Artista costarricense presenta exposición que resalta la recreación contemporánea de las Venus Paleolíticas

 

Daniela Martén resalta el origen de la humanidad y el universo a través del huevo cósmico

El pasado 5 de octubre inauguró la exposición “Jardín de Venus” con 36 obras de la serie Diosas en Eclosión de la artista tica Daniela Martén, en Galería Matices, espacio artístico del Costa Rica Country Club. La artista, a través de las obras, desea traer armonía con la madre Tierra a través de la representación simbólica del huevo cósmico y su relación con el origen de nuestra humanidad.

La historiadora de arte Marta Rosa Cardoso Ferrer, se ha referido a esta serie de obras de la artista como una interpretación pictórica del origen de la creación, de la energía primigenia, de la Naturaleza diversa que hizo y hace posible la complejidad del ecosistema planetario. En palabras directas de la historiadora “son una invocación al respeto de la Madre Tierra que, a través de sus múltiples formas, proporciona alimento material y espiritual a la humanidad, más allá de territorialidades y diferenciaciones impuestas”.

Elaboradas con tintas, pigmentos, carboncillo, arcilla y arena sobre tela cruda y sobre papel de algodón. algunas de las diosas han estado en el Festival de Arte Pi Art en Punta Islita, en Galería Cuarto37 en Santa Anay también recientemente en el Centro Cultural de España en Costa Rica, por su diálogo con la naturaleza, la feminidad y el poder.

Esta serie, realiza una recuperación icónica de signos ancestrales, evocan una era matrifocal como primera forma de organización social y dignifican a la mujer desplazada y agredida, reiteradamente aludida y subestimada desde la visión patriarcal de su genitalidad. Son también una referencia a las múltiples formas de violencia de que son objeto Mujer y Naturaleza mostrando el enfrentamiento de contrarios antagónicos que pugnan por el equilibrio: vida y muerte, encierro y libertad, contención y fuerza, vulnerabilidad y resistencia como una forma de visibilizar la capacidad de resiliencia y la ineludible potencialidad regeneradora del gran útero cósmico del que dependemos para existir.

La exposición estará disponible y abierta al público durante todo octubre y noviembre del 2023.

Más sobre el concepto en palabras de la artista

Surge de mí una necesidad de apelar a nuestra herencia psíquica perdida y rescatar un nivel mítico de conciencia, liberar imágenes desde lo más profundo de nuestra conciencia colectiva ancestral. Una de ellas es la imagen de la Diosa.

El culto a las diosas se observa desde la era paleolítica y se mantuvo con mucha fuerza por miles de decenios en las sociedades agrícolas primitivas -las figurillas femeninas excavadas como punto clave de mi interpretación-. Estas culturas prehistóricas y matrifocales que predominaron en muchos puntos geográficos alrededor del mundo fueron sociedades pacíficas, respetuosas de la tierra, honraban la sabiduría materna. Existieron en armonía entre sí y con la naturaleza por la mayor parte de la existencia humana, ellas fueron las creadoras de las bases de la cultura humana.

Una posterior etapa patriarcal, nómada y guerrera, se impuso a través de las oleadas migratorias indoarias que comenzaron a llegar a Europa a partir del 4500 a.C. vino a marcar el modelo que se siguió reproduciendo por los últimos 5000 años en Europa y posteriormente América con la colonización.

Las orbes son símbolos que invocan el retorno de las Diosas de nuestra prehistoria, contienen el milagro de creación, nacimiento y el poder de transformar la realidad y la muerte en vida a través de la regeneración misteriosa y cíclica de la naturaleza. La unidad de todas las cosas de la naturaleza, personificada por la Diosa, la energía primordial, el poder que gobierna el universo, la Madre divina que da vida y proporciona alimento material y espiritual, y que en la muerte nos lleva de vuelta al útero cósmico.

Recurro al ritual de hacer y exhibir las Diosas en eclosión, buscando consuelo, liberación y manifestación. Recuperar el control y dirigir la energía para el cambio. Un ritual es algo que hacemos además de un espacio que habitamos; en el ritual conectamos con nosotras mismas, nuestras verdades personales y las verdades mayores.

Uso esta narrativa recurriendo a una feminidad y a un impulso somático ancestral que hace referencia al Anasyrma (el acto ritual ancestral de exhibir los genitales femeninos) al mostrar las Diosas eclosionando en el útero cósmico, como escudo, afirmación, una invocación al renacimiento, un acto para afirmar que otro mundo posible y así reclamarlo.

Más sobre la artista

Daniela Martén es artista costarricense, egresada de Bellas Artes de la Universidad de Costa Rica y con formación independiente con Joaquín Rodríguez del Paso, Nelly Eyo y Nela Salgado.

En el presente año fue la artista elegida por la marca internacional H&M para inaugurar las tiendas H&M Home con su mural dedicado a la tropicalidad costarricense. En el 2022 ganó el primer premio de la Bienal CROMA, fue participante del Salón Nacional en el Museo de Arte Costarricense y de The Cutting Garden en la galería Room57 en Nueva York. Ha expuesto también en el Centro Cultural de España en Costa Rica y el Museo Regional de San Ramón. Ha participado en varias muestras curadas en Klaus Steinmetz Contemporary y varias subastas nacionales.

Actualmente, es parte de la co-gestión Queremos Pintar, iniciativa de visibilización de mujeres pintoras vivas y gestiona el espacio independiente de estudios de artistas Amante Art Lab.

Examina formas de la naturaleza, en especial las flores y su relación con lo erótico y la energía creadora, empleando colores, capas y agresiones al lienzo. Su obra explora temáticas feministas abordadas desde la sexualidad, la agencia y las formas de opresión.

 

 


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