“¡Viva Antonia Nava!”, pronunció Claudia Sheinbaum desde el balcón del Palacio Nacional la noche del 15 de septiembre. Para muchas personas, el nombre resultó desconocido. Detrás de aquella arenga está la historia de una insurgente que participó durante años en la lucha por la independencia y de una discusión más amplia sobre las mujeres que quedaron fuera del relato tradicional de la historia mexicana.
Entre Miguel Hidalgo, José María Morelos, Vicente Guerrero, Josefa Ortiz Téllez-Girón, Leona Vicario y Gertrudis Bocanegra apareció un nombre menos familiar durante el segundo Grito de Independencia encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum. “¡Viva Antonia Nava!”, exclamó antes de continuar con una arenga que también incorporó referencias a los pueblos indígenas y afromexicanos, a las personas migrantes, a la igualdad, a la justicia y a la democracia.
La mención despertó una interrogante que comenzó a repetirse en los medios y en las conversaciones digitales mexicanas: ¿quién fue Antonia Nava? Durante las horas posteriores al Grito, distintos medios nacionales publicaron perfiles destinados precisamente a responderla. La reacción resulta significativa porque Nava no es una figura recién descubierta por la historiografía. Su nombre fue inscrito con letras de oro en el Congreso de la Unión en 1948 y su memoria permanece particularmente vinculada a Guerrero.
Antonia Luisa Nava nació en 1779 en Tixtla, en el actual estado de Guerrero. Cuando comenzó la guerra de Independencia, vivía en Jaleaca con su esposo, Nicolás Catalán, y sus ocho hijos. Se incorporó a la insurgencia del sur y participó en un espacio que excedió las labores de cuidado y abastecimiento habitualmente atribuidas a las mujeres en los relatos de guerra. Las fuentes históricas la sitúan junto a las fuerzas vinculadas a José María Morelos, Nicolás Bravo y Vicente Guerrero, y documentan su participación directa en la resistencia. De allí provino el nombre con el que pasó a la historia: “La Generala”.
Uno de los episodios que forjaron su memoria ocurrió en 1817, durante el sitio del Cerro del Campo. Las fuerzas insurgentes estaban cercadas por tropas realistas y llevaban semanas enfrentando graves dificultades para conseguir alimentos. Los relatos históricos señalan que Nava y otras mujeres se presentaron ante Nicolás Bravo y se ofrecieron a ser sacrificadas antes de que se matara a integrantes de la tropa para alimentar a los sobrevivientes. El sacrificio no ocurrió. Las mujeres participaron después en el intento de romper el cerco, armadas con machetes y garrotes.
La dimensión de su participación tampoco puede explicarse únicamente por su relación con Nicolás Catalán. Durante la guerra perdió a dos de sus hijos y continuó vinculada a la insurgencia tras el fusilamiento de Morelos en 1815. Permaneció en la resistencia hasta la consumación de la Independencia y el 27 de septiembre de 1821 participó en la entrada del Ejército de las Tres Garantías en la Ciudad de México. Murió en Chilpancingo en 1843.
¿Por qué, entonces, su nombre resulta desconocido para tantas personas?
Las investigadoras Blanca E. Rivera del Río y Estela Díaz Escobar estudiaron precisamente esa contradicción. En su trabajo sobre Nava, sostienen que las mujeres participaron de diversas maneras en la Independencia, pero buena parte de esa experiencia quedó subordinada a un imaginario histórico construido en torno a los héroes masculinos. En el caso de “La Generala”, advierten, además, sobre una práctica particularmente reveladora: presentarla fundamentalmente como esposa de Nicolás Catalán, en lugar de reconocerla como protagonista de su propia trayectoria política e insurgente.
El problema excede a Antonia Nava. La historia de las independencias latinoamericanas incorporó durante mucho tiempo a las mujeres a través de un reducido grupo de heroínas excepcionales, mientras que otras combatientes, organizadoras, informantes, financiadoras, cuidadoras y participantes de las redes insurgentes permanecieron en planos secundarios. Recuperarlas implica revisar qué actividades fueron consideradas históricamente políticas y cuáles quedaron relegadas a la vida doméstica o al acompañamiento de los hombres.
