La depresión posparto puede afectar la vida de una mujer semanas o meses después del nacimiento de su hijo o hija y requiere diagnóstico y tratamiento. El juicio de Lindsay Clancy en Estados Unidos, cuya defensa sostiene que padecía una psicosis posparto cuando mató a sus tres hijos, ha vuelto a poner el foco en una etapa de la salud materna que no termina con el nacimiento.

El nacimiento de un hijo suele concentrar buena parte de la atención sanitaria en el bienestar del bebé y en la recuperación física de la madre. Sin embargo, durante el embarazo y después del parto también pueden aparecer trastornos de salud mental que requieren detección, seguimiento y tratamiento. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que aproximadamente el 10 % de las mujeres embarazadas y el 13 % de quienes acaban de dar a luz experimentan algún trastorno mental, principalmente depresión; en los países en desarrollo, las estimaciones ascienden al 15,6 % durante el embarazo y al 19,8 % después del nacimiento.

La depresión posparto forma parte de lo que actualmente se denomina depresión perinatal, que comprende los episodios depresivos ocurridos durante el embarazo y después del parto. El Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos (NIMH) explica que puede manifestarse como tristeza o ansiedad persistentes, desesperanza, irritabilidad, sentimientos de culpa, pérdida de interés, dificultades para dormir o concentrarse, cambios en el apetito, problemas para establecer un vínculo emocional con el bebé y dudas constantes sobre la capacidad para cuidarlo. En situaciones graves pueden aparecer pensamientos relacionados con la muerte, el suicidio o con hacerse daño a sí misma o al bebé.

Estos síntomas no deben confundirse automáticamente con la denominada tristeza posparto o baby blues. Durante las primeras dos semanas después del nacimiento, son frecuentes algunos cambios leves y transitorios del estado de ánimo, así como el cansancio, la preocupación o la sensación de estar abrumada. Cuando los síntomas son intensos, interfieren con las actividades cotidianas o persisten por más tiempo, pueden indicar una depresión que requiere valoración profesional.

La diferencia también importa para comprender el caso que actualmente concentra la atención en Estados Unidos. Lindsay Clancy, exenfermera de Massachusetts de 36 años, está siendo juzgada por la muerte de sus tres hijos pequeños, ocurrida en enero de 2023. Clancy no niega haberlos matado; la controversia judicial radica en determinar su responsabilidad penal. Su defensa sostiene que sufría una psicosis posparto y que no podía comprender adecuadamente sus actos, mientras que la Fiscalía argumenta que actuó de manera consciente. El juicio ha incluido testimonios periciales contradictorios y, al 2 de septiembre, el jurado continuaba sin haber alcanzado un veredicto.

El caso no permite concluir que la psicosis posparto haya sido la causa de las muertes mientras esa cuestión permanece precisamente bajo discusión judicial. Tampoco debería utilizarse para asociar la depresión posparto con el asesinato de niños o niñas. La depresión perinatal es considerablemente más frecuente y, con atención adecuada, puede tratarse. La psicosis posparto constituye una condición distinta, mucho menos común y de mayor gravedad.

Una revisión clínica publicada en Obstetrics and Gynecology Clinics of North America estima que la psicosis posparto afecta a aproximadamente una o dos mujeres por cada mil partos. Puede presentar delirios, alucinaciones, confusión, alteraciones marcadas del estado de ánimo y conductas alejadas de la realidad. Debido al riesgo que puede representar para la mujer y otras personas, se considera una emergencia psiquiátrica que requiere valoración inmediata y, en general, hospitalización.

Esta distinción ayuda a evitar dos errores. El primero consiste en minimizar los síntomas de una mujer después del parto bajo la idea de que sentirse triste, exhausta o desbordada forma inevitablemente parte de la maternidad. El segundo consiste en situarse en el extremo contrario y relacionar cualquier depresión posparto con comportamientos violentos excepcionales. Ambos enfoques contribuyen al estigma y pueden dificultar que una mujer comunique lo que está experimentando.

