La historiadora, crítica y curadora brasileña murió a los 96 años, tras una trayectoria dedicada a estudiar el modernismo, dirigir museos y revisar la posición de Brasil en el arte latinoamericano. Su investigación sobre Tarsila do Amaral contribuyó, además, a documentar en profundidad la obra de una artista que hoy ocupa un lugar central en la historia cultural de su país.
Aracy Amaral pasó más de seis décadas investigando el arte brasileño. Cuando murió este 14 de septiembre en São Paulo, a los 96 años, dejaba una producción intelectual difícil de separar de la manera en que Brasil estudia actualmente su modernismo: escribió sobre la Semana de Arte Moderno de 1922, investigó las relaciones entre la creación artística y el compromiso social, dirigió dos importantes museos públicos y dedicó una parte considerable de su trabajo a Tarsila do Amaral.
La Universidad de São Paulo (USP), donde desarrolló buena parte de su carrera académica, la consideraba la principal especialista del país en la obra de Tarsila. Su investigación sobre la artista comenzó cuando todavía eran escasos los estudios sistemáticos sobre algunas de las mujeres que habían participado en la renovación artística brasileña de comienzos del siglo XX.
Amaral publicó en 1975 Tarsila: su obra e seu tempo, resultado de años de investigación documental y considerado por la USP como el primer trabajo biográfico sobre la artista. El estudio permitió reconstruir su producción, sus relaciones intelectuales y el contexto en el que desarrolló una obra que posteriormente alcanzaría reconocimiento internacional.
La relación entre ambas mujeres nunca fue únicamente familiar, aunque compartieran apellido y un parentesco lejano. Para Aracy Amaral, Tarsila constituía un objeto de investigación a partir del cual estudiar el modernismo brasileño y sus conexiones internacionales. Su trabajo contribuyó a desplazar la mirada de las imágenes más conocidas de la pintora hacia documentos, correspondencia, procesos creativos y circunstancias históricas que permitían comprender cómo se había formado su obra.
Ese rigor documental atravesó la carrera de Amaral. Nacida en São Paulo en 1930, estudió periodismo en la Pontificia Universidad Católica de São Paulo y posteriormente completó su formación académica en la USP. En 1969 concluyó un máster con una investigación sobre las artes plásticas en la Semana de 1922; más tarde obtuvo el doctorado en Artes y, en 1988, alcanzó la titularidad como profesora de Historia del Arte en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo.
Sus libros muestran que el modernismo fue una preocupación constante, aunque nunca exclusiva. Entre sus trabajos se encuentran: Artes plásticas na Semana de 22, Blaise Cendrars no Brasil e os modernistas, ¿A Hispanidade em São Paulo y Arte para quê? A preocupação social na arte brasileira 1930-1970. En este último, examinó las relaciones entre la producción artística y la realidad política y social, una línea de análisis que cuestionaba una comprensión del arte separada de las circunstancias en las que se produce.
Su trayectoria también se desarrolló en museos. Entre 1975 y 1979 dirigió la Pinacoteca do Estado de São Paulo y, entre 1982 y 1986, estuvo al frente del Museo de Arte Contemporáneo de la USP. Ejercer esas responsabilidades durante las décadas de 1970 y 1980 situó a una mujer en espacios desde los cuales se decidían las adquisiciones, las exposiciones, las investigaciones y las formas de interpretar públicamente el arte.
Ese aspecto cobra relevancia al observar la historia de las instituciones culturales. Las mujeres participaron durante décadas como artistas, investigadoras, docentes y trabajadoras de museos sin acceder en igual medida a los puestos desde los cuales se establecían colecciones y programas curatoriales. Amaral formó parte de una generación que también comenzó a ocupar esos lugares de decisión.
