La violencia de género online viene creciendo y diversificándose, con particular foco en mujeres quienes tienen presencia pública, denunciaron dos organizaciones especializadas en libertad de expresión y en derechos de la población femenina
Troles y otros parasitarios especímenes que habitan el universo web, atacan a activistas, defensoras de derechos humanos, líderes políticas, periodistas, entre otras, impactando, así, tóxicamente, la libertad de expresión, plantearon la no gubernamental Alianza Regional por la Libre Expresión e Información, y la Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres (ONU Mujeres).
De acuerdo con algunos números dados a conocer por la alianza y ONU Mujeres, la casi totalidad de las participantes en redes sociales limitó su actividad en ese ámbito, mientras que virtualmente la mitad se ha autocensurado, como consecuencia de la hostilidad machista en línea.
Fundada en 2008, la alianza es una red -integrada por 18 oenegés de 16 países americanos- promotora y defensora de las garantías fundamentales, en general, y del derecho a la libertad de expresión y al acceso a la información pública, en particular.
Por su parte, creada en 2010, por la Asamblea General de Naciones Unidas, ONU Mujeres desarrolla programas, políticas, y normas para la defensa de los derechos de la población femenina mundial.
El fenómeno de la agresión de género en la red -que viene, hace algunos años, fortaleciéndose-, amerita acción preventiva, además de las medidas que habitualmente son tomadas luego de las agresiones, señalaron ambas organizaciones, en el análisis que, titulado “Violencia de género en línea hacia mujeres con voz pública. Impacto en la libertad de expresión. 2022”, dieron a conocer el 15 de diciembre.
El estudio se apoya en “15 casos, con entrevistas en profundidad y semiestructuradas a mujeres con voz pública”, según se indica en el texto de seis secciones contenidas en 62 páginas.
Las entrevistadas son, respectivamente, de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Cuba, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Paraguay, Uruguay, y Venezuela, de acuerdo con el detalle proporcionado en el documento.
“Todas ellas han recibido fuertes ataques en línea, por su condición de mujer, a raíz de su actividad periodística y sus activismos”, indicaron las organizaciones autoras.
“En los últimos cinco años la violencia de género en línea creció exponencialmente y los modos en que se manifiesta se multiplicaron”, situación en cuyo marco las víctimas -sin excepción- “han recibido fuertes ataques en línea, por su condición de mujer, a raíz de su actividad periodística y sus activismos”, denunciaron.
Al definir esos casos como “amenazas virtuales, efectos reales”, indicaron que “todas las mujeres entrevistadas para este informe manifiestan que la violencia en línea tuvo impactos en su participación en la conversación pública”.
Por ejemplo, “el 80% limitó su participación en las redes: omite opinar o manifestarse sobre determinados temas”, además de que “el 40% manifestó haberse autocensurado evitando escribir o hablar sobre un tema de su pertinencia en el medio o ámbito en el que se desempeña”, mientras “un 80% temió o teme por su integridad física y hasta por su vida”.
Ambas organizaciones también revelaron que “la violencia en línea por razones de género tiene efectos limitantes en la libertad de expresión de todas las afectadas”.
Al respecto, indicaron, asimismo, que “el mayor efecto que genera es la autocensura”, y, “un segundo efecto, no menor, es el disciplinamiento que suele buscar el espectáculo del linchamiento público, aunque se lo llame virtual”.
“En todos los casos, las mujeres entrevistadas refieren que la amenaza y la agresión está naturalizada y vista como ‘las reglas del juego’ en el mundo del periodismo y la política”, lo que evidencia la tendencia machista general de naturalizar la violencia de género -de la naturaleza que sea-, según el análisis.
“Alzar la voz es el equivalente a la clásica metáfora machista para culpabilizar a las víctimas de violencia sexual: la pollera (falda) era demasiado corta”, plantearon, a manera de ejemplo.
Entre las conclusiones a las que llegaron la asociación y ONU Mujeres, figura la de que “en los últimos años las voces de feministas, mujeres y diversidades defensoras de derechos humanos y periodistas de América Latina y el Caribe fueron ganando espacio en el territorio digital y en redes sociales”.
“Su participación, además de abrir conversaciones sobre distintos temas de la agenda
de género y de los derechos humanos, acompañó procesos de movimientos sociales,
partidos y organizaciones políticas que lograron avances legislativos concretos y/o
frenaron intentos de retrocesos”, agregaron.
“Al mismo tiempo, esa ocupación del espacio digital se vio reflejada en los medios de comunicación tradicionales que suelen replicar las conversaciones que se dan en el ágora, Internet y las plataformas”, precisaron, a continuación.
Pero el prejuicio de las sociedades patriarcales no demoró en aparecer en el escenario virtual, enraizándose las plataformas de la web.
“Ocupar esos espacios y abrir determinadas conversaciones públicas y debates produjo un backlash (reacción adversa) que no debe ser naturalizado ni pasado por alto: la violencia de género en línea”, explicaron.
Al recomendar que el abordaje del problema “debe ser integral y debe interpelar
a distintos actores”, las entidades autoras del informe revelaron que, “uno de los hallazgos de este estudio es que las medidas de seguridad y los cuidados digitales, en general, se toman cuando el daño ya fue causado” -es decir, demasiado tarde-.
“Es por eso que resulta indispensable pensar en la prevención, por un lado, y el
acompañamiento sostenido en el tiempo para morigerar los daños personales, por
el otro”, aconsejaron.
Entre las recomendaciones formuladas para los estados, señalaron la necesidad de elaborar “políticas tendientes a desnaturalizar las agresiones en línea y sensibilizar en torno a sus impactos en las personas y la sociedad”.
En cuanto a los poderes judiciales de los países, destacaron que se debe “derribar barreras de acceso a los servicios de justicia, no solo para facilitar la denuncia, sino también para que los procesos sigan su curso y sean sustanciados sin sesgos (…) así como para alcanzar sentencias que sancionen a las personas agresoras y reparen a las víctimas”.
Por otra parte, a los poderes legislativos, aconsejaron el “impulso o actualización de leyes específicas que tipifiquen, investiguen y persigan la violencia sexual y de género en línea”.-
También sugirieron la implementación de “campañas de sensibilización y desnaturalización de la violencia en línea por razones de género; y sobre la importancia de un intercambio respetuoso de ideas y opiniones, sin temor a represalias o amenazas directas e indirectas”.
Igualmente, recomendaron, a los medios de comunicación, a las organizaciones de sociedad civil, y a las agrupaciones políticas que promuevan “compromisos serios con la visibilidad y participación de mujeres en puestos y ámbitos de decisión”.
Ello, además de la promoción de “campañas de desnaturalización de la violencia en conversaciones”, y de “sensibilización sobre la importancia de un intercambio de opiniones respetuoso de ideas, sin amenazas directas o indirectas”.
Foto: August de Richelieu
