El mundo del libro habla en clave femenina: las mujeres leen más, publican más y sostienen el mercado editorial internacional. Pero cuando llega el momento de consagrar, citar o canonizar, el protagonismo vuelve a ser masculino. Las mujeres escriben el presente, los premios elevan a los altares al pasado.
Isabel Allende, Rosa Montero, Gabriela Wiener, Mariana Enríquez, Sara Mesa, Samanta Schweblin, Marilyn Batista Márquez, entre muchas otras mujeres escritoras, presentaron obras en el 2025. Hubo presentaciones destacadas en las Ferias Internacionales, como el caso de Ana Cristina Rossi, Julieta Dobles, Irene Vallejo, Laura Restrepo, Pilar Quintana, Socorro Venegas, entre otras destacadas de la literatura internacional. De igual forma, hubo una alta participación de organizaciones y colectivos de mujeres en las Ferias Internacionales de Bogotá, Monterrey, Guadalajara, Costa Rica, Argentina, Madrid y Barcelona.
Por eso, el 2025 fue un año especialmente fértil para la literatura escrita por mujeres en el mundo hispanohablante. No porque los grandes premios hayan corregido sus desequilibrios históricos, ya que en realidad no lo hicieron, sino porque las autoras marcaron la agenda editorial, movilizaron lectoras y lectores, y sostuvieron buena parte del mercado del libro, desde Europa hasta América Latina.
La escritura femenina como eje del año literario
En el espacio europeo hispanohablante, 2025 estuvo atravesado por una producción sólida de autoras que exploraron memoria, cuerpo, violencia, deseo y filiación desde registros diversos. España vio circular con fuerza novelas y ensayos escritos por mujeres, especialmente en sellos de prestigio y editoriales independientes, donde las autoras no solo publicaron, sino que lideraron debates culturales. Autoras como María Dueñas, Dolores Redondo, Eva García Sáenz de Urturi y Marian Rojas Estapé dominaron la presencia en las ferias europeas. También destacó, en Madrid, la participación de la argentina Claudia Piñeiro, quien formó parte de los debates sobre feminismo y literatura.
En América Latina, el impacto fue aún más visible. México, Argentina y Colombia confirmaron que la renovación estética y temática del campo literario proviene, en considerable medida, de mujeres. Narrativas sobre violencia estructural, maternidades no idealizadas, duelo, memoria política y desigualdad social dominaron presentaciones, ferias y mesas de discusión. Las autoras no ocuparon un subcampo marginal: ocuparon el centro del debate literario contemporáneo. En el caso de Costa Rica, hubo un primer conversatorio en el contexto de la FILCR sobre “literatura femenina en la realidad nacional”, en el cual participaron las escritoras Marilyn Batista M, Tania Molina e Inés Revuelta S.
El peso simbólico de los grandes lanzamientos
Un ejemplo claro de esta centralidad femenina fue el nuevo lanzamiento de Isabel Allende en 2025, recibido como un acontecimiento editorial a escala global. Más allá de valoraciones críticas, cada nueva obra de Allende confirma un dato incuestionable: una mujer sostiene, desde hace décadas, uno de los mayores capitales simbólicos y comerciales de la literatura en español.
Su presencia en librerías, medios y ferias no es anecdótica, es simbólica, pues funciona como recordatorio de que las mujeres no solo escriben bien, sino que venden, convocan y atraviesan generaciones lectoras, especialmente niñas y jóvenes. Se pueden citar grandes bestsellers en manos de escritoras como María Dueñas, Dolores Redondo, Han Kang, Marian Rojas Estapé, Nazareth Castellanos, que siguen marcando la escena literaria de las grandes ventas en librerías.
Los premios: cuando el canon sigue mirando el pasado
El contraste aparece con nitidez al revisar los grandes premios literarios de 2025. El Premio Nobel de Literatura, otorgado al escritor húngaro László Krasznahorkai, uno de los principales constructores del canon global, volvió a recaer en un autor hombre, reforzando una estadística histórica que sigue siendo abrumadoramente masculina y eurocentrista. No se trata de discutir el valor individual del premiado, sino de señalar una regularidad estructural: las mujeres suelen ser reconocidas tarde, de forma excepcional o póstuma.
En el ámbito hispánico, el Premio Cervantes volvió a reproducir el mismo patrón; fue concedido al mexicano Gonzalo Celorio. Con menos de un tercio de mujeres galardonadas en toda su historia, el premio más prestigioso de las letras en español continúa consolidando un canon donde la autoridad literaria sigue asociándose mayoritariamente a voces masculinas.
Algo similar ocurrió con el Premio Planeta, ganado por Juan del Val, y el Premio Alfaguara de Novela, concedido a Guillermo Saccomanno; volvieron a consagrar a hombres, a pesar de que las listas de ventas, los clubes de lectura y buena parte de la conversación literaria estuvieron protagonizadas por mujeres. El mensaje implícito es inquietante: las mujeres sostienen el mercado; los hombres se suben al podio.
FIL Guadalajara y la paradoja latinoamericana
La Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el mayor evento editorial del mundo hispanohablante, ejemplificó esta contradicción. En 2025, las autoras tuvieron una presencia destacada en presentaciones, mesas y lanzamientos; sin embargo, los premios más visibles de la feria volvieron a recaer mayoritariamente en figuras masculinas. Para esta edición, el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2025 fue para el escritor franco-libanés Amin Maalouf.
La excepción sigue siendo el Premio Sor Juana Inés de la Cruz, destinado exclusivamente a mujeres, cuya existencia confirma la paradoja: cuando las mujeres compiten en igualdad formal, rara vez ganan; cuando se crea un espacio aparte, entonces sí aparecen legitimadas. La pregunta es inevitable: ¿por qué el reconocimiento femenino sigue necesitando compartimentos especiales? Más allá de salvaguardarlos del dominio masculino, se trata de construir memoria de mujeres insignes que requieren un podio para brillar.
En este 2025, el Premio de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz fue otorgado a la escritora uruguaya Fernanda Trías.
2026 en perspectiva: lectoras, escritoras y premios
El balance de 2025 deja una escena compleja de ignorar de cara a 2026. Las mujeres fueron mayoría entre lectoras, protagonistas de los lanzamientos más comentados y motor del mercado editorial, pero los grandes premios continuaron reforzando un canon masculino. No es un problema de talento ni de producción; es un problema de legitimación. Y por supuesto, aquí nos salta una interrogante fundamental: ¿Son suficientes los méritos de las mujeres para ganar esos premios?, una pregunta obtusa que nunca se ha hecho a algunos hombres escritores que la misma historia les ha cuestionado su legitimidad para recoger un galardón.
Si algo mostró con claridad el 2025, es que la literatura en español ya tiene voz de mujer. Lo que sigue en disputa no es la escritura, sino el poder simbólico de decidir qué se consagra, qué se enseña y qué se recuerda.
Desde España hasta Chile, pasando por el Caribe, este 2025 nos mostró la potencia de la voz femenina, no solo a las consagradas escritoras, sino a jóvenes y adultas amateurs que abrieron espacios en géneros y subgéneros literarios que marcaron hitos en la producción literaria.
Mientras las mujeres escriben el presente, los premios reconocen el pasado.
En el 2026 deberíamos dejar de preguntarnos con simpleza «¿cuántas mujeres ganan premios?», sino «¿cuántas instituciones están dispuestas a revisar los criterios con los que definen la grandeza literaria?». Porque la pregunta ya no es si las mujeres están a la altura del canon, sino si el canon está dispuesto a ponerse a la altura de su tiempo.
Foto: Ron Lach
