A medio siglo del golpe de Estado de 1976 en Argentina, un webinar internacional reunió a voces de la historia, del derecho y de la literatura. El objetivo era reflexionar sobre la memoria como campo en conflicto y sobre el papel de las mujeres en la construcción de relatos frente al terrorismo de Estado.
El pasado 26 de marzo, Revista Petra y D3 Ediciones Scientia organizaron el webinar internacional “A 50 años del golpe en Argentina: disputas en torno a la memoria histórica”, un espacio de reflexión que puso en diálogo distintas disciplinas para abordar una pregunta central: ¿cómo se construye, se disputa y se preserva la memoria frente a las violencias del pasado?
A cincuenta años del inicio de la dictadura argentina, el encuentro partió de una certeza incómoda pero necesaria: la memoria no es un consenso, sino un terreno en tensión. En ella convergen relatos, silencios, conflictos políticos y reconstrucciones culturales que determinan no solo cómo se recuerda el pasado, sino también cómo se interpreta el presente.
María Marta Segura: entre la historia y las memorias
Desde la historiografía, María Marta Segura propuso una lectura que desarma cualquier intento de simplificación. En su intervención insistió con que la dictadura argentina sigue siendo un tema central porque interpela directamente a la democracia, obliga a preguntarse cómo fue posible que una sociedad transite a formas sistemáticas de violencia estatal.
En su reflexión, la memoria aparece como un proceso plural, en construcción permanente. No hay una sola memoria, sino múltiples memorias que conviven, se tensionan y, en ocasiones, se contradicen. Esa condición dinámica implica también reconocer que toda reconstrucción del pasado supone decisiones: qué se recuerda, qué se omite y desde qué lugar se narra.
Segura subrayó que la incorporación de la perspectiva de género ha sido clave para complejizar estas lecturas. Gracias a ella, fue posible visibilizar formas específicas de violencia —especialmente contra mujeres y diversidades— que durante años quedaron relegadas o subsumidas en categorías generales. Esta mirada no solo amplía el campo de análisis histórico, sino que también permite comprender cómo el orden de género operó en el terrorismo de Estado.
Al mismo tiempo, advirtió sobre un problema contemporáneo: las dificultades para transmitir estas memorias a las nuevas generaciones. En muchos casos, señaló, la enseñanza de la dictadura se ha reducido a relatos moralizantes o simplificados, lo que impide una comprensión crítica de los procesos históricos y limita la posibilidad de conectar ese pasado con los desafíos actuales.
Claudia Pekar: justicia, género y transformación del derecho
Desde el ámbito jurídico, Claudia Pekar abordó uno de los cambios más significativos en la construcción de memoria: el reconocimiento de la violencia sexual como crimen de lesa humanidad.
Su intervención trazó un recorrido que evidenció cómo, en los primeros juicios tras el retorno democrático, estas violencias se invisibilizaron o tratadas como aspectos secundarios y, muchas veces, excluidas de los registros judiciales. Durante años, los delitos sexuales fueron considerados atentados contra el “honor”, lo que trasladaba el peso moral a las víctimas y limitaba su reconocimiento como violaciones graves de derechos humanos.
Sin embargo, las transformaciones impulsadas por los movimientos feministas, junto con cambios normativos y avances en el derecho internacional, permitieron reconfigurar este enfoque. Con el tiempo, estas violencias comenzaron a ser entendidas como prácticas sistemáticas dentro del aparato represivo, atravesadas por la condición de género de las víctimas.
Pekar también amplió la discusión más allá del ámbito judicial. Señaló que la memoria no se construye únicamente en los tribunales, sino también en la cultura: en el cine, en los archivos, en los espacios de memoria y, en particular, en la literatura. En estos espacios se tensiona el sentido del pasado frente a discursos que buscan relativizar o negar las violaciones de derechos humanos.
En un contexto en el que resurgen narrativas negacionistas y se debilitan políticas públicas vinculadas a la memoria, su advertencia fue clara: preservar la memoria no es un ejercicio conmemorativo, sino una acción política imprescindible para sostener la democracia.
Marilyn Batista: la escritura del cuerpo femenino
La intervención de Marilyn Batista Márquez desplazó la conversación hacia el terreno de la literatura como experiencia viva de la memoria. Su enfoque puso en el centro una dimensión que durante mucho tiempo permaneció al margen de los relatos oficiales: la vida íntima, el cuerpo y lo cotidiano bajo el terror.
Desde esta perspectiva, la literatura escrita por mujeres no solo documenta la violencia, sino que también la reconfigura. Introduce nuevas formas de narrar que rompen con las estructuras tradicionales y permiten expresar el trauma, el miedo y la censura. En estas escrituras, el cuerpo aparece como un territorio atravesado por el poder, pero también como un espacio de resistencia.
Batista subrayó que estas narrativas han sido fundamentales para visibilizar violencias específicas —como la violencia sexual o el silenciamiento— que durante décadas se minimizaron o ignoradas en los discursos oficiales. Al hacerlo, amplían la comprensión del terrorismo de Estado y evidencian que la represión no se limitó a lo político, sino que penetró profundamente en la vida privada.
En ese sentido, la literatura se convierte en algo más que una expresión estética: es un acto de memoria, una forma de denuncia y un mecanismo para recuperar voces que la violencia intentó borrar. Desde los márgenes, estas escrituras han contribuido a reescribir la historia incorporando dimensiones que antes no tenían lugar en el relato dominante.
La memoria es un compromiso con el presente
El webinar permitió articular una mirada compleja y complementaria sobre la memoria histórica: desde la rigurosidad de la historia, la transformación del derecho y la potencia simbólica de la literatura.
A cincuenta años del golpe de Estado, la memoria continúa siendo un campo de minas donde se definen no solo el sentido del pasado, sino también las posibilidades del presente. Frente a los intentos de negación o relativización, estos espacios de reflexión reafirman que recordar es, en sí mismo, un acto político.
Porque cuando la memoria se debilita, también lo hace la democracia.
El encuentro fue moderado por el Dr. Verny Montoya Delgado, director editorial de Revista Petra y de D3 Ediciones Scientia.








