
Primera parte
Las mujeres empoderadas que se resistieron a dejar a un lado sus aspiraciones, carreras profesionales y metas; que conservaron sus identidades, brillaron con luz propia y no aceptaron ser sombras detrás del poder.
La historia del cargo de primera dama se remonta a 1809, época en que Dolley Payne Todd Madison, esposa del cuarto presidente de los Estados Unidos, James Madison, contribuyó decisivamente a popularizar el uso del término First Lady, que hasta entonces no era oficial. Anterior a ella, las otras tres esposas de presidentes fueron llamadas “President’s wife” (esposa del presidente), “Lady President” (señora presidenta) o “Lady Washington”, como se conocía a Martha Washington, la esposa del primer presidente de los Estados Unidos, George Washington. Entonces, podríamos afirmar que la denominación tiene su origen en 1787, con la elección de Washington, y se populariza en 1809, con la de James Madison.
Al inicio del siglo XIX, la labor de la primera dama se limitaba a funciones ceremoniales asociadas al presidente: ejercer de anfitriona en actos protocolares y sociales y administrar la Casa Blanca, especialmente en lo relativo a la decoración y la coordinación de cenas, bailes y banquetes.
La llegada de Eleanor Roosevelt cambió la posición inicial de esposa y anfitriona a una de colaboración política y de activismo social que ha sido seguida por otras esposas de mandatarios en diferentes partes del mundo.
Su carácter independiente, enfocado en causas progresistas, la llevó a ser la primera esposa de un presidente de los Estados Unidos en convocar y liderar conferencias de prensa. También escribía columnas de opinión y dirigía su propio programa de radio. Hasta discrepaba públicamente de las políticas de su esposo. Además, fue expositora en una convención nacional del Partido Demócrata, al que pertenecían ella y su esposo. Fue delegada de los Estados Unidos ante la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) y la primera presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de esa organización.
El alto perfil público de la “esposa del presidente” tuvo un impacto internacional significativo en países con sistemas democráticos presidencialistas, que comenzaron a crear los despachos de la primera dama.
Aunque no todas imitaron —o no le permitieron replicar— el liderazgo de Roosevelt, y mantuvieron la labor ceremonial y social original, algunas sí lograron destacarse en la política activa, la diplomacia, los derechos humanos o incluso en posiciones de poder en sí mismas. Hasta convertirse en líderes de partidos políticos y presidentas de naciones.
Estas primeras damas empoderadas y disruptivas se negaron a vivir a las sombras de los presidentes. De ellas es de las que hablaremos.
¿Quién no ha oído hablar de la primera dama Evita Perón (1946-1952)? Hay libros, documentales, películas y hasta obras de teatro en Broadway sobre esta primera dama argentina, de profesión actriz, que se resistió a ser solo la esposa del presidente Juan Domingo Perón. Luchó contra la desigualdad económica y por los derechos de las personas trabajadoras y de las personas vulnerables, como adultos mayores, niños y mujeres, hasta el punto de ser reconocida como “la abanderada de los humildes”. Influyó decisivamente en la justicia social, el sufragio femenino y los derechos laborales. Impulsó la Ley de voto femenino en 1947; creó el Partido Peronista Femenino y la Fundación Eva Perón, transformando la ayuda social en derechos fundamentales para los desventajados social y económicamente. Actuó como enlace principal entre el gobierno de Perón y los sindicatos (CGT), defendiendo las reivindicaciones de la clase trabajadora. Como primera dama, logró influir en políticas de salud, impulsando la construcción de infraestructura sanitaria y la realización de campañas de vacunación masiva. Ha sido la única persona en Argentina en recibir el cargo honorífico de Jefa Espiritual de la Nación, otorgado por el Congreso.
Pero no todas las primeras damas se encuentran en América, como mencioné en los primeros párrafos. Muy lejos de Occidente, en el tercer continente más extenso del mundo, conformado por 54 Estados y tres territorios dependientes, se destaca Graça Machel (1975-1986 y 1998-1999), educadora. Es la primera persona del mundo en ser primera dama de más de una nación, ya que es viuda del expresidente de Mozambique, Samora Machel, y de Nelson Mandela, de Sudáfrica. Es licenciada en Lenguas Germánicas y educadora, exministra de Cultura y Educación. Esta primera dama presidió la Comisión de Estudios de las Naciones Unidas sobre el Impacto de los Conflictos Armados en la Infancia, donde promovió la protección de los huérfanos. Además, creó la Fundação para o Desenvolvimento da Comunidade, para fomentar el desarrollo social en Mozambique. Entre sus logros como defensora de los derechos humanos, especialmente de mujeres y niños, se incluyen el aumento significativo de la matrícula en la escuela primaria y la contribución a la reducción del analfabetismo en un 20 %. Es cofundadora de Girls Not Brides y miembro de The Elders y lucha contra el matrimonio infantil.
