El perfil de la represora Gasht-e Ershad (Policía Guía, o Policía Orientadora) -fuerza de seguridad de cumplimiento de la fe, popularmente conocida como “policía de la moral”-, vuelve a ser elevado en Irán
Tras un período de varios meses sin mayor acción, la demencial fuerza de seguridad de la misógina dictadura musulmana que gobierna hace casi medio siglo al país asiático, vuelve a vigilar, en las calles, a nivel nacional, que las iraníes cumplan, entre otros estrictos requisitos en materia de vestimenta, el uso del hijab -velo que cubre la cabeza y los hombros de quienes lo usan-.
Llevarlo puesto es obligatorio, para las mujeres -y las niñas, a partir de la edad de siete años-, según la respectiva ley impuesta, en 1983, por la teocracia instalada hace 44 años, y su propósito específico es el de cubrir el cabello -que, según la costumbre musulmana, las mujeres mantienen largo-.
La teocracia determinó que esa prenda debe usarse ajustada a la cabeza, de modo que, no hacerlo, implica brutal sanción -empezando por la detención, por parte de la “policía de la moral”.
Entre otras disposiciones, el código penal vigente en Irán determina que las mujeres cometen un delito si, en público, se muestran sin el hijab -o lo llevan incorrectamente puesto-.
En esa supuesta falta incurrió la iraní Mahsa (Jina) Amini, de 23 años, asesinada, el 16 de setiembre, luego de su detención, en Teherán, por efectivos de la Gasht-e Ershad.
El homicidio desencadenó masivas protestas -inicialmente, con participación sólo femenina, y, más adelante, con apoyo masculino-.
No obstante su naturaleza pacífica, las masivas manifestaciones, a nivel nacional
-particularmente, en Teherán, la capital nacional-, fueron brutalmente reprimidas -con saldo de aproximadamente 500 víctimas fatales, alrededor de 20 mil personas detenidas, y varios hombres ahorcados por apoyarlas-.
La magnitud del movimiento -que incluyó, en las protestas, la quema de hijabs, por parte de numerosas mujeres, algunas de las cuales, públicamente, cortaron su cabello-, determino que la “policía de la moral” bajase el perfil de su accionar.
La decisión de las autoridades llegó a generar, al inicio de diciembre -casi dos meses después del asesinato de Amini y la inmediata viralización de las manifestaciones-, la falsa versión de que esa fuerza represora -creada en 2006- sería desmantelada.
Ello fue comprobado cuando el portavoz policial, general Saeed Montazerolmahdi, anunció, el 16 de julio, la reactivación plena de la Gasht-e Ershad.
Sus agentes estarán vigilantes, para actuar cuando detecten a mujeres quienes no cumplan con la normativa en materia de vestuario -fundamentalmente, el uso del velo-.
La fuerza religiosa de seguridad “volverá a notificar, a estas mujeres, su violación del código (sobre uso del hijab), para, luego, detenerlas”, si persisten en el delito, aseguró el militar.
La “policía de la moral” incluye a personal femenino, entre sus tropas, de acuerdo con versiones periodísticas.
Al informar sobre este tema, la British Broadcasting Corporation (BBC) reveló, el 24 de abril de 2016, que esa fuerza incluye a unos siete mil agentes encubiertos, encargados de vigilar a la población femenina.
“También forman parte de ella muchas mujeres”, precisó el medio de comunicación británico.
La BBC también informó, entonces, sobre una aplicación electrónica que ubica los retenes de los “policías morales”.
“El temor a encontrar a agentes de esta policía ha llevado a la creación de una aplicación para el sistema operativo Android que ayuda a que la gente evite los puntos de control móviles de las Gasht-e Ershad”, precisó.
Según la misma fuente, la población masculina no está exenta de represión, ya que “también corren riesgos los hombres que llevan peinados ‘occidentales’”.
Foto: Sima Ghaffarzadeh