Su paso por la Pinacoteca coincidió, además, con una búsqueda de relaciones culturales más estrechas con otros países latinoamericanos. Esa preocupación permanecería en su pensamiento. Amaral cuestionó reiteradamente el escaso diálogo de Brasil con sus vecinos y, en una entrevista concedida a Pesquisa FAPESP, extendió esa observación a África al preguntarse por qué un país periférico como Brasil no profundizaba sus conexiones con el continente para estudiar historias compartidas en ámbitos como la música o la alimentación.
La interrogante resulta coherente con una trayectoria que no entendía el arte brasileño exclusivamente en relación con Europa o con Estados Unidos. Amaral estudió los intercambios internacionales del modernismo, pero también buscó situar la producción brasileña en el contexto de América Latina. Sus curadurías circularon por Brasil y otros países, llevando esas discusiones a museos, bienales y exposiciones internacionales.
Entre ellas se encuentra Modernidade: Art Brésilien du 20e Siècle, presentada en París entre 1987 y 1988, así como su participación en la primera Trienal de Chile, en 2009, y en la Bienal del Mercosur de 2011. En 2015 volvió al Panorama de Arte Brasileño del Museo de Arte Moderno de São Paulo, esta vez junto con Paulo Miyada, para una exposición que relacionaba la producción contemporánea con piezas líticas elaboradas miles de años antes de la llegada europea al territorio.
Hasta sus últimos meses continuó vinculada a la investigación curatorial. Su trabajo con Regina Teixeira de Barros volvió a una cuestión que había acompañado buena parte de su carrera: cómo estudiar los modernismos brasileños sin reducirlos exclusivamente a los acontecimientos, instituciones y artistas del eje Río de Janeiro-São Paulo.
Su interés por ampliar el campo de observación también ofrece una manera de leer su aportación desde una perspectiva de género. Amaral investigó exhaustivamente a Tarsila, pero su importancia no radica únicamente en haber contribuido a recuperar la obra de otra mujer. Ella misma produjo conocimiento, administró instituciones, seleccionó obras, montó exposiciones y participó en las discusiones mediante las cuales se escribe la historia del arte.
En una entrevista recordó que al comienzo de su carrera debía realizar por sí sola buena parte de las tareas necesarias para organizar una exposición, desde investigar hasta reunir las obras. La profesionalización posterior de la curaduría transformó ese trabajo, pero Amaral conservó una exigencia que transmitía a quienes comenzaban a investigar: observar lo que había a su alrededor antes de decidir qué merecía ser estudiado.
Esa recomendación ayuda a entender sus más de seis décadas de trabajo. Aracy Amaral encontró en el modernismo brasileño un campo que todavía tenía documentos por ordenar, relaciones por reconstruir y preguntas pendientes. Tarsila do Amaral fue una de ellas, pero no la única. Su trayectoria permitió estudiar el arte brasileño desde sus archivos, sus instituciones y sus conexiones latinoamericanas, mientras ella misma ocupaba espacios en los que pocas mujeres habían tenido hasta entonces la posibilidad de decidir cómo ese arte sería investigado y exhibido.
Referencias
ArteInformado. (2026, 17 de septiembre). Muere Aracy Amaral, pionera de la crítica y la curaduría de arte en Brasil, a los 96 años.
https://www.arteinformado.com/magazine/n/muere-aracy-amaral-pionera-de-la-critica-y-la-curaduria-de-arte-en-brasil-a-los-96-anos-7894
Museu de Arte Moderna de São Paulo. (s. f.). Moderno onde? Moderno quando? A semana de 22 como motivação.
https://mam.org.br/exposicao/moderno-onde-moderno-quando-a-semana-de-22-como-motivacao/
Universidade de São Paulo. (2026, 15 de septiembre). Aos 96 anos, morre Aracy Amaral, maior especialista na obra de Tarsila do Amaral no País. Jornal da USP.
https://jornal.usp.br/universidade/aos-96-anos-morre-aracy-amaral-maior-especialista-na-obra-de-tarsila-do-amaral-no-pais/








