La detección temprana del cáncer colorrectal puede marcar una diferencia decisiva en el pronóstico. Aunque la colonoscopia sigue siendo una herramienta fundamental, existen pruebas de heces, estudios moleculares y técnicas de imagen menos invasivas que amplían las opciones de cribado y permiten, junto con el profesional de la salud, elegir la alternativa más adecuada para cada persona.

Dr. Miguel A. Torres Batista

Cuando a una persona le mencionan la palabra “colonoscopia”, es bastante común que sienta temor o incomodidad, y su reacción es comprensible. Sin embargo, este procedimiento, aunque es uno de los más conocidos, no es la única herramienta disponible para detectar el cáncer colorrectal. En la actualidad existen varias alternativas menos invasivas que pueden adaptarse mejor a las necesidades, preferencias y condiciones particulares de cada paciente.

El cáncer colorrectal es una de las neoplasias más frecuentes a nivel mundial y su detección temprana puede mejorar considerablemente el pronóstico. Además, algunas pruebas permiten identificar lesiones precancerosas antes de que evolucionen a cáncer. Por esta razón, los profesionales de la salud recomiendan realizar cribado a partir de los 45 años en personas con riesgo medio, según las guías estadounidenses actualizadas, aunque la edad de inicio y los programas disponibles pueden variar entre países.

Conviene distinguir entre el cribado y la evaluación diagnóstica. Las pruebas de cribado se realizan en personas asintomáticas para detectar lesiones antes de que estas produzcan manifestaciones clínicas. En cambio, la presencia de sangre en las heces, anemia por deficiencia de hierro sin explicación, cambios persistentes en el hábito intestinal, pérdida de peso involuntaria o dolor abdominal que requiera estudio deben valorarse médicamente, independientemente de la edad. En estos casos, una prueba fecal negativa no descarta por sí sola una enfermedad.

Entre las alternativas menos invasivas se encuentran las pruebas de heces, que pueden realizarse en el hogar siguiendo las instrucciones del laboratorio. Dos de las más utilizadas son la prueba de sangre oculta en heces con guayaco de alta sensibilidad, conocida como gFOBT, y la prueba inmunoquímica fecal (FIT). Ambas buscan detectar sangre no visible en las muestras, aunque emplean mecanismos distintos.

La prueba con guayaco identifica la actividad química del grupo hemo presente en la sangre y puede requerir restricciones alimentarias o de determinados medicamentos, según el método utilizado. La FIT emplea anticuerpos para detectar hemoglobina humana, por lo que, en general, no requiere restricciones dietéticas. Cuando se utilizan como única estrategia de cribado, las guías de la USPSTF recomiendan realizar las versiones de alta sensibilidad una vez al año.

Existe, además, la prueba de ADN en heces, conocida como FIT-DNA o sDNA-FIT, que combina la detección de sangre con el análisis de determinados marcadores moleculares procedentes de células que se desprenden del revestimiento del colon y del recto. Esta combinación puede mejorar la sensibilidad para detectar cáncer en comparación con algunas pruebas fecales individuales, aunque también puede aumentar el número de resultados falsamente positivos. La periodicidad depende del producto y de la guía utilizada; la USPSTF contempla intervalos de 1 a 3 años.

La actualización de 2026 de la Sociedad Americana Contra el Cáncer incorporó nuevas opciones de pruebas moleculares en heces y de pruebas sanguíneas para personas con riesgo medio. Las pruebas de sangre analizan determinados biomarcadores, como fragmentos de ADN tumoral circulante, pero actualmente no se consideran la opción preferida frente a las pruebas fecales y los exámenes de imagen. Su disponibilidad, indicaciones y cobertura pueden variar según el país y el sistema de salud.

Para quienes prefieren una exploración visual menos extensa que la colonoscopia completa, la sigmoidoscopia flexible es otra alternativa. Este procedimiento utiliza un endoscopio para examinar el recto y la porción inferior del colon. Puede identificar y permitir la extracción de algunas lesiones, pero no examina todo el intestino grueso, por lo que puede pasar por alto alteraciones situadas en segmentos más proximales.

Otra posibilidad es la colonografía por tomografía computarizada, también llamada colonoscopia virtual. Emplea imágenes radiológicas para reconstruir el interior del colon y detectar pólipos u otras alteraciones sin introducir un endoscopio a lo largo de todo el intestino. Sin embargo, requiere preparación intestinal y la insuflación de aire o de dióxido de carbono mediante una pequeña sonda rectal. También implica exposición a la radiación y, si se detectan lesiones que requieren extracción o biopsia, será necesaria una colonoscopia convencional.

La colonoscopia continúa siendo una herramienta especialmente importante porque permite examinar todo el colon y el recto, obtener biopsias y retirar pólipos durante el mismo procedimiento. En personas con riesgo medio y resultados normales, las guías estadounidenses suelen recomendar repetirla cada 10 años. La colonografía por tomografía computarizada y la sigmoidoscopia flexible tienen intervalos de tiempo distintos, generalmente de 5 años, según la estrategia elegida.

La elección de la prueba también depende de los antecedentes personales y familiares. Las personas con antecedentes de cáncer colorrectal, pólipos de alto riesgo, enfermedad inflamatoria intestinal o síndromes hereditarios como Lynch pueden necesitar iniciar controles más tempranos, realizar controles más frecuentes o seguir un programa específico de colonoscopias. En estos casos, las recomendaciones para la población de riesgo medio no deben aplicarse automáticamente.

Un aspecto fundamental es que cualquier resultado positivo en una prueba de heces, molecular o de colonoscopia requiere una evaluación posterior, habitualmente mediante colonoscopia. La prueba inicial no confirma por sí sola un diagnóstico de cáncer ni permite retirar lesiones. Completar el seguimiento es indispensable para que el cribado cumpla su función preventiva.

En definitiva, son múltiples las herramientas que la medicina pone hoy al alcance de las personas para vigilar la salud del colon. La mejor estrategia es aquella que corresponde al riesgo individual, se realiza con la periodicidad adecuada y permite completar los estudios necesarios cuando aparece un resultado anormal. Conversar con el profesional de la salud sobre las opciones disponibles ayuda a reducir barreras, a elegir un método apropiado y a aumentar las posibilidades de detectar oportunamente una enfermedad que, en muchos casos, puede prevenirse.

Nota: El contenido de la Revista es con fines informativos y educativos. Consulte con su profesional autorizado de la salud antes de tomar decisiones médicas.

Referencias

American Cancer Society. (2026, 27 de mayo). American Cancer Society updates colorectal cancer screening guideline: Major changes emphasize blood-based and at-home stool testing. https://pressroom.cancer.org/colorectal-cancer-screening-guideline-update-2026

American Cancer Society. (2026). American Cancer Society guideline for colorectal cancer screening. https://www.cancer.org/cancer/types/colon-rectal-cancer/detection-diagnosis-staging/acs-recommendations.html

Instituto Nacional del Cáncer. (s. f.). Pruebas de detección del cáncer colorrectal y de los pólipos. National Cancer Institute. https://www.cancer.gov/types/colorectal/screening-fact-sheet

U.S. Preventive Services Task Force. (2021, 18 de mayo). Recommendation: Colorectal cancer: Screening. https://www.uspreventiveservicestaskforce.org/uspstf/recommendation/colorectal-cancer-screening