
Su figura, sin embargo, sigue siendo polarizante: por un lado, admirada por sus seguidores como símbolo de renovación y firmeza; por otro, criticada por sus inicios ideológicos y por algunos aspectos de sus políticas contemporáneas.
Cuando se habla de política europea contemporánea, pocos nombres generan tantas discusiones y atención global como Giorgia Meloni. De orígenes humildes y con una trayectoria longeva en la escena pública italiana, su ascenso refleja cambios profundos en la política de su país y en el eje ideológico más amplio del continente.
Meloni nació el 15 de enero de 1977 en Roma, en el barrio de Garbatella, donde fue criada principalmente por su madre tras la separación de sus padres. Esa experiencia temprana marcó tanto su carácter como su visión política, forjando desde joven una fuerte determinación.
Su carrera política comenzó muy temprano: a los 15 años se unió al Youth Front, la organización juvenil del Movimiento Social Italiano (MSI), un partido con raíces postfascistas que buscaba posicionarse en la Italia de los años noventa. Con apenas 19 años ya lideraba “Student Action”, el movimiento estudiantil del sucesor del MSI, la Alianza Nacional, y se destacaba por su energía política y su capacidad de organización.
En 1998, con solo 21 años, Meloni fue elegida consejera provincial de Roma, dando sus primeros pasos en la administración pública. Su acelerado ascenso continuó: en 2006 ingresó a la Cámara de Diputados de Italia y se convirtió en una figura cada vez más visible dentro de la derecha nacional. Dos años después, en 2008, fue nombrada Ministra de Juventud en el gobierno de Silvio Berlusconi a los 31 años, convirtiéndose en la ministra más joven en la historia republicana italiana.
Sin embargo, el momento decisivo en su carrera llegó en 2012, cuando cofundó Fratelli d’Italia (Hermanos de Italia), un partido político que buscaba articular una alternativa dentro del espectro conservador y nacionalista italiano. Bajo su liderazgo —asumido de manera formal en 2014— la formación creció desde ser una fuerza marginal a convertirse en el centro de la derecha italiana.
La estrategia de Meloni fue clara: distanciar progresivamente a su partido de su pasado posfascista, moderar su retórica euroescéptica y posicionarse como una voz firme en temas de soberanía nacional, seguridad y valores tradicionales, al mismo tiempo que impulsaba compromisos con la seguridad europea y la alianza transatlántica.
Las elecciones generales de septiembre de 2022 marcaron un hito: Fratelli d’Italia obtuvo alrededor del 26 % de los votos, convirtiéndose en la fuerza dominante de la coalición de centroderecha. Con ese respaldo, Meloni fue invitada por el presidente de la república a formar gobierno, y el 21 de octubre de 2022 juró como primera ministra de Italia, siendo la primera mujer en la historia del país en ocupar ese cargo.
Desde entonces, su gobierno ha sido objeto de análisis y debates tanto dentro como fuera de Italia. En lo interno, ha buscado mantener estabilidad política en un país tradicionalmente fragmentado, consolidando una coalición que, según analistas, ha logrado uno de los mandatos más duraderos en décadas. En el plano internacional, Meloni ha desplegado un enfoque pragmático: apoyar a Ucrania frente a la agresión rusa, mantener la cooperación con la Unión Europea y la OTAN, y promover un papel activo de Italia en la política occidental.
Su figura, sin embargo, sigue siendo polarizante: por un lado, admirada por sus seguidores como símbolo de renovación y firmeza; por otro, criticada por sus inicios ideológicos y por algunos aspectos de sus políticas contemporáneas. Esta dualidad la convierte en una de las protagonistas más fascinantes de la política europea actual.
Giorgia Meloni no es simplemente un producto del sistema político italiano: es, más bien, un perfil que articula experiencia, ambición y la compleja historia de una Italia que mira hacia el futuro sin renunciar a sus debates pasados.
Foto tomada de Wikipedia.com