Investigadoras, tecnólogas y organizaciones de la región desarrollan desde hace varios años sistemas de inteligencia artificial pensados desde la igualdad, los cuidados y los derechos. La propuesta no consiste en crear una tecnología exclusiva para mujeres, sino en revisar quién la diseña, con qué datos aprende, a quién beneficia y qué desigualdades puede reproducir.
¿Puede existir una inteligencia artificial feminista? Oliver Fröhling planteó la pregunta durante un panel sobre derechos digitales y virtualidad segura realizado en Oaxaca, México. Pretendía abrir una reflexión, pero Loreto Bravo, conocida como Maka, respondió de manera mucho más concreta: “Ya existe”.
La afirmación, recogida por EDUCA Oaxaca, permite acercarse a un movimiento tecnológico latinoamericano que lleva varios años desarrollando investigaciones, herramientas y prototipos en torno a una premisa: la inteligencia artificial tampoco es neutral.
Hablar de una IA feminista no significa construir una versión femenina de los asistentes digitales actuales ni programar máquinas para que adopten posiciones políticas. El planteamiento comienza mucho antes, en las relaciones de poder que intervienen en el diseño, el entrenamiento y la utilización de cualquier sistema tecnológico.
“Cuando hablamos de una inteligencia artificial feminista, hablamos de esta aproximación, de este enfoque a una tecnología, pero desde el análisis de cómo esas tecnologías reproducen o no las dinámicas de poder ya existentes y los distintos niveles de opresión”, explicó Bravo en una entrevista posterior con Fröhling.
La discusión tiene antecedentes concretos en América Latina y el Caribe. La Feminist AI Research Network comenzó a articularse en 2020 con especialistas de diversas regiones interesados en investigar cómo construir sistemas de inteligencia artificial más inclusivos. Entre 2021 y 2024 funcionó un nodo específico para América Latina y el Caribe, impulsado por la A+ Alliance for Inclusive Algorithms y con el apoyo del International Development Research Centre de Canadá.
Lejos de quedarse en una discusión teórica, la red reunió a científicas de datos, investigadoras, activistas, especialistas en políticas públicas y organizaciones sociales para experimentar con aplicaciones concretas de la tecnología.
Uno de sus principales resultados se dio en 2022 con la publicación de Inteligencia Artificial Feminista: Hacia una Agenda de Investigación para América Latina y el Caribe, coordinada por Paola Ricaurte y Mariel Zasso y publicada originalmente por la Editorial Tecnológica de Costa Rica.
El libro reunió a más de 50 autoras y autores de diferentes países en 23 textos sobre inteligencia artificial, desigualdad, derechos y perspectivas feministas desde el Sur Global.
La presencia costarricense en esta historia resulta significativa. La A+ Alliance ha contado con la participación del Tecnológico de Costa Rica, y la publicación regional de 2022 salió precisamente de su editorial. La discusión sobre una inteligencia artificial distinta de la desarrollada predominantemente en los grandes centros tecnológicos del Norte Global también se ha construido desde Centroamérica.
La propuesta parte de un problema conocido: los sistemas automatizados aprenden a partir de datos producidos por sociedades en las que ya existen discriminaciones.
Si las mujeres están subrepresentadas en determinadas bases de datos, si los registros históricos contienen estereotipos raciales, si algunas lenguas apenas aparecen en internet o si determinadas poblaciones han sido históricamente invisibilizadas por las instituciones, esos vacíos pueden trasladarse a las tecnologías que utilizan esa información para clasificar a las personas, recomendar contenidos o tomar decisiones.
La IA feminista intenta intervenir precisamente en ese proceso. Como indica una publicación académica de Oxford University Press dedicada al nodo latinoamericano, esta perspectiva incorpora variables como el género, la etnia, la clase y la ubicación geográfica para analizar el diseño, la implementación y los efectos de la inteligencia artificial. Su propuesta también es decolonial: cuestiona que tecnologías concebidas principalmente en países industrializados sean posteriormente trasladadas a sociedades con contextos, necesidades y desigualdades diferentes.
No existe, por tanto, una única inteligencia artificial feminista. Existen principios, metodologías, investigaciones y proyectos que buscan modificar la forma en que se construyen estos sistemas.
Entre las experiencias desarrolladas en la región, destacan herramientas relacionadas con el acceso a la justicia, el análisis de la violencia de género y del feminicidio, los derechos sexuales y reproductivos, la educación, la información y las políticas públicas.
AymurAI, por ejemplo, surgió como una iniciativa para procesar y hacer accesibles los datos contenidos en resoluciones judiciales vinculadas a la violencia de género. SOF+IA ha experimentado con la inteligencia artificial generativa para desarrollar herramientas orientadas a combatir la violencia digital.