La atención sanitaria tiene un papel fundamental para evitarlo. El Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos (ACOG) recomienda evaluar a las mujeres mediante instrumentos estandarizados para detectar depresión y ansiedad durante la primera consulta prenatal, nuevamente durante el embarazo y en las consultas posteriores al parto. La recomendación incluye que los sistemas de salud dispongan de mecanismos que garanticen la evaluación diagnóstica, el tratamiento y el seguimiento cuando una prueba detecte posibles problemas.

Detectar síntomas sin ofrecer una respuesta asistencial resulta insuficiente. La depresión perinatal puede tratarse mediante psicoterapia, medicamentos o una combinación de ambas, según el caso y la valoración profesional. El NIMH señala que, con un tratamiento adecuado, la mayoría de las mujeres mejora, mientras que la OMS destaca que intervenciones eficaces pueden ser proporcionadas incluso por personal sanitario no especializado que haya recibido la formación correspondiente.

La necesidad de atención cobra mayor importancia cuando se consideran las dificultades para solicitar ayuda. El estigma en torno a los trastornos mentales puede llevar a algunas mujeres a ocultar síntomas por temor a ser consideradas incapaces de cuidar a sus hijos, mientras que determinadas expectativas culturales sobre la maternidad pueden dificultar que expresen tristeza, rechazo, ansiedad o agotamiento en una etapa socialmente presentada como necesariamente feliz.

Los propios sistemas sanitarios pueden perder oportunidades de detectar esas señales. Datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos han mostrado que aproximadamente una de cada ocho mujeres con un parto reciente reportó síntomas de depresión posparto. Investigaciones anteriores de la misma institución encontraron, además, mujeres que no habían sido consultadas sobre depresión durante sus controles prenatales o posteriores al nacimiento, lo que evidencia que incorporar la salud mental a la atención materna requiere algo más que esperar a que la paciente solicite ayuda por iniciativa propia.

La responsabilidad tampoco debería recaer exclusivamente sobre ella. Parejas, familiares y personas cercanas pueden advertir cambios importantes en el comportamiento, acompañar la búsqueda de atención y contribuir a reducir las cargas de cuidado, mientras que los servicios sanitarios necesitan reconocer que la recuperación después del parto abarca dimensiones físicas, sociales y psicológicas.

El juicio de Lindsay Clancy determinará su responsabilidad penal individual y corresponde al jurado valorar las pruebas presentadas sobre su estado mental. Su caso, excepcional y trágico, ha permitido, sin embargo, plantear una cuestión sanitaria mucho más amplia ante la opinión pública: millones de mujeres atraviesan el embarazo y el posparto mientras experimentan depresión, ansiedad u otros trastornos mentales que pueden ser diagnosticados y tratados.

Atender la salud materna implica acompañar el embarazo y procurar un parto seguro, pero el cuidado no termina cuando nace el bebé. También requiere observar cómo está la mujer que acaba de convertirse en madre, preguntarle por su bienestar emocional, escuchar sus respuestas y garantizarle atención cuando la necesite.

Referencias

American College of Obstetricians and Gynecologists. (2023). Screening and diagnosis of mental health conditions during pregnancy and postpartum: ACOG Clinical Practice Guideline No. 4. Obstetrics & Gynecology, 141(6), 1232–1261. https://doi.org/10.1097/AOG.0000000000005200

BBC News Mundo. (2026, 2 de septiembre). Las claves del caso de la mujer acusada de asesinar a sus 3 hijos pequeños. https://www.bbc.com/mundo/articles/czxz70n529eo

Centers for Disease Control and Prevention. (2024, 14 de mayo). Symptoms of depression among women. https://www.cdc.gov/reproductive-health/depression/index.html

National Institute of Mental Health. (s. f.). Depresión perinatal. https://www.nimh.nih.gov/health/publications/espanol/depresion-perinatal

Osborne, L. M. (2018). Recognizing and managing postpartum psychosis: A clinical guide for obstetric providers. Obstetrics and Gynecology Clinics of North America, 45(3), 455–468. https://doi.org/10.1016/j.ogc.2018.04.005

Organización Mundial de la Salud. (s. f.). Perinatal mental health. https://www.who.int/teams/mental-health-and-substance-use/promotion-prevention/perinatal-mental-health