Desde soluciones para ahorrar tiempo en Rwanda hasta empleos más seguros en Sudáfrica, las comunidades están demostrando que el trabajo de cuidados no remunerado es un trabajo real y que está transformando las economías.

En África oriental y meridional, millones de mujeres comienzan la jornada mucho antes del amanecer. Acarrean agua, preparan la comida, cuidan de niñas, niños y parientes mayores; ayudan a familiares con discapacidad y se ocupan de mantener los hogares en funcionamiento. Este trabajo de cuidados no remunerado mantiene a flote las economías, pero tiene un costo. Las mujeres sufren pobreza de tiempo, ingresos reducidos y un mayor deterioro de la salud que los hombres.

En Sudáfrica viven 1,2 millones de personas trabajadoras del hogar, la mayoría procedentes de comunidades de bajos ingresos, migrantes e históricamente marginadas. Durante decenios, su trabajo sostuvo los hogares y la economía nacional mientras permanecían en la sombra, sin protección alguna y con bajos salarios.

Pero el cambio está tomando forma. En 2022, Sudáfrica introdujo la Ley de las personas trabajadoras del hogar, que estableció salarios mínimos y mecanismos de protección en el lugar de trabajo. Gracias a la presión de los sindicatos, quienes trabajan en el hogar obtuvieron asimismo el derecho a acogerse al Fondo del Seguro de Desempleo, que proporciona asistencia financiera a corto plazo a las personas trabajadoras que quedan en situación de desempleo.

En colaboración con los sindicatos, ONU Mujeres puso en marcha campañas, acciones de capacitación y talleres en Gauteng, el Cabo Occidental y KwaZulu-Natal. Estas iniciativas ayudan a las personas trabajadoras a conocer sus derechos, solicitar prestaciones y presionar para que se aplique con más rigor la legislación laboral. Sus prioridades son claras: registro obligatorio de todas las personas dedicadas al trabajo del hogar (incluidas las migrantes), normalización salarial, mejora de la calidad de las inspecciones de trabajo y herramientas sencillas de denuncia.

“La economía de los cuidados es la columna vertebral de nuestras sociedades. Cuando invertimos en los cuidados, invertimos en justicia económica, comunidades más sólidas y un futuro en el que el tiempo y el talento de las mujeres se valoren por igual”. – Anna Mutavati, Directora Regional de ONU Mujeres para África oriental y meridional.

En los hogares y en las plazas de los pueblos, las conversaciones están modificando poco a poco las expectativas; cada vez más hombres comparten las responsabilidades cotidianas, lo que alivia las tensiones familiares y sirve de ejemplo a la siguiente generación. A continuación se muestran tres ejemplos del efecto que está teniendo esta transformación en la vida real.

En Rwanda está combinando soluciones prácticas con audaces cambios legales. En julio de 2024, el país revisó su Ley reguladora de las personas y la familia con el fin de reconocer el trabajo de cuidados no remunerado en la propiedad conyugal, y lo valuó entre un 10 y un 39 por ciento de los activos adquiridos en común. Esto representó un hito histórico, y una encuesta de ONU Mujeres fue clave para demostrar que las mujeres destinan 3,7 horas diarias al trabajo de cuidados no remunerado, más del triple que los hombres.

Al incorporar los cuidados a la legislación, Rwanda envió una clara señal de que el trabajo invisible que sostiene a las familias y las comunidades es trabajo real. Trabajo que cuenta. En las comunidades se está extendiendo una infraestructura que ahorra tiempo: más de 1.100 cocinas energéticamente eficientes y 92 depósitos para la captación de agua de lluvia están facilitando las rutinas diarias. Según un estudio realizado en 2025, las mujeres utilizaron las horas ahorradas para cultivar, dirigir pequeños negocios y asistir a cursos de capacitación. Además, el hecho de utilizar cocinas no contaminantes resultó beneficioso para la salud de los hogares.

Rwanda se está replanteando quién se encarga de los cuidados. En Nyaruguru, Ngoma y Kirehe, los nuevos centros de desarrollo en la primera infancia ofrecen un lugar seguro para aprender y desarrollarse, al tiempo que cuidadoras y cuidadores con la capacitación requerida se centran en la nutrición y el aprendizaje de las infancias. Gracias a ello, las madres pueden disponer de unas horas muy valiosas para trabajar y descansar, mientras las mujeres locales desempeñan funciones remuneradas como cuidadoras profesionales.

