Más del 70 % de la producción de textiles mayas en el occidente de Guatemala está impulsada por mujeres. Mientras algunas organizaciones venden en mercados internacionales y desarrollan marcas propias, las tejedoras reclaman protección para diseños y técnicas que forman parte de un conocimiento colectivo transmitido durante generaciones. La discusión llega a un punto central de su autonomía económica: quién obtiene los ingresos que genera ese conocimiento.
Los textiles mayas constituyen una actividad económica en la que miles de mujeres guatemaltecas aportan conocimientos adquiridos en sus familias y comunidades. El tejido requiere dominio de técnicas, materiales, colores, símbolos y diseños cuya elaboración puede demandar días o meses. Alrededor de ese trabajo operan proveedores, intermediarios, comerciantes, empresas turísticas, exportadores y plataformas de venta. La pieza que llega al mercado es, por ello, el resultado visible de una cadena bastante más extensa.
Una investigación publicada por la Organización Internacional del Trabajo en 2025 estudió esa cadena en el occidente de Guatemala y encontró que más del 70 % de la producción está impulsada por mujeres artesanas. El informe identificó dificultades relacionadas con la informalidad, el acceso a los mercados, las condiciones laborales y la organización productiva. Entre las posibilidades de desarrollo señaló la diversificación, las prácticas ambientales sostenibles, el turismo y una mayor articulación comercial.
La participación mayoritaria de las mujeres en la producción adquiere una perspectiva distinta al observar cómo se distribuye el valor a lo largo de la cadena de valor. Elaborar una pieza forma parte del proceso económico. Su precio final depende de otros factores, como la diferenciación, la marca, la intermediación, el acceso al mercado y la capacidad de llegar directamente a quien compra. Las organizaciones de tejedoras han comenzado a trabajar en esos componentes sin desprenderse del conocimiento que da identidad a sus productos.
En Tactic, Alta Verapaz, 30 mujeres Poqomchi’ participaron en un programa de formación y mentoría de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual. El proceso abordó herramientas empresariales y de propiedad intelectual aplicables a sus actividades productivas. Tres grupos avanzaron en la creación de las marcas Pehrk’ux, Holkeej y Nuxik, vinculadas a su identidad cultural y a los productos que elaboran.
Registrar y desarrollar una marca puede parecer un cambio pequeño frente a una tradición textil de siglos, pero tiene consecuencias comerciales concretas. Permite identificar quién produce, diferenciar un producto y construir una relación propia con el mercado. Para las tejedoras, ese aprendizaje introduce herramientas que pueden ayudar a evitar que su trabajo llegue a las personas consumidoras sin información sobre su procedencia o separado de quienes lo crearon.
La experiencia de la Asociación Cojolyá evidencia un nivel de comercialización más avanzado. La organización reúne a aproximadamente 50 integrantes y vende sus productos a través del comercio electrónico, además de realizar exportaciones mayoristas a siete países. Estados Unidos constituye su principal mercado internacional y la asociación forma parte de la World Fair Trade Organization.
Cojolyá ha recibido acompañamiento de la OMPI para aplicar herramientas de propiedad intelectual al comercio electrónico y fortalecer la protección de sus productos. El trabajo aborda marcas, información comercial y mecanismos de diferenciación frente a textiles fabricados industrialmente que pueden presentarse ante compradores como tejidos mayas tradicionales. Para una organización que vende fuera de Guatemala, identificar el origen y las características del producto influye directamente en su posición comercial.
Otra experiencia colectiva ha llevado esta discusión al terreno de la venta directa. Job’ Kem, creada por Consejos de Tejedoras vinculados al Movimiento Nacional de Tejedoras, reúne a alrededor de 200 integrantes. Su actividad comprende textiles e indumentaria tradicionales, así como otros productos y publicaciones, y procura establecer condiciones de comercialización que reconozcan el trabajo de las productoras.
Estas experiencias empresariales conviven con una discusión que, durante 2026, adquirió mayor presencia institucional. Más de cien representantes de organizaciones de tejedoras llevaron al Congreso de Guatemala una propuesta para proteger los textiles y la indumentaria de los pueblos y comunidades indígenas. En junio, el VIII Encuentro Nacional de Tejedoras reunió a representantes de 26 comités procedentes de siete departamentos.
El planteamiento reclama el reconocimiento colectivo de los diseños, símbolos, técnicas y conocimientos asociados a los textiles. La demanda tiene antecedentes inmediatos. Durante 2025, el Movimiento Nacional de Tejedoras había presentado ante el Congreso una propuesta orientada a reconocer a los pueblos mayas como creadores de la propiedad intelectual colectiva y a establecer mecanismos de protección frente al uso comercial de sus creaciones.
