La expresidenta de Chile, Michelle Bachelet, ha sido pionera en el desempeño de cargos tradicionalmente ocupados por hombres, lo mismo en su país de origen, que a nivel internacional
Pionera en romper techos de género en el desempeño de cargos políticos, la ex presidenta chilena Michelle Bachelet ha sido, no obstante su exitosa carrerapolítica -lo mismo nacional que internacional-, recurrente blanco de críticas discriminatorias arbitrariamente generadas de parámetros patriarcales.
Médica, socialista, ex prisionera política durante la sanguinaria y corrupta dictadura militar (1973-1990) -encabezada por el general augusto Pinochet-, defensora de los derechos humanos, Bachelet señaló, en declaraciones publicadas, el 12 de diciembre, que cualquier mujer vanguardista en derribar barreras de género se enfrenta a obstáculos machistas arbitrariamente colocados en su camino -en algunos casos, por mujeres-.
Sin perjuicio de los diversos retos que ha enfrentado en ese sentido, Bachelet ha sido pionera en el desempeño de cargos tradicionalmente ocupados por hombres, lo mismo en su país de origen que a nivelinternacional.
En Chile, entre otros cargos, fue la primera ministra de Salud (2000-2002), lo mismo que de Defensa (2002-2004) -en ambos casos, durante la administración del socialdemócrata presidente (2000-2006) Ricardo Lagos-, y la primera presidenta (2006-2010, 2014-2018)
-en su primer mandato, sucediendo a Lagos, y en el segundo, antecedida y sucedida por el derechista y misógino Sebastián Piñera (2010-2014, 2018-2022), un admirador y defensor de Pinochet-.
A nivel internacional, fue la primera directora ejecutiva (2010-2013) de la Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres (ONU Mujeres) -agencia especializada que data de 2010-, así como la primera latinoamericana -la cuarta mujer- desempeñándose como alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (2018-2022).
“A las mujeres, tienden a cuestionarnos por cosas que no son sustantivas, y a descalificarnos, muchas veces”, planteó.
“Cuando fui electa (presidenta), había gente que me decía ‘no voy a votar nunca por una mujer’, me calificaban por mi aspecto físico, por la ropa que usaba”, relató.
“Cualquier error que en un hombre es considerado bueno, porque errar es humano, en una mujer se considera una tragedia”, porque “nos miden con una vara distinta”, precisó.
“A cualquier mujer, en cualquier ámbito en que fue pionera, se le presentan muchos obstáculos, desde la discriminación de pensar que no hay tantas mujeres competentes y que hay muchos hombres que sí lo son”, aseguró.
Respecto a lo ocurrido durante sus dos gestiones presidenciales, narró que, “si mi antecesor (…) mostraba alguna emoción por algo, era un hombre sensible”, y, “si yo mostraba emoción, era una histérica, una neurótica”.
“Si había una temática compleja, y yo consideraba que debía tomar espacio para tomar una decisión, era una indecisa, pero, si tomaba una decisión rápida frente a un tema que creía claro, estaba improvisando o no había pensado suficientemente bien”, siguió señalando, para subrayar que, “al final, daba lo mismo: iban a tratar de mostrar que fue incorrecto”.
“Es esta cosa brutal del patriarcado, donde a las mujeres se nos trata como de segunda categoría”, reflexionó, en calidad de denuncia.
En ese sentido, a manera de ejemplo sobre el menosprecio machista, dijo que “recuerdo un artículo que sacaron, en que el que faltaba poco para que el presidente de mi partido hubiera estado en mi parto: él me había hecho a mí, yo no tenía méritos propios”.
“En otro momento, en campaña, yo estaba separada, no tenía pareja, y una periodista me pregunta: ‘Y cómo lo va a hacer si no tiene pareja? Quién le dará contención y, además, cómo hará con sus hijos?’”, agregó, para puntualizar: “le preguntarían, eso mismo, a un hombre?”.
“A ellos, nunca les van a decir que abandonan a sus hijos, pero a una mujer se lo dicen de forma natural”, aseguró, a continuación.
“Claro, las mujeres también pueden cometer errores, cambiamos de opinión sobre cosas, porque uno es ser humano, pero a las mujeres no se las dejan pasar”, señaló.
Respecto a la paridad en materia de participación política y desempeño de cargos públicos, y lo complejo que resulta, en los hechos, lograr y mantener avances, Bachelet señaló, entre otros factores, a ausencia de apoyo.
“En muchos casos, las instituciones financieras, no les dan los mismos créditos que a los hombres”, comenzó a explicar.
“En otros, las mujeres no tienen recursos suficientes para hacer una campaña, ni apoyo de un partido, o (las agrupaciones políticas) las llevan porque hay que llevar mujeres, pero no las empujan para que salgan electas”, agregó.
En el segundo caso, la ex gobernante hizo, así, referencia, al incumplimiento que, con frecuencia, ocurre, por parte de partidos políticos, respecto a legislaciones nacionales vigentes que, en materia de género, procuran la igualdad de oportunidades, por ejemplo mediante la alternabilidad en las listas de candidatos.
Bachelet precisó, asimismo, que “las mismas mujeres, también ven al mundo de la política pelearse por cosas que no son los problemas que las aquejan”.
En ese contexto específico, “sienten que hay un distanciamiento, entre los partidos políticos y la ciudadanía”, continuó planteando, para agregar que, “por lo tanto, dicen: por qué discuten tanto de esto, cuando lo que a mí me importa es poder llegar (monetariamente) a fin de mes”.
Al respecto, en calidad de cuestionamiento, expresó que, “muchas veces, el mundo de la política se mira el ombligo”.
Sin embargo, en la visión de Bachelet, “con todo eso, es fundamental que las mujeres participen, porque las sociedades nuestras son, al menos, paritarias”, y, a continuación, planteó que, “en el mundo, somos elcincuenta por ciento, y hay que asegurar leyes electorales”.









