La transformación de patrones culturales de género requerirá programas de capacitación, que permitan transversalizar el enfoque de género en todo el aparataje público, de forma que la prestación de servicios y administración de la justicia no reproduzcan violencias y sesgos de género.
Inicio esta reflexión sobre la Costa Rica del próximo cuatrienio inspirada por el icónico lema del movimiento zapatista, que nos llama a construir un mundo donde quepan muchos mundos. Este poderoso llamado a coexistir, a convivir, nos invita a reconocer, respetar y valorar la humanidad de las otras personas con quienes compartimos este planeta, así su visión del mundo no coincida con la nuestra. Desde los zapatos de quien aspira a gobernar Costa Rica, deseo que este espíritu nos inspire a gobernar buscando el bienestar de las diferentes poblaciones que habitan este hermoso territorio y para ello coloco algunas direcciones en las que considero urgente que nuestro país avance.
i. Seguridad en nuestras calles y en nuestras casas con una cultura de paz.
Escribo estas líneas en un momento donde nuestro país vive la mayor crisis de inseguridad de nuestra historia. La violencia y el incremento del crimen organizado nos impacta de múltiples maneras: miles de personas asesinadas por el crimen organizado, una oleada de inseguridad que golpea con más fuerza los territorios costeros, arrasando cualquier posibilidad de empleo, y decenas de mujeres asesinadas en sus propias casas, con una tasa de femicidios que se ha duplicado.
Dado los niveles de inseguridad que existen, serán necesarias medidas de control para contener la crisis. Estas incluyen reactivar el Consejo de Seguridad Nacional, profesionalizar los cuerpos de policía, dotarlos de mejor equipamiento y fortalecer su vínculo con la seguridad comunitaria. Además, se debe cerrarle puertas a la legitimación de capitales e impulsar una Ley Marco para la Prevención y Sanción de la Corrupción de Crimen Organizado en el Estado.
Sin embargo, es fundamental que comprendamos que alcanzar la paz de forma duradera requiere de medidas preventivas. Las intervenciones punitivas clásicas: más cárcel, penas más severas y toques de queda o suspensiones de garantías, son medidas de corto alcance. Debemos ir a la raíz del problema: la exclusión, la desidia estatal y los patrones aprendidos. La paz se cultiva con oportunidades educativas y laborales, fortaleciendo la identidad y pertenencia comunitaria (con arte, cultura, deporte) y aprendiendo nuevas formas de relacionarnos con el mundo, que deconstruyan prácticas sexistas o discriminadoras.
Los muchachos que engrosan las filas del sicariato para luego engrosar las listas de presos o, peor aún, de muertes violentas, deberían estar estudiando o trabajando. Históricamente, la educación ha sido uno de los mayores motores de movilidad social de Costa Rica, pero los embates financieros que ha sufrido y la ausencia de dirección han menoscabado sustancialmente su papel.
Para que nuestro sistema educativo público pueda retomar su rol estratégico, necesitamos revertir la odiosa tendencia que lleva al país a invertir cada vez menos en educación. Por el contrario, debemos aumentar de forma gradual y sostenida el presupuesto de la educación pública, lo cual nos permitirá garantizar más becas estudiantiles, atender la crisis de infraestructura y mejorar las condiciones laborales del cuerpo docente.
Es prioritario combatir la deserción escolar, no solamente con recursos económicos, sino con programas de apoyo psicoeducativo y reformas curriculares que amplíen y diversifiquen la oferta, incorporando más alternativas de educación técnica, así como habilidades blandas y educación emocional. La educación también puede tener un papel fundamental en transformar los patrones de género patriarcales que están detrás de la violencia hacia las mujeres.
La transformación de patrones culturales de género requerirá programas de capacitación, que permitan transversalizar el enfoque de género en todo el aparataje público, de forma que la prestación de servicios y administración de la justicia no reproduzcan violencias y sesgos de género.
ii. Energía y transporte limpios para un país sostenible
Frente al escenario apocalíptico de la crisis climática global, Costa Rica tiene tanto la oportunidad como la urgencia de hacer cambios drásticos en una intersección donde el país tiene amplio margen de mejora: transporte, energía y protección ambiental. Nos hemos vanagloriado de ser un país que opera a partir de energías limpias (mayoritariamente hidroeléctricas), pero esa afirmación solamente se sostiene si una deja por fuera la factura petrolera del sector transporte.
En Costa Rica, la crisis de movilidad contribuye a la crisis climática; frente a las insuficiencias del transporte público, ha primado el individualismo y cada vez hay más carros y motocicletas en las calles, con su consecuencia lógica: las presas y congestión vial se han vuelto inmanejables, aumentando la contaminación y la huella climática.
