Llegar a una junta directiva es apenas el comienzo. La participación de las mujeres debe traducirse en capacidad de decisión, influencia y oportunidades para que otras también accedan a los espacios de liderazgo empresarial y social.

Mariamalia Guillen Solano*

¿Alguna vez has pensado en formar parte de la junta directiva de una empresa, una organización, una cámara empresarial o una ONG? 

Como mujer que he tenido la oportunidad de estar en varias juntas directivas, sé que el camino hasta esa mesa todavía presenta obstáculos. Algunos son estructurales; otros, sin embargo, nos los imponemos nosotras mismas. “No tengo tiempo”. “Todavía no estoy lista”. “Hay gente más preparada”. “No tengo suficiente experiencia”. O uno especialmente difícil de romper: “Para estar en una junta directiva, primero tengo que haber estado en una”. Son barreras que debemos reconocer y empezar a derribar. La preparación técnica es indispensable, pero también lo es desarrollar la confianza para levantar la mano, aceptar una nominación y decir sí cuando llega la oportunidad.

Llegar a los cargos de la Junta Directiva sigue siendo un reto. Cada vez se abren más espacios para que las mujeres participemos en los órganos que toman decisiones. Según el OECD Corporate Governance Factbook 2025, en Costa Rica, en 2024 las mujeres representaban el 49,1% de los puestos directivos y tan solo el 12,5% de los cargos en los consejos de administración de las empresas que cotizan en bolsa. La diferencia es enorme: tenemos mujeres que llegan a puestos de liderazgo, pero ese talento no se está trasladando en la misma proporción a los máximos órganos de gobierno corporativo. Por eso, todavía necesitamos hablar de acceso; sin embargo, llegar a la mesa ya no puede ser nuestra única medida de éxito.

El siguiente desafío consiste en preguntarnos qué sucede una vez que conseguimos ese lugar. ¿Estamos participando activamente en las decisiones? ¿Estamos en los espacios donde se deciden la estrategia, las inversiones, la sucesión, los nombramientos, los riesgos, la tecnología y la inteligencia artificial? En otras palabras: no solo se trata de estar en la mesa, sino también de participar en la toma de decisiones.

El informe Women on Boards and Beyond 2025 de MSCI señala que las mujeres ocupaban en 2025 el 28,3% de los puestos en las juntas directivas de empresas globales; sin embargo, el mismo estudio identifica señales de estancamiento en posiciones de mayor liderazgo, como las presidencias de juntas, así como en puestos de CEO y CFO. La conversación, por tanto, debe evolucionar de cuántas mujeres están sentadas en la mesa a qué capacidad de influencia tienen desde esa mesa.

Pero nuestra responsabilidad tampoco termina cuando llegamos. Nosotras, que hoy tenemos la oportunidad de ocupar estos espacios, debemos contribuir a construir el pipeline de mujeres que vendrá detrás de nosotras. Eso implica compartir vivencias, sugerir nombres, descubrir talento y, principalmente, ofrecer patrocinio. ¿Y qué es hacer patrocinio? Es cuando se abre una oportunidad y la mujer no está en la conversación para decir su nombre. Necesitamos más mujeres —y también más hombres— dispuestos a hacer eso. Cuando una junta busca a una nueva integrante y alguien dice “no conocemos mujeres con ese perfil”, quienes ya estamos dentro podemos ampliar esa conversación. Podemos proponer candidatas, abrir nuestras redes y ayudar a romper el círculo según el cual, para llegar a una junta, hay que haber pertenecido previamente a otra.

Para mí, la participación en las juntas directivas ha sido una gran escuela. He podido escuchar otras visiones, conocer sectores diferentes, ampliar mis redes y, sobre todo, comprender la responsabilidad que implica tomar parte en decisiones que afectan a organizaciones, empresas y personas. También he aprendido que el camino consta de varias etapas. Primero hay que prepararse para estar listo para decir sí cuando llegue el momento. Luego, debemos encontrar nuestra voz y usarla para influir. Y, por último, cuando tengamos un espacio, debemos aprovechar parte de esa influencia para abrir camino a otras mujeres.

Muchas de nosotras hoy tenemos una silla gracias a quienes nos precedieron. Nuestro reto es lograr que esa silla tenga voz, voto e influencia, y que cuando llegue el momento de levantarnos de ella, muchas otras mujeres estén preparadas para ocuparla.

Empresaria y presidenta del Programa Mujer Empresaria de la Cámara de Comercio de Costa Rica.