó el cargo de directora del Ministerio de Salud, durante la primera de dos administraciones (1986-1990, 2006-2010) presididas por el liberacionista Oscar Arias.

También defensora de los derechos de las mujeres, y de los niños -además de haberse desempeñado como docente y escritora-, Luisa González fue distinguida, igualmente, por su labor como activista política y sindical.

González impulsó, simultáneamente, la creación, en 1948 de la Unión de Mujeres Carmen Lyra, organización feminista que tomó su nombre del seudónimo de la escritora María Isabel Carvajal (1887-1949) -una de las seis costarricenses a quienes se había otorgado, con anterioridad, el benemeritazgo-.

Entre sus acciones, la organización feminista participó, junto a otros sectores populares, en la guerra civil que durante 44 días, en 1948, tuvo lugar en Costa Rica, y constituyó el último conflicto armado con escenario en este país.

De esa agrupación surgió, en 1953, la Alianza de Mujeres Costarricenses, entre cuyas promotoras y líderes figuró, también, González.

Una activa de trayectoria política feminista que también fue reconocida es la de Virginia Grütter, una actriz, directora teatral, y escritora quien se vinculó, mediante su actividad intelectual, a los principales procesos políticos de la segunda mitad del siglo 20: las revoluciones cubana (1953-1959) y nicaragüense (1961-1979), y el gobierno de la Unidad Popular (1970-1973), en Chile -brutalmente derrocado mediante el cruento golpe de estado del 11 de setiembre 1973-.

También en el área política, uno de los 14 benemeritzagos fue otorgado a Pacífica Fernández, esposa de José María Castro Madriz, el primer presidente de Costa Rica (1848-1849), quien se desempeñó, nuevamente, en el cargo, durante el período 1866-1868.

Fernández fue homenajeada por haber confeccionado la primera bandera costarricense que fue izada -el 12 de noviembre de 1848- en el país.

Otra primera dama, Emilia Solórzano -esposa del general Tomás Guardia, presidente en los períodos 1870-1876 y 1877-1882-, antecedió, a Fernández, como benemérita.

Solórzano fue distinguida en 1972 -y se convirtió, así, en la primera costarricense así reconocida-, en atención a la influencia que ejerció, sobre su esposo, para lograr la abolición, 1871, de la pena capital.

Ello fue posible mediante la modificación del artículo 45 constitucional, el que pasó a indicar que “la vida humana es inviolable en Costa Rica”.

A nivel específicamente feminista, la Asamblea Legislativa también honró a la escritora Yolanda Oreamuno, por su labor pionera en cuanto a exponer, a partir de su primer libro
–“La lagartija de la panza blanca”-, publicado en 1936, la situación de las costarricenses.

En el ámbito político, Oreamuno se destacó por su participación en actividades de oposición a la criminal y corrupta dictadura española (1939-1975), encabezada por el ultraderechista general Francisco Franco (1892-1975).

Exponentes del área cultural, también fueron declaradas beneméritas la bailarina y coreógrafa Mireya Barboza, como pionera de la danza moderna en Costa Rica; Manuela Tattenbach, en calidad de creadora del Instituto Centroamericano de Extensión de La Cultura (ICECU); Carmen Naranjo, activista de los derechos de las mujeres, además de escritora, educadora, política, y diplomática.

Igualmente, Emilia Prieto, una docente quien participó en la fundación del Comité Nacional de Partidarios de la Paz, además de haber sido delegada de la Unión de Mujeres Costarricenses Carmen Lyra; Olga Espinach, cuya actividad en los campos del periodismo, las artes escénicas, y las artes visuales, se complementó con la acción social que, simultáneamente, desempeñó.

En la esfera científica, se otorgó igual distinción a Adelaida Chaverri por su labor de investigación biológica enfocada en la protección de la riqueza ecológica costarricense -ser estima en que en sus algo más de 51 mil kilómetros cuadrados, el país aloja un seis por ciento de la diversidad biológica mundial-.

Al sintetizar la motivación para aprobar los 14 benemeritzagos, la legisladora María Inés Solís, parlamentaria por el ex gobernante Partido Unidad Social Cristiana (Pusc), expresó que, mediante esta acción, “damos honor, y el lugar que se merecen en el salón de Beneméritos de la Patria de este Congreso, a todas estas mujeres fuertes, valientes, decididas”.

Son “recordadas, siempre, por luchar para obtener la ciudadanía femenina, en contra de los estereotipos de su época y el machismo existente hasta el día de hoy”, subrayó.

En ese sentido, Solís aseguró que, “cada una de ellas, logró ocupar cargos que eran imposibles para las mujeres de su época”.