Mayra Santos-Febres ha trabajado con una insistencia poco complaciente sobre género, raza, deseo, historia y desigualdad, y lo ha hecho sin separar nunca lo estético de lo político. Sirena Selena, vestida de pena, sigue siendo una puerta de entrada muy fértil para pensar en esa operación. No solo por la potencia de su argumento, sino también porque allí se vuelve visible una de las claves de su trayectoria: desmontar las fronteras rígidas entre cuerpo, identidad y representación.
Santos-Febres nació en Carolina, Puerto Rico, en 1966. Es poeta, novelista, ensayista, profesora universitaria, investigadora y gestora cultural. La Enciclopedia de Puerto Rico la presenta como una de las escritoras puertorriqueñas de mayor presencia nacional e internacional en la actualidad y no se trata de una frase protocolaria. Sus libros han circulado ampliamente, han sido traducidos a varios idiomas y han puesto en primer plano asuntos que durante mucho tiempo fueron tratados desde el estereotipo o la invisibilización.
Antes de consolidarse como novelista, Mayra Santos-Febres ya había llamado la atención en la poesía y el cuento. Anamú y Manigua, y El orden escapado, aparecen al inicio de su trayectoria poética, mientras que Pez de vidrio le dio un lugar propio en la narrativa breve. Luego llegarían novelas como Sirena Selena vestida de pena, Cualquier miércoles soy tuya, Fe en disfraz, Nuestra Señora de la noche y La amante de Gardel. Ese recorrido no responde a un mero cambio de formatos. Más bien, revela a una escritora que ha sabido mover sus preguntas entre géneros sin perder su núcleo temático.
Sirena Selena, vestida de pena, fue finalista del Premio Rómulo Gallegos en 2001 y se convirtió en uno de los libros más visibles de su carrera. La novela sigue a un joven transformista de voz extraordinaria en un mundo donde el deseo, la pobreza, la performance y la supervivencia se entrelazan. Lo importante aquí no es solo el argumento, sino el lugar desde el que se narra. Santos-Febres convierte el cuerpo —racializado, deseante, frágil, exhibido— en un campo de lectura social. Allí la feminidad no aparece como esencia tranquila, sino como construcción, tensión, actuación y también riesgo.
Esa intervención ha tenido un peso particular en la discusión cultural caribeña y latinoamericana. Su escritura no se limita a “representar” sujetos históricamente marginados. También discute cómo una sociedad ordena lo visible y lo decible. De ahí que, en sus libros, el deseo no funcione como adorno, sino como una vía para interrogar el poder, la clase, el racismo y la moral social. EnciclopediaPR destaca precisamente que en su obra sobresalen los temas de género y raza, así como la historia y un ensayo descolonizador.
En cuanto a reconocimientos, ha recibido, entre otros, el Premio Letras de Oro y el Premio Juan Rulfo de cuento, además de una beca Guggenheim, mientras que su obra narrativa y ensayística ha consolidado un perfil internacional sólido. Pero más allá de la suma de premios, su mayor aporte ha sido otro. Mayra Santos-Febres obligó a la literatura caribeña contemporánea a mirarse sin coartadas puritanas. Puso en agenda cuerpos y voces que demasiadas veces fueron leídos como excepción, escándalo o nota al pie.
El reto es leerla como ejercicio de desacomodo. Y tal vez de eso se trata una escritora necesaria: no de confirmar las categorías con las que llegamos, sino de exhibir sus límites. En la obra de Santos-Febres, la palabra no maquilla el conflicto. Lo encarna.








