En la región, la tecnología crece más rápido que las oportunidades;  por eso, Mariana Costa Checa (Lima, 1986) decidió intervenir en la ecuación: formar mujeres para el futuro digital. Su enfoque no es tratarlas como beneficiarias, sino como protagonistas de una transformación económica y social.

En América Latina, el crecimiento del sector tecnológico convive con una paradoja persistente: empresas que buscan talento especializado y, al mismo tiempo, miles de mujeres excluidas de esas oportunidades por barreras estructurales. Fue en ese punto de ignición cuando Costa Checa encontró su propósito.

Emprendedora social peruana, reconocida por MIT Technology Review como una de las Innovators Under 35 en 2016, sitúa su trabajo en un lugar estratégico: la intersección entre tecnología, desigualdad y movilidad social. Su enfoque es claro desde el inicio: la tecnología no es el fin; es el medio. Por eso, su trayectoria académica no es técnica en sentido tradicional y ahí radica parte de su fortaleza. Formada en Relaciones Internacionales en la London School of Economics y con una maestría en Administración Pública en la Universidad de Columbia, ella no parte de su lectura del problema del código, sino de la estructura.

Al regresar a Perú, identificó una contradicción evidente: mientras el mercado demandaba perfiles en programación y diseño digital, miles de mujeres jóvenes permanecían atrapadas en empleos informales o de baja remuneración, sin acceso a una formación de calidad. En 2014 fundó Laboratoria, una organización que replantea la forma de acceder a la educación tecnológica. Su modelo es directo y disruptivo: un bootcamp intensivo de seis meses en desarrollo web y en experiencia de usuario (UX), dirigido a mujeres con alto potencial pero sin acceso a la educación superior formal. Las estudiantes no pagan por adelantado: solo lo hacen cuando consiguen empleo en el sector tecnológico. Este esquema redefine el concepto de éxito educativo: la formación solo tiene sentido si transforma la vida de quien la recibe.

Laboratoria ha formado a más de 3.000 mujeres en Perú, Chile, México, Colombia y Brasil, con tasas de empleabilidad superiores al 80% en los primeros meses tras la graduación. El impacto real no se limita a los números: mujeres que triplican sus ingresos y reconfiguran la economía de sus hogares; equipos tecnológicos que comienzan a incorporar diversidad en espacios históricamente masculinizados; empresas que se ven obligadas a revisar sus propios sesgos de contratación.

Su liderazgo ha sido reconocido internacionalmente: en 2017 fue seleccionada como Young Global Leader por el World Economic Forum y en 2019 fue incluida en la lista de las 100 Women de la BBC. Además, Laboratoria ha establecido alianzas con empresas globales como Google, LinkedIn y Microsoft, lo que consolida su modelo como referente en innovación educativa y social.

En un momento en que la inteligencia artificial y la automatización redefinen el mercado laboral, la pregunta no es solo quién accede a la tecnología, sino también quién la diseña y desde qué mirada. La ausencia de mujeres en estos espacios no es un problema de representación simbólica, sino de poder. Laboratoria interviene precisamente ahí: no solo formando talento, sino también alterando la composición de quienes construyen el futuro digital.

El trabajo de Mariana Costa Checa demuestra que América Latina no solo enfrenta desigualdades, sino que también desarrolla soluciones innovadoras para abordarlas. Su modelo ha sido replicado, estudiado y reconocido internacionalmente no por su escala, sino por su lógica: alinear la educación, el mercado laboral y la justicia social.

Porque en la era digital, quien no accede al conocimiento técnico no solo queda fuera del mercado laboral, sino también de la construcción del mundo que nos rodea y del que viene. Y ahí es donde el trabajo de Mariana Costa Checa adquiere su verdadera dimensión: no está enseñando a programar, sino ayudando a reescribir quién tiene derecho a hacerlo.

 

Foto tomada de: https://www.marianacostacheca.com/