La nueva Feminist AI Network in Latin America and the Caribbean muestra que el movimiento continúa creciendo. Una convocatoria regional lanzada en 2025 recibió 129 propuestas; 50 fueron seleccionadas en diferentes etapas de desarrollo, desde ideas iniciales hasta pilotos.
Los campos abordados incluyen la violencia de género, el acceso a la justicia, la salud, la educación, los derechos sexuales y reproductivos, los derechos laborales, la justicia socioambiental y la preservación de lenguas y culturas.
La diferencia fundamental radica en la pregunta que se hace antes de programar. Por ejemplo, una empresa tecnológica puede preguntarse qué problema puede resolver con inteligencia artificial, cuánto puede automatizar y qué posibilidades comerciales ofrece una herramienta. La perspectiva feminista incorpora otras preguntas: ¿quién definió ese problema?, ¿qué población aparece en los datos?, ¿quién quedó fuera?, ¿quién realiza el trabajo necesario para construir el sistema?, ¿quién obtiene sus beneficios? Y ¿quién puede resultar perjudicado?
También incorpora los cuidados. “La tecnología no es neutral […] responde a los intereses de quien la diseña”, señaló Bravo. Desde esa perspectiva, una IA feminista reconoce los intereses económicos y políticos presentes en el desarrollo tecnológico e intenta construir alternativas en las que el bienestar colectivo tenga un lugar central.
El debate se extiende incluso a la propiedad del conocimiento empleado para desarrollar los grandes modelos actuales. Fröhling cuestiona que una tecnología alimentada durante décadas por el conocimiento colectivo termine concentrada en pocas corporaciones capaces de controlar su infraestructura y comercializar sus resultados.
La perspectiva feminista latinoamericana añade así otra discusión al debate mundial sobre inteligencia artificial: no basta con corregir un algoritmo tras descubrir que discrimina.
La desigualdad puede comenzar en la selección del problema, continuar en los datos, atravesar las condiciones laborales de quienes clasifican la información, reproducirse durante el diseño y terminar afectando a las personas sobre quienes posteriormente decide el sistema.
Una investigación publicada en 2025 por Oxford University Press sobre la experiencia latinoamericana advierte que el uso indiscriminado de sistemas basados en datos puede reforzar desigualdades, precarizar los trabajos y generar impactos sociales y ambientales en mujeres y comunidades históricamente marginadas.
Por eso, la IA feminista latinoamericana no propone simplemente incorporar a más mujeres a la industria tecnológica. Busca intervenir en las reglas con las que se construye esa tecnología.
La respuesta que Loreto Bravo dio en Oaxaca tiene, entonces, una historia detrás porque la IA feminista existe. Se investiga, se discute y se experimenta con ella desde América Latina y otros territorios del Sur global. Todavía no constituye un modelo tecnológico dominante ni ofrece una solución automática a los sesgos de la inteligencia artificial.
Su aporte está en otro lugar porque es hora de recordar que, antes de preguntarnos qué puede hacer una máquina, conviene decidir qué sociedad queremos que ayude a construir.
Referencias
A+ Alliance. (s. f.). Our impact. https://aplusalliance.org/our-impact/
Derechos Digitales. (2023). Reflexiones feministas para el desarrollo de la inteligencia artificial. https://www.derechosdigitales.org/es/recursos/reflexiones-feministas-para-el-desarrollo-de-la-inteligencia-artificial/
EDUCA. (2026, 31 de agosto). Ya existe la IA feminista en América Latina. https://www.educaoaxaca.org/ya-existe-la-ia-feminista-en-america-latina/
Fröhling, O. (2026). “Ya existe”: IA feminista en América Latina. Territorio Digital. https://indigital.surcooaxaca.org/ya-existe-ia-feminista-en-america-latina/
Ricaurte Quijano, P., Feldfeber, I., Josiowicz, A., Mosquera, D., Vargas-Solar, G., Cadena Vela, S., Brussa, V., Alonso i Alemany, L., Ovalle, A., & Zaragoza Cano, L. (2025). Feminist AI for/by the Majority World: Feminist AI Research Network, Latin American and Caribbean Hub. En Oxford Intersections: AI in Society. Oxford University Press. https://doi.org/10.1093/9780198945215.003.0085
Ricaurte Quijano, P., & Zasso, M. (Eds.). (2022). Inteligencia artificial feminista: Hacia una agenda de investigación para América Latina y el Caribe. Editorial Tecnológica de Costa Rica. https://feministai.pubpub.org/lachub-libro