Regresando a los Estados Unidos, décadas después de Eleanor Roosevelt, surge la abogada Hillary Clinton (1993–2001), quien, al igual que la otrora primera dama de 1933, fue una figura política activa y pionera. Rompió precedentes al tener una oficina en la Casa Blanca (Ala Oeste) y al participar activamente en la formulación de políticas, especialmente al liderar la reforma de salud para lograr la cobertura médica universal, un papel central en la administración de su esposo, Bill Clinton. Impulsó programas de vacunación infantil, promovió los derechos de las mujeres en todo el mundo y trabajó en acciones enfocadas en la salud de las mujeres, incluida la asignación de fondos significativos para la investigación del cáncer de mama. La visibilidad de su labor como primera sentó las bases para su posterior carrera como senadora, secretaria de Estado y candidata a la presidencia de los Estados Unidos en el 2016, donde, pese a haber logrado casi 3 millones de votos más que Trump, no ganó las elecciones.
En Costa Rica, se destaca Margarita Penón Góngora (1986–1990), abogada, esposa del presidente Óscar Arias. Aunque asumió el rol de primera dama con notables acciones de política social y de género, lo redefinió, mostrando que no se limita a funciones ceremoniales, sino que puede combinar influencia social con liderazgo político. Como primera dama, se dedicó a labores de bienestar social, preservación cultural, medioambiente e igualdad de género, promoviendo proyectos como la Ley de Igualdad Real. Participó activamente en proyectos de salud, educación y bienestar social, e impulsó la conciencia ambiental en programas sociales. Tras su papel como primera dama, se convirtió en precandidata presidencial y en diputada.
Con un perfil público menos apreciado que el de Evita, Graca, Hillary y Margarita, pero con más poder que las cuatro, se encuentra Rosario Murillo Zambrana (2007-actualidad), escritora y esposa del presidente de Nicaragua, Daniel Ortega Saavedra. Además de ser primera dama, es vicepresidenta de este país, coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía, presidenta de la Fundación para la Promoción del Amor (FUNDAMOR) y fue diputada de la Asamblea Nacional. Tuvo un rol activo en el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), militando en la lucha contra la dictadura de Somoza y desempeñando labores organizativas. Disruptiva desde el inicio de su carrera política (arrestada por alteración del orden público, casada cuatro veces y con una apariencia «barroca» y excéntrica), se ha desempeñado como portavoz principal del gobierno nicaragüense, ministra de gobierno y presidenta de la Asociación Sandinista de Trabajadores de la Cultura. Murillo es considerada el poder “a la par y detrás del trono”, una de las primeras damas con mayor concentración de poder político en América Latina.
Del dramatismo y la ornamentación recargada de Murillo, pasamos a la contraposición y al equilibrio renacentistas de Marta Sahagún (2001–2006), administradora de empresas, ex primera dama de México y esposa de Vicente Fox Quesada. Fue miembro activo del Partido Acción Nacional. A diferencia de sus antecesoras, tuvo una participación activa y visible en la agenda pública, a menudo compitiendo por el protagonismo con el presidente. Creó la fundación “Vamos México” con el objetivo de destinar fondos a la ayuda a personas marginadas y de impulsar proyectos de desarrollo social y económico en el país. La fundación la llevó a adquirir un elevado protagonismo en los medios de comunicación y un alto nivel de popularidad, hasta el punto de que las encuestas la colocaron como la persona más popular entre los aspirantes de su partido a la presidencia de México.
Entre Murillo y Sahagún emerge Cristina Fernández de Kirchner, abogada, como primera dama durante la presidencia de Néstor Kirchner (2003–2007). Comenzó su militancia política como miembro de la Juventud Universitaria Peronista. Fue diputada provincial y, en dos ocasiones, senadora. Durante el periodo de primera dama, estuvo distante de participar en eventos sociales. Se desempeñó como senadora nacional, ejerciendo una influencia directa en las decisiones de la administración y fortaleciendo su propia carrera política. Esto la convirtió en una figura clave de consulta y gestión dentro del kirchnerismo. Posteriormente, como presidenta, impulsó proyectos de ley en el Congreso para el reconocimiento de derechos civiles, como el matrimonio igualitario y la identidad de género. Fue candidata a la presidencia de Argentina en las elecciones de 2007 y ganó en la primera vuelta, convirtiéndose en la primera mujer presidenta de este país elegida por el voto popular en elecciones nacionales.
Ahora nos vamos a Asia, donde emerge la figura de la primera dama, Peng Liyuan (2013-actual), cantante-educadora y esposa del presidente de la República Popular de China, Xi Jinping. Antes de que su esposo se convirtiera en presidente, ella era una de las cantantes más queridas de China, mucho más reconocida que su marido. Su presencia pública marcó un cambio en la figura de la primera dama, en un país donde tradicionalmente las esposas de los mandatarios habían mantenido un perfil discreto, aportando al régimen una imagen más moderna y cercana. Peng es miembro del Ejército Popular de Liberación de China y tiene el rango de mayor general (equivalente militar/civil). Su labor diplomática y humanitaria incluye ser embajadora de buena voluntad de la Organización Mundial de la Salud (OMS), donde impulsa iniciativas de concienciación sobre enfermedades como el VIH y la tuberculosis.