La aparición de Nava en el Grito de 2026 tampoco fue improvisada. Cinco días antes de la ceremonia, el 10 de septiembre, su trayectoria había sido presentada en la sección “Mujeres en la Historia” de la conferencia presidencial. Sheinbaum había anunciado, además, que incorporaría al Grito los nombres de héroes y heroínas que habitualmente no figuran en la ceremonia.
Esa política de recuperación de personajes femeninos forma parte de una iniciativa más amplia de su administración. En junio, la Subsecretaría de Educación Básica defendió la necesidad de reconocer la participación de las mujeres en la construcción histórica de México y recordó, entre otros antecedentes, la existencia, a comienzos del siglo XX, de un Club Antonia Nava integrado por mujeres que intervinieron en la oposición al porfiriato.
La propia ceremonia del 15 de septiembre incorporó otros elementos vinculados a esa representación. Por segundo año consecutivo, la bandera fue entregada a la presidenta por una escolta integrada exclusivamente por mujeres. La transmisión nacional contó, además, con representantes indígenas, afromexicanos y migrantes, mientras que Sheinbaum incorporó explícitamente a los pueblos afromexicanos en sus arengas.
La selección de nombres en una ceremonia oficial también constituye una decisión sobre la memoria pública. Los personajes mencionados desde el balcón del Palacio Nacional adquieren una visibilidad que difícilmente ofrecen los archivos, las monografías históricas o incluso los reconocimientos legislativos. Antonia Nava ofrece un ejemplo singular: llevaba casi ocho décadas inscrita con letras de oro en el Congreso mexicano cuando millones de personas escucharon por primera vez su nombre.
La interrogante que circuló después del Grito —“¿quién fue Antonia Nava?”— revela precisamente esa distancia. “La Generala” no apareció por primera vez en la historia mexicana el 15 de septiembre de 2026. Lo que ocurrió esa noche fue que una mujer que había participado en la Independencia entró, quizá por primera vez en su memoria de la Independencia, ante millones de personas.
Referencias
Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión. (s. f.). Doña Antonia Nava de Catalán, heroína de la Independencia. https://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/muro/pdf/nava_perfil.pdf
El Financiero. (2026, 16 de septiembre). ¿Quién fue Antonia Nava, “La Generala”, otra de las históricas de la Independencia de México? https://www.elfinanciero.com.mx/nacional/2026/09/16/quien-fue-antonia-nava-la-generala-otra-de-las-historicas-de-la-independencia-de-mexico/
Infobae. (2026, 16 de septiembre). ¿Quién fue Antonia Nava? La heroína de la Independencia mencionada por Claudia Sheinbaum en el Grito. https://www.infobae.com/mexico/2026/09/16/quien-fue-antonia-nava-la-heroina-de-la-independencia-mencionada-por-claudia-sheinbaum-en-el-grito-video/
N+. (2026, 16 de septiembre). Antonia Nava y los nuevos vivas en el segundo Grito de Sheinbaum. https://www.nmas.com.mx/sociedad/quien-es-antonia-nava-la-generala-y-cuales-fueron-los-nuevos-vivas-en-el-segundo-grito-sheinbaum/
Presidencia de la República. (2026, 10 de septiembre). Versión estenográfica. Conferencia de prensa de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo del 10 de septiembre de 2026. Gobierno de México. https://www.gob.mx/presidencia/articulos/version-estenografica-conferencia-de-prensa-de-la-presidenta-claudia-sheinbaum-pardo-del-10-de-septiembre-de-2026
Secretaría de Educación Pública. (2026, 25 de junio). “La historia también se construye con la voz y la participación de las mujeres”: Noemí Juárez. Subsecretaría de Educación Básica. https://educacionbasica.sep.gob.mx/la-historia-tambien-se-construye-con-la-voz-y-la-participacion-de-las-mujeres-noemi-juarez/








