Las mujeres representan alrededor de una quinta parte de las personas que viven con VIH en Colombia, pero su menor presencia en las estadísticas ha contribuido a ocultar vulnerabilidades específicas. La violencia sexual, la dependencia económica, las dificultades para negociar el uso del condón y una percepción errónea del riesgo pueden retrasar durante años el diagnóstico en las mujeres cisgénero.
Una mujer casada, heterosexual y con una única pareja estable difícilmente encaja en el imaginario que durante décadas se construyó en torno al VIH. Esa percepción puede convertirse precisamente en parte del problema cuando ella misma, su pareja e incluso los servicios de salud consideran que no es necesario realizarse una prueba.
En Colombia, los hombres representan cerca del 80 % de las personas registradas que viven con VIH y las mujeres, alrededor del 21 %, según datos de la Cuenta de Alto Costo correspondientes a 2025. La diferencia es considerable, pero mirar únicamente quién concentra la mayor cantidad de diagnósticos deja de lado las condiciones particulares en las que muchas mujeres contraen el virus.
El problema comienza antes de una posible infección. Las mujeres cisgénero que no ejercen trabajo sexual no forman parte de las poblaciones clave definidas por la ONUSIDA, categoría que comprende, entre otros grupos, a hombres gais y otros hombres que tienen relaciones sexuales con hombres, personas trans, personas que ejercen trabajo sexual, personas que se inyectan drogas y personas privadas de libertad. La concentración de recursos preventivos en estas poblaciones responde a riesgos epidemiológicos claramente identificados, pero puede dejar espacios insuficientemente atendidos.
En Colombia, el 48 % de las personas registradas que viven con VIH no pertenece a una población clave, de acuerdo con los datos analizados por Mutante. Para algunas mujeres, quedar fuera de esos grupos también significa permanecer fuera de campañas de prevención, de programas de pruebas gratuitas y de mensajes que les permitan reconocerse como personas que podrían contraer el virus.
La violencia machista agrava esa vulnerabilidad. ONU Mujeres advierte que la desigualdad de género contribuye a la propagación del VIH porque puede limitar el acceso de mujeres y niñas a información y servicios de salud, reducir sus recursos para adoptar medidas preventivas y dificultar la negociación de relaciones sexuales más seguras. La violencia sexual incrementa, además, el riesgo de transmisión.
La relación tampoco termina en violencia física. Una mujer económicamente dependiente de su pareja puede tener menos probabilidades de exigir el uso del condón, de rechazar una relación sexual o de abandonar una relación abusiva. La subordinación económica y las relaciones de poder desiguales se trasladan directamente al ámbito de la salud sexual.
Los diagnósticos tardíos permiten observar las consecuencias. Según la Cuenta de Alto Costo, en el 43 % de las mujeres embarazadas diagnosticadas con VIH en Colombia durante 2025, el virus ya había comenzado a deteriorar el sistema inmunitario y cerca del 30 % se encontraba en fase de sida. El embarazo continúa siendo uno de los momentos en los que el sistema de salud busca activamente la infección en mujeres que, en algunos casos, llevaban años viviendo con el virus sin saberlo.
La otra puerta de entrada al diagnóstico puede ser la pareja. Mujeres que consideraban que estaban en una relación heterosexual y monógama descubren su situación tras el diagnóstico del hombre. Mutante documenta incluso el caso de una mujer a la que se le negó reiteradamente una prueba porque tenía marido. Solo consiguió acceder a ella tras decir que trabajaba sexualmente.
La violencia puede continuar después de un resultado positivo. ONU Mujeres ha documentado que las mujeres que viven con VIH pueden sufrir abandono, agresiones, expulsión del hogar, discriminación y otras violaciones de sus derechos. El temor a esas consecuencias también puede dificultar que una mujer se someta a una prueba, comunique el diagnóstico o continúe con su tratamiento de forma regular.
Los datos colombianos muestran otra diferencia que merece atención. Aunque las mujeres representaban aproximadamente el 21 % de las personas que vivían con VIH, concentraron el 23 % de las muertes registradas entre personas con la infección en 2025. También presentaron proporciones menores de acceso a medicamentos, de utilización de servicios sanitarios y de supresión viral que los hombres, según la información de la Cuenta de Alto Coste analizada por Mutante.
Esto resulta especialmente importante porque el tratamiento actual permite a una persona con VIH llevar una vida larga y saludable. Cuando la terapia antirretroviral mantiene una carga viral indetectable, el VIH no se transmite sexualmente. El diagnóstico temprano y la continuidad del tratamiento son, por tanto, fundamentales tanto para la salud individual como para la prevención.
El reto ya ha sido reconocido internacionalmente. En 2026, ONUSIDA actualizó su Instrumento de Diagnóstico de Género para que los países examinen sus respuestas nacionales al VIH desde una perspectiva interseccional. Entre las variables que propone estudiar se encuentran la violencia sufrida por mujeres que viven con VIH antes, durante y después del diagnóstico, el miedo a sufrir violencia, la discriminación y las barreras en los propios servicios sanitarios.
La prevención necesita entonces mirar también a las mujeres que durante años no se reconocieron en las campañas sobre el VIH: esposas, madres, trabajadoras y mujeres heterosexuales con una o pocas parejas sexuales. Su vulnerabilidad no procede de pertenecer a una categoría determinada, sino de las condiciones concretas en las que pueden ejercer —o no— autonomía sobre su cuerpo y su salud.
Una prueba de VIH no debería depender de que una mujer encaje en el perfil de riesgo que el sistema considera. Tampoco debería tener que explicar cuántas parejas ha tenido para que su solicitud resulte creíble. Reconocer cómo opera la desigualdad de género también forma parte de la prevención del VIH.
Referencias
Cuenta de alto coste. (2026). Situación del VIH en Colombia 2025. https://cuentadealtocosto.org/sdm_downloads/situacion-del-vih-en-colombia-2025/
Gómez, L. F. (2026). Mujeres y VIH: las olvidadas de la epidemia. Mutante. https://mutante.org/contenidos/mujeres-con-vih-las-olvidadas-de-la-epidemia/
ONU Mujeres. (s. f.). VIH y sida. https://www.unwomen.org/es/what-we-do/hiv-and-aids
ONU Mujeres. (s. f.). Violencia contra las mujeres. https://www.unwomen.org/en/what-we-do/hiv-and-aids/violence-against-women
Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/Sida. (2026, 19 de marzo). Instrumento de diagnóstico de género de la ONUSIDA: Hacia una respuesta transformadora al VIH en materia de género. https://www.unaids.org/es/resources/documents/2026/unaids-gender-assessment-tool