Siguiendo por el Lejano Oriente, pasamos por Corea del Sur, donde otra artista se convirtió en primera dama. Se trata de Kim Jung-sook (2017-2022), diseñadora y pianista aficionada, esposa de Moon Jae-in, cuyo trabajo se centró en la inclusión. Apoyó el trabajo del Instituto Internacional de Vacunas (IVI) y promovió modelos de inclusión social y laboral para personas con discapacidad. A diferencia de las primeras damas que se enfocan solo en labores de caridad, Kim Jung-sook tuvo una presencia activa en actos internacionales, lo que intensificó el debate político sobre sus acciones. Ella hizo numerosas visitas diplomáticas junto al presidente Moon Jae-in para fortalecer los lazos internacionales y mostró un respaldo activo a iniciativas de salud global.
Mientras la primera dama de Corea del Sur asume su cargo protocolario, en los Estados Unidos la abogada Michelle Obama (2009-2017), esposa de Barack Obama, se despide de la Casa Blanca. Enfocó su labor en la educación, la salud pública y el empoderamiento de las mujeres. Respaldó proyectos de ley de defensa de los derechos de las mujeres, como la Ley de Salario Justo Lilly Ledbetter, que restablece la protección contra la discriminación salarial contra las mujeres, y la Ley de Niños Saludables y Sin Hambre, que mejora la nutrición en las escuelas. Lanzó varias campañas exitosas, utilizando su imagen como una plataforma de cambio social. Estas incluyen Let’s Move! para combatir la obesidad infantil; Joining Forces, para apoyar a veteranos, miembros del servicio y sus familias con recursos de bienestar y empleo; Reach Higher, dirigida a incentivar a los jóvenes a continuar su educación postsecundaria; Let Girls Learn, cuyo objetivo era promover la educación de niñas y adolescentes a nivel mundial; y Huerto de la Casa Blanca, para promover la alimentación saludable y sostenible.
Regresamos a África, a la República de Uganda, donde Janet Kataaha Museveni (1986-actual), educadora, es la primera dama con más tiempo en ese cargo, esposa del presidente Yoweri Museveni. Ella ha tenido su propia carrera política pública, ocupando cargos como ministra de Asuntos de Karamoja, parlamentaria y ministra de Educación y Deportes, enfocando su labor en la infraestructura escolar y la calidad de la enseñanza. Impulsó el desarrollo y la pacificación en la región subdesarrollada de Karamoja. Además, fundó la Estrategia Nacional para el Adelanto de las Mujeres Rurales en Uganda (NSARWU), el Foro de la Juventud de Uganda y la Women’s Effort to Save Orphans (UWESO). Esta es una ONG dedicada a ayudar a huérfanos, especialmente a los afectados por conflictos. Es reconocida internacionalmente por su defensa de la maternidad segura, la lucha contra el VIH/SIDA y la capacitación de mujeres jóvenes, así como por utilizar su plataforma como primera dama para influir en la política social del país.
De primera dama a presidenta
De regreso en América Latina, nos encontramos con primeras damas que no se destacaron en este cargo, probablemente para evitar eclipsar a sus esposos, pero después de sus respectivos términos se convirtieron en presidentas de sus naciones.
Dentro de este grupo se encuentra otra mujer con el apellido Perón, que también fue primera dama de Argentina: Isabel Martínez de Perón (1973-1974), tercera esposa del presidente Juan Domingo Perón, quien llegó a convertirse en vicepresidenta de este país y asumió la presidencia al fallecer su esposo. Como primera dama, fue delegada en misiones internacionales.
En Panamá, Mireya Moscoso, esposa del presidente Arnulfo Arias Madrid, fue primera dama durante un breve período (11 días) tras el derrocamiento de su esposo en un golpe de Estado durante su tercer mandato. Tras el exilio del presidente, impulsó el Partido Arnulfista hasta llegar a la presidencia de su país (1999-2004).
Xiomara Castro, en Honduras (2006-2009), esposa del expresidente Manuel Zelaya, fue activa en programas sociales durante la administración de su esposo, antes de convertirse en presidenta electa en 2021.
Todas estas mujeres ocuparon cargos de primera dama conscientes de que nunca deberían eclipsar a sus maridos, a pesar de que tenían el potencial de ser más populares que ellos entre la gente. La legitimidad democrática se lo impedía: el presidente fue elegido por voto popular; la primera dama, no. Unido a lo anterior, una mayor popularidad podría debilitar la autoridad del presidente, generar la percepción de que gobierna “a través” de su pareja y dar pie a críticas de manipulación o de “liderazgo en la sombra”. Pero todas ellas salieron precisamente de las sombras para brillar con luz propia, sin afectar la imagen del presidente. Otras, que no he mencionado, se rebelaron y rechazaron el cargo para continuar con sus vidas profesionales. De esas hablaremos en la segunda parte de este reportaje.