La fecundidad entre adolescentes de 15 a 19 años disminuyó en Cuba durante el último quinquenio, pero prácticamente no ha cambiado entre las niñas de 10 a 14 años. Los datos oficiales obligan a mirar más allá de la demografía porque un embarazo a esas edades evidencia, de manera indiscutible, violencia sexual, uniones tempranas y vulneraciones de derechos fundamentales de la niñez que exigen protección y prevención.

Cuba redujo la tasa de fecundidad entre las adolescentes de 15 a 19 años en los últimos cinco años, pero no logró un avance similar entre las niñas de 10 a 14 años. Los datos publicados por el Observatorio de Cuba sobre Igualdad de Género (OCIG) muestran que en este último grupo la tasa pasó de 1,3 nacimientos por cada 1.000 niñas en 2021 a 1,4 en 2025.

La diferencia parece pequeña hasta que se observa la edad de quienes figuran en la estadística. Se trata de niñas que pueden encontrarse todavía en la educación primaria o en los primeros años de secundaria y cuyos embarazos deben analizarse desde la perspectiva de la protección de la infancia, la salud sexual y reproductiva y la prevención de la violencia.

La Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) reconoce que el grupo de 10 a 14 años presenta la mayor resistencia a la disminución de la fecundidad adolescente. Los datos territoriales muestran, además, diferencias considerables. Mayabeque registró en 2025 una tasa de 2,2 nacimientos por cada 1.000 niñas de esas edades; Guantánamo, 2,0; Granma y Holguín, 1,9; Camagüey, 1,8; Pinar del Río, 1,7; y Las Tunas y Sancti Spíritus, 1,4.

Entre las adolescentes de 15 a 19 años, el comportamiento fue distinto. La tasa nacional descendió de 48,5 nacimientos por cada 1.000 habitantes en 2021 a 43,2 en 2025. Las cifras más elevadas se registraron en tres provincias orientales, como Granma, que alcanzó 56,5; Holguín, 53,3; y Guantánamo, 50,9.

La persistencia de embarazos en niñas más jóvenes no puede explicarse únicamente por decisiones individuales de anticoncepción. El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en Cuba ha señalado que el embarazo en la adolescencia se relaciona con otros fenómenos, entre ellos las uniones tempranas y la violencia sexual infantil. Esa relación resulta especialmente relevante al analizar las edades comprendidas entre los 10 y los 14 años.

La edad modifica, por tanto, la manera de interpretar la estadística. Colocar bajo una misma categoría los embarazos de una joven de 19 años y los de una niña de 10, 11 o 12 años puede ocultar circunstancias profundamente distintas. En las edades más tempranas deben examinarse las relaciones de poder, la diferencia de edad con la persona adulta implicada, posibles situaciones de coerción o abuso y la capacidad efectiva de la niña para ejercer sus derechos sexuales y reproductivos.

El propio sistema de las Naciones Unidas en Cuba ha trabajado en la prevención del embarazo no intencional, así como en la prevención y atención de la violencia sexual y de género. UNFPA incluye entre sus intervenciones el fortalecimiento de los servicios de salud sexual y reproductiva para adolescentes, el acceso a diferentes métodos anticonceptivos, la educación integral en sexualidad fuera del ámbito escolar y la atención a situaciones de violencia sexual.

La preocupación no es reciente. Investigaciones desarrolladas en Cuba con el apoyo de UNFPA han abordado las relaciones sexuales, los embarazos, las uniones, las interrupciones del embarazo y distintas manifestaciones de violencia desde una perspectiva de género y de derechos. El organismo ha insistido en que la prevención requiere combinar servicios de salud, educación, información y protección jurídica, así como la participación de adolescentes y jóvenes.

Los datos de 2025 muestran que esas respuestas todavía tienen dificultades para llegar al grupo de edad más joven. Mientras la fecundidad disminuyó entre las adolescentes de 15 a 19 años, la tasa de las niñas de 10 a 14 años permanece prácticamente en el mismo nivel que hace cinco años.

