El 91,1 % de las mujeres con créditos mantiene sus obligaciones al día en Costa Rica, frente al 89,4 % de los hombres. Pese a ese mejor comportamiento de pago, ellas representan el 45,7 % de las personas con créditos activos y reciben montos promedio inferiores.
Pagar puntualmente una deuda debería ser una de las mejores cartas de presentación para acceder al sistema financiero. En Costa Rica, las mujeres muestran un cumplimiento crediticio ligeramente superior al de los hombres, pero esa ventaja aún no se traduce en condiciones de acceso al financiamiento equivalentes.
A diciembre de 2024, el país registraba 1.285.236 personas con créditos activos. De ellas, 586.960 eran mujeres, un 45,7 %, mientras 698.276 eran hombres, el 54,3 %, según el IV Informe de Brechas entre Hombres y Mujeres en el Acceso y Uso de Productos y Servicios Financieros, liderado por el Instituto Nacional de las Mujeres (INAMU) con participación de las superintendencias financieras, el Sistema de Banca para el Desarrollo (SBD), el Ministerio de Economía, Industria y Comercio, el Instituto Nacional de Aprendizaje y la Asociación Bancaria Costarricense.
La diferencia se ha reducido. En 2020, la brecha entre mujeres y hombres con créditos activos alcanzaba el 20,1 %; en 2022 bajó al 18,4 % y en 2024 se situó en 15,9 %. El avance muestra una mayor participación femenina en la financiación, aunque todavía existe una brecha considerable respecto de los hombres.
El importe recibido introduce otra diferencia. El crédito medio de las mujeres fue de ₡11.847.365, mientras que el de los hombres alcanzó los ₡13.712.104. La brecha es del 13,6 %, de manera que no solo hay menos mujeres con créditos activos, sino que el financiamiento que reciben es, en promedio, 1,86 millones de colones menor.
Los datos adquieren mayor relevancia al observar el comportamiento de pago. El 91,1 % de las mujeres mantiene sus operaciones crediticias al día, frente al 89,4 % de los hombres. La menor participación femenina en la financiación, por tanto, convive con indicadores de cumplimiento favorables.
Esta diferencia no permite concluir, por sí sola, que las entidades financieras nieguen créditos a las mujeres por motivos de género. El acceso a la financiación depende de los ingresos, la capacidad de pago, la estabilidad laboral, el patrimonio, las garantías, el historial crediticio y otras variables. El problema surge cuando esas condiciones se analizan en una economía en la que mujeres y hombres no necesariamente llegan al sistema financiero desde el mismo punto de partida.
Las brechas laborales, la informalidad, los menores ingresos y la distribución desigual del trabajo doméstico y de cuidados inciden en la autonomía económica y pueden limitar la capacidad de reunir garantías, generar un historial financiero o asumir determinadas obligaciones. Por eso, el IV Informe no estudia únicamente cuántas mujeres tienen una cuenta o un préstamo, sino que incorpora variables estructurales del sistema económico y normas sociales para comprender las diferencias en los resultados financieros.
La desigualdad resulta particularmente visible cuando el crédito tiene una finalidad productiva. El Sistema de Banca para el Desarrollo fue creado precisamente para facilitar la financiación de actividades productivas y establece como una de sus prioridades el acceso de las mujeres. Sin embargo, a diciembre de 2024, ellas recibieron solamente el 27 % de los recursos crediticios colocados por el SBD: ₡164.269 millones, frente a ₡370.399 millones destinados a hombres.
La diferencia importa porque un crédito productivo puede determinar la posibilidad de iniciar un negocio, adquirir maquinaria, ampliar instalaciones, financiar el capital de trabajo o llevar una empresa a una nueva etapa. Cuando el acceso a esos recursos es desigual, también pueden serlo las posibilidades de crecimiento y de acumulación de patrimonio.
La autonomía económica no consiste únicamente en generar ingresos. Implica disponer de recursos propios, tomar decisiones sobre ellos, construir patrimonio y contar con herramientas para enfrentar contingencias y desarrollar proyectos personales o empresariales. Desde esa perspectiva, el crédito puede convertirse en una herramienta para ampliar oportunidades, siempre que sea acorde con la capacidad de pago y no conduzca al sobreendeudamiento.
Costa Rica lleva varios años midiendo estas diferencias. Los informes sobre brechas financieras comenzaron a establecer una línea de base en 2019 y, posteriormente, incorporaron el ahorro, los seguros, las pensiones, el mercado de valores y otras dimensiones. El seguimiento permite identificar un resultado no menor: la brecha crediticia disminuye, aunque lentamente.
El desafío consiste ahora en comprender por qué persisten diferencias en el número de personas financiadas, en los montos otorgados y, especialmente, en el crédito destinado a actividades productivas. Esto requiere examinar tanto las prácticas del sistema financiero como las condiciones económicas que anteceden a una solicitud de financiación.
Los datos sobre el cumplimiento aportan una pieza importante a esa discusión. Las mujeres no muestran un peor comportamiento crediticio que justifique asumir, de manera general, un mayor riesgo por razón de sexo. Por el contrario, presentan una proporción ligeramente superior de operaciones diarias.
Cerrar la brecha tampoco significa conceder crédito sin evaluar riesgos ni promover el endeudamiento como sinónimo de inclusión. Significa que una mujer con capacidad de pago y un proyecto viable pueda encontrar oportunidades de financiación comparables, sin que las desigualdades acumuladas en ingresos, patrimonio, empleo o responsabilidades de cuidado se conviertan en barreras permanentes para su desarrollo económico.
Costa Rica ha reducido la brecha entre mujeres y hombres en el acceso al crédito en los últimos años. Los datos muestran, sin embargo, que alcanzar una participación semejante será solo una parte del camino. La igualdad financiera también tendrá que reflejarse en la financiación que reciben las mujeres y en las oportunidades que ese dinero les permite crear.
Referencias
Instituto Nacional de las Mujeres. (2025). IV Informe sobre las brechas entre hombres y mujeres en el acceso y uso de productos y servicios financieros en Costa Rica. INAMU. https://www.inamu.go.cr/documents/37629/346445/IV%20Informe%20de%20brechas%20entre%20hombres%20y%20mujeres%20%202025.pdf/5c474c21-fe42-5054-4f84-d76158feeca9
Instituto Nacional de las Mujeres. (s. f.). Proceso de inclusión financiera de las mujeres. INAMU. https://www.inamu.go.cr/en/nuestro-trabajo
Rosales, D. (2026). Las mujeres muestran un mayor cumplimiento crediticio, pero concentran menos de la mitad de los créditos en Costa Rica. Revista Summa. https://revistasumma.com/mujeres-muestran-mayor-cumplimiento-crediticio-pero-concentran-menos-de-la-mitad-de-los-creditos-en-costa-rica/