Tanzanía: las mujeres ganan horas, salud y nuevas oportunidades

En Ikungi (región de Singida), Khadija Abdallah pasaba horas recogiendo leña y cocinando en estufas humeantes. Estas tareas le dejaban poco tiempo para su tienda y para sus hijas e hijos. Sin embargo, en la actualidad todo ha cambiado, gracias a una estufa mejorada que obtuvo por una iniciativa de ONU Mujeres apoyada por el Gobierno del Canadá.

En 2021, el Gobierno de Tanzanía se comprometió a reducir el trabajo de cuidados no remunerado de las mujeres, ampliar los servicios sociales y crear empleos decentes en el sector de los cuidados. Hoy estas promesas están respaldadas por políticas, como la política nacional de género y desarrollo de las mujeres (2023), que prioriza la responsabilidad compartida de los cuidados, y la las incorporen para 2034.

Singida, Dodoma y Zanzíbar

En cambio es tangible. Se han distribuido más de 400 equipos con tecnologías solares y de cocción limpia, que han reducido el tiempo de cocinar hasta tres horas al día y han disminuido drásticamente el tiempo dedicado cada semana a la recolección de leña. Tan solo en Ikungi, 248 hogares utilizan actualmente estufas mejoradas para cocinar y las mujeres que han recibido capacitación para instalarlas dirigen nuevos grupos empresariales en el marco de un proyecto de ONU Mujeres apoyado por el Departamento de Asuntos Exteriores, Comercio y Desarrollo del Gobierno del Canadá.

Los servicios de cuidado infantil están ahora más cerca de los lugares de trabajo de las mujeres. ONU Mujeres respaldó la apertura de dos guarderías en zonas de mercado en Ikungi y Puma, lo que permite que quienes se dedican al comercio puedan generar ingresos mientras las infancias aprenden de forma segura. También se han abierto más de 3.000 centros de desarrollo en la primera infancia en la zona continental y 54 en Zanzíbar, junto con nuevas salas de lactancia en oficinas y mercados, financiadas mediante la contribución del Gobierno de Tanzanía a la iniciativa Generación Igualdad promovida por ONU Mujeres.

Las actitudes también están cambiando en los hogares. Las conversaciones y campañas comunitarias están llevando a un mayor número de hombres a compartir las tareas domésticas. Como resultado de ello, en Ikungi y Puma las mujeres informan de rutinas más equilibradas y menos estrés por falta de tiempo.

Igualmente importante es el hecho de que las soluciones a los cuidados están llegando a personas que, con demasiada frecuencia, se ven ignoradas. Para las mujeres con discapacidad, los nuevos servicios —apoyados por el Gobierno del Canadá— significan mayor independencia, dignidad y la posibilidad de participar plenamente en la vida comunitaria.

El impulso es real. En África oriental y meridional, los cuidados están dejando de ser un “ a las familias, las comunidades y las economías. Y a medida que más mujeres como Marie Louise, Khadija y Noluthando recuperan el tiempo que merecen, la región se acerca a un futuro en el que los cuidados se valoren y compartan, y en el que todas las personas prosperen.

¿Qué cambia cuando invertimos en los cuidados?

La pobreza de tiempo disminuye: las cocinas que utilizan combustibles eficientes, las fuentes de agua potable cercanas y los servicios de cuidado infantil se traducen en horas disponibles para generar ingresos, estudiar o descansar.

Los ingresos aumentan: las mujeres crean empresas, se unen a cooperativas y acceden a trabajos remunerados.

Más hombres se vuelven aliados: las tareas domésticas y el cuidado de las hijas y los hijos se convierten en una responsabilidad compartida, lo que reconfigura la vida familiar y establece nuevos ejemplos para la siguiente generación.

Las personas que trabajan en el sector de los cuidados adquieren derechos: gracias a las nuevas leyes y la lucha por sus derechos, millones de personas están recibiendo salarios justos, prestaciones y condiciones más seguras, un reconocimiento largamente esperado.

Fuente: ONUMujeres

Foto: Binti Malu