La salud no es meramente la ausencia de enfermedad, sino un estado de armonía entre cuerpo, mente y espíritu. En esta época de propósitos, recordemos que cuidar nuestro cuerpo es un acto de respeto hacia la vida
Dr. Miguel A. Torres Batista
En este umbral entre lo que termina y lo que comienza, conviene detenernos para reflexionar sobre dos dimensiones fundamentales de nuestra existencia que, aunque distintas, están profundamente entrelazadas: la salud integral y la verdadera espiritualidad.
La salud no es meramente la ausencia de enfermedad, sino un estado de armonía entre cuerpo, mente y espíritu. En esta época de propósitos, recordemos que:
• Cuidar nuestro cuerpo es un acto de respeto hacia el milagro de la vida que nos ha sido concedido.
• La salud mental requiere tanta atención como la física: aprender a soltar lo que nos lastima, practicar la gratitud y cultivar la paz interior.
• La salud espiritual nos invita a sanar relaciones, perdonar (comenzando por nosotros mismos) y amar con mayor autenticidad.
La espiritualidad genuina no se mide por la frecuencia de nuestros ritos religiosos, sino por la profundidad de nuestra conexión:
• Con nosotros mismos: escuchando nuestra voz interior, esa que a menudo ahogamos en el ruido del mundo
• Con los demás: viendo en cada persona un reflejo de lo sagrado, especialmente en quienes más nos desafían
• Con la vida misma: reconociendo lo extraordinario en lo cotidiano, el misterio en lo aparentemente ordinario
Donde verdadera espiritualidad y salud integral se encuentran, nace la posibilidad de una vida plena:
• La compasión hacia otros fortalece nuestro sistema inmunológico
• La práctica del silencio y la contemplación reduce el estrés y renueva nuestra energía
• La búsqueda de propósito y significado da fortaleza para enfrentar adversidades físicas y emocionales
Para este fin e inicio de ciclo
Te invito a:
1. Hacer un balance compasivo: revisar el año que termina sin juicios severos, reconociendo aprendizajes y ciclos que se cierran
2. Escoger una intención sobre una meta: más que propósitos rígidos, cultivar una disposición del corazón (paciencia, gratitud, presencia)
3. Practicar el desapego: soltar lo que ya no sirve, espacios físicos, relaciones tóxicas, creencias limitantes
4. Honrar tu ritmo: tu camino espiritual y de salud es único; no lo compares con el de otros
5. Cultivar la sencillez: lo más profundo suele encontrarse en gestos simples: una respiración consciente, una mirada atenta, un momento de silencio
Que este nuevo ciclo nos encuentre más conscientes de que la verdadera salud florece cuando alimentamos nuestra dimensión espiritual, y que la auténtica espiritualidad se encarna cuando cuidamos con amor nuestro ser integral.
La vida, en su sabiduría, nos ofrece cada día, y ahora este nuevo año, como oportunidad para integrar lo que hemos separado: cuerpo y espíritu, humano y divino, cuidado personal y servicio al mundo.
Que caminemos hacia 2026 con pasos más conscientes, corazones más livianos y una visión más clara de lo que realmente importa.
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Foto: Mikhail Nilov