La Secretaría Presidencial de la Mujer incorporó posteriormente el tema a una mesa interinstitucional con el Movimiento Nacional de Tejedoras. Entre los asuntos abordados figuran la propiedad intelectual colectiva, los conocimientos ancestrales, el plagio y la autonomía económica. Esta última permite situar el debate en las condiciones materiales en las que las mujeres producen y comercializan.
Cuando un diseño tradicional es reproducido industrialmente o utilizado comercialmente por terceros, la discusión no se limita al reconocimiento cultural. Existe un producto que puede generar ingresos a partir de conocimientos desarrollados y conservados por determinadas comunidades. La protección que reclaman las tejedoras busca establecer derechos sobre el vínculo entre la creación, la procedencia y el aprovechamiento económico.
El desafío plantea dificultades jurídicas que aún están en discusión. Los conocimientos y diseños colectivos transmitidos durante generaciones no encajan necesariamente en las categorías convencionales de propiedad intelectual destinadas a autores, inventores o empresas individuales. Las propuestas impulsadas por las tejedoras buscan precisamente mecanismos capaces de reconocer una autoría comunitaria que no pertenece a una sola persona.
Esta discusión se da mientras el sector enfrenta otros retos económicos. La OIT advierte sobre la informalidad y las condiciones laborales, y plantea oportunidades asociadas con una producción más sostenible y el acceso a nuevos mercados. Las herramientas comerciales pueden ampliar las posibilidades de las organizaciones, aunque sus resultados dependerán de la capacidad de negociar precios, reducir la intermediación y sostener estructuras empresariales que beneficien efectivamente a las productoras.
Las experiencias de las mujeres Poqomchi’, Cojolyá y Job’ Kem muestran distintos momentos de ese proceso. Unas comienzan a construir marcas propias, otras venden a través de canales digitales y exportan, mientras que organizaciones de alcance nacional buscan reconocimiento jurídico para los conocimientos colectivos. La actividad económica conserva técnicas transmitidas durante generaciones, pero las condiciones de comercialización empiezan a incorporar instrumentos que permiten identificar el origen, proteger las creaciones y relacionarse de manera más directa con los mercados.
Para las tejedoras mayas, ampliar su autonomía económica depende en gran medida de cuánto control puedan ejercer sobre el recorrido comercial de lo que producen. Su conocimiento ya genera valor. La disputa actual se centra en las condiciones bajo las cuales ese valor se reconoce, se protege y, finalmente, se remunera.
Referencias
Organización Internacional del Trabajo. (2025). Cadena de valor de textiles mayas en Guatemala: hacia iniciativas verdes y trabajo decente.
https://www.ilo.org/es/publications/cadena-de-valor-de-textiles-mayas-en-guatemala-hacia-iniciativas-verdes
https://doi.org/10.54394/ZDTI9817
Organización Mundial de la Propiedad Intelectual. (2026). Weaving tradition: Poqomchi’ women in Guatemala.
https://www.wipo.int/de/web/videos/w/weaving-tradition-poqomchi-women-in-guatemala
Organización Mundial de la Propiedad Intelectual. (s. f.). Cojolya Association.
https://www.wipo.int/en/web/ip-advantage/w/stories/cojolya-association
Organización Mundial de la Propiedad Intelectual. (s. f.). Galería de empresarias indígenas y de comunidades locales.
https://www.wipo.int/es/web/traditional-knowledge/women-entrepreneurs/indigenous-peoples-gallery
Congreso de la República de Guatemala. (2026). Tejedoras presentan propuesta para proteger textiles e indumentaria de pueblos y comunidades indígenas.
https://www.congreso.gob.gt/noticias_congreso/16315/2026/3
Congreso de la República de Guatemala. (2025). Movimiento Nacional de Tejedoras presenta propuesta para protección de la propiedad intelectual colectiva.
https://www.congreso.gob.gt/noticias_congreso/13114/2025/3
Secretaría Presidencial de la Mujer. (2026). SEPREM impulsa acciones para la protección de la propiedad intelectual colectiva de las mujeres tejedoras.
https://seprem.gob.gt/seprem-impulsa-acciones-para-la-proteccion-de-la-propiedad-intelectual-colectiva-de-las-mujeres-tejedoras/
Diario de Centroamérica. (2026). Tejedoras solicitan ley sobre textiles.
https://dca.gob.gt/noticias-guatemala-diario-centro-america/tejedoras-solicitan-ley-sobre-textiles/