En este caso, al igual que en materia de seguridad, debemos evitar las soluciones que, a pesar de ser populares con algunos sectores, son ineficaces. En materia de transporte, la solución no vendrá de añadir más carriles a nuestras carreteras, sino de invertir la pirámide de movilidad y privilegiar a personas peatonas y transporte público sobre carros y soluciones individuales.
Algunas intervenciones para hacer este sueño posible incluyen construir carriles exclusivos para los buses, contar (¡por fin!) con un tren eléctrico y trenes de carga (que ayuden a subsidiar el transporte de pasajeros). También se debe implementar la sectorización de rutas y desarrollar ciclovías. Además, se debe contar con incentivos para transporte que utilice energías limpias e hidrógeno. Estas propuestas es importante verlas como complementarias, porque transformar la manera en la que nos movemos en las ciudades requiere de múltiples acciones concatenadas.
Contar con sistemas de transporte masivo, multimodal (tren, bus, bicicleta) y verde sería un paso decisivo para resolver el tema del tránsito y mover la aguja en materia de sostenibilidad. Sin embargo, nos coloca frente a un nuevo reto: producir suficiente energía limpia para abastecer estas nuevas formas de transporte.
Una de mis prioridades sería conformar el Consejo Sectorial de Energía, para coordinar políticas y proyectos estratégicos de descarbonización, electrificación y eficiencia energética, incluyendo la reactivación del Plan Nacional de Energía. Costa Rica tiene mucho margen de crecimiento en materia de energías limpias y para ello me gustaría impulsar una reforma legal para transformar RECOPE en una empresa estatal de energías químicas limpias, así como impulsar la investigación e implementación de pilotos en materia de tecnologías limpias, en convenio con las universidades y centros de investigación.
iii. Un país saludable, que valora y prioriza el cuidado
Las labores de cuidado son todas aquellas tareas necesarias para la reproducción de la vida misma; es lo que permite que tengamos comida fresca y ropa limpia. Cuando pensamos en el cuidado, solemos enfocarnos en la atención de grupos poblacionales específicos (niñez, personas adultas mayores, personas con discapacidad), pero la realidad es que todas las personas requerimos cuidado. Independientemente de nuestros niveles de autonomía relativa, los seres humanos somos gregarios y necesitamos de la compañía y la ayuda de otros.
Como las labores de cuidado están recargadas sobre las mujeres, tienden a estar invisibilizadas e infravaloradas: ¡son grandes cantidades de trabajo no remunerado que hacen posible que el trabajo remunerado exista! Esta perspectiva puede y debe cambiar, y desde el Frente Amplio proponemos que el Estado empiece ese cambio de perspectiva reconociendo y remunerando a las cuidadoras con una renta básica feminizada para todas las mujeres en condición de pobreza/exclusión, así como una pensión universal para mujeres entre 60 y 64 años que se hayan dedicado al cuido y, por ende, no hayan podido cotizar para una pensión digna.
Una segunda área de intervención estratégica para avanzar en materia de cuidados es la de ampliar y fortalecer el nivel de atención primaria (EBAIS), trabajando a partir de enfoques preventivos, de salud comunitaria, que incluyan la salud mental. Financiar y fortalecer la Caja Costarricense del Seguro Social es una medida estratégica para garantizar condiciones que nos permitan como país proteger la salud y la vida de una población que cada día envejece y le da vuelta a la pirámide poblacional.
Hacia una Costa Rica que cuide, escuche y construya futuro
Sueño con una Costa Rica que abrace su diversidad como su mayor riqueza. Un país que se mire con honestidad, reconociendo sus heridas históricas y las desigualdades que aún duelen, pero que también se atreva a imaginar nuevos horizontes. Una Costa Rica donde la sostenibilidad, la educación, la seguridad y el bienestar de las personas sean prioridades compartidas y no privilegios aislados. Un país que recupere la confianza en el diálogo y en la política como herramienta para transformar, no para dividir.
Creo en un país que sepa cuidarse a sí mismo: que valore el trabajo, el tiempo y la vida de su gente; que defienda el bien común frente al individualismo y que renueve su pacto de convivencia sobre los cimientos del respeto, la equidad y la solidaridad. Una Costa Rica que, en medio de los desafíos globales, vuelva a ser faro de esperanza, laboratorio de democracia y territorio fértil para la paz. Un país que, como dice el movimiento zapatista, sea un lugar donde quepan muchos mundos —porque solo en la pluralidad y el cuidado mutuo podremos construir la Costa Rica que merecemos.
Fuente: Salas G., Margarita. (2026). Un país y un mundo, donde quepan muchos mundos. En “Costa Rica en voz de mujer: Pensamiento político de las mujeres candidatas a la Presidencia y Vicepresidencia de la República 2026” (pp. 103–110). D3 Ediciones Scientia.