El problema tampoco puede separarse de las desigualdades territoriales. Granma, Holguín y Guantánamo aparecen entre las provincias con las tasas más altas para adolescentes de 15 a 19 años, mientras que Guantánamo, Granma y Holguín también se encuentran entre los territorios con los mayores registros en el grupo de 10 a 14 años. Mayabeque presenta, sin embargo, la tasa más elevada del país entre las niñas más jóvenes, lo que impide reducir el fenómeno únicamente a una división entre el occidente y el oriente cubanos.

Las cifras se conocen en un momento particularmente complejo para la población de Cuba. Durante 2025 se registraron alrededor de 68.000 nacimientos en el país, en medio de una reducción sostenida de la natalidad, del envejecimiento poblacional y de una importante salida de población en edades tempranas. Ese contexto podría llevar a observar la fecundidad adolescente principalmente como un componente de la crisis demográfica.

Hacerlo dejaría fuera la situación de las niñas, pues una baja natalidad nacional no convierte el embarazo temprano en una respuesta al envejecimiento de la población. Las políticas demográficas y las destinadas a proteger los derechos de niñas y adolescentes responden a problemas distintos. En las edades más tempranas, la prioridad es prevenir embarazos no intencionales, garantizar una educación sexual integral, facilitar el acceso a servicios sanitarios adecuados e identificar posibles situaciones de violencia y abuso.

Cuba aprobó recientemente la Resolución 174 del Ministerio de Salud Pública, que establece disposiciones para fortalecer la atención integral a la fecundidad en la adolescencia, mediante acciones de educación, prevención y acompañamiento. Su aplicación tendrá que enfrentarse a una realidad que los propios datos oficiales permiten identificar: las mejoras registradas entre las adolescentes mayores no se están alcanzando de la misma manera en las niñas de 10 a 14 años.

La estadística nacional registra 1,4 nacimientos por cada 1.000 niñas. Comprender qué ocurre detrás de esa cifra requiere saber en qué condiciones comenzaron esos embarazos, qué edad tenían las otras personas implicadas, qué protección recibieron las niñas y qué respuesta encontraron cuando hubo violencia sexual. Sin esa información, una parte sustancial del problema queda fuera de los indicadores de fecundidad.

Referencias

González, M. (2026, 17 de septiembre). Cuba no logra reducir los embarazos en niñas de 10 a 14 años. Estas provincias tienen las tasas más altas. El Nuevo Herald.
https://www.elnuevoherald.com/noticias/america-latina/cuba-es/article317270694.html

Oficina Nacional de Estadística e Información. (2026). Observatorio de Cuba sobre Igualdad de Género. ONEI.
https://www.genero.onei.gob.cu/area_especial

Redacción IPS Cuba. (2026, 18 de septiembre). Embarazo adolescente en Cuba: un desafío persistente. IPS Cuba.
https://www.ipscuba.net/genero/embarazo-adolescente-en-cuba-desafio-persistente/

Fondo de Población de las Naciones Unidas. (s. f.). Salud sexual y reproductiva. UNFPA Cuba.
https://cuba.unfpa.org/es/topics/salud-sexual-y-reproductiva

Fondo de Población de las Naciones Unidas. (2022). 1 de cada 3 mujeres en países en desarrollo tiene su primer hijo en la adolescencia. UNFPA Cuba.
https://cuba.unfpa.org/es/news/1-de-cada-3-mujeres-en-pa%C3%ADses-en-desarrollo-tienen-su-primer-hijo-durante-la-adolescencia

Peñate Leiva, A. I., Semanat Trutie, R., & Del Risco Sánchez, O. (2021). Adolescentes y jóvenes cubanos en los ámbitos de la familia y de la pareja. Centro de Estudios sobre la Juventud y el Fondo de Población de las Naciones Unidas.
https://cuba.unfpa.org/es/publications/adolescentes-y-j%C3%B3venes-cubanos-en-los-%C3%A1mbitos-de-familia-y-pareja