En el marco del Día Mundial del Corazón, Dos Pinos comparte investigaciones recientes que examinan la relación entre el consumo de leche, yogur y queso y la salud cardiovascular. Los resultados muestran que el impacto de estos alimentos puede variar según su composición, tipo y cantidad consumida.

Cada 29 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Corazón, una fecha que invita a revisar los hábitos relacionados con la salud cardiovascular, entre ellos la alimentación. En este contexto, Dos Pinos destaca investigaciones publicadas entre 2025 y 2026 que aportan nueva evidencia sobre el consumo de lácteos. Los estudios señalan que estos alimentos deben evaluarse por su composición integral y muestran que su consumo habitual no se asocia, en términos generales, con un mayor riesgo cardiovascular, aunque los resultados varían según el producto y la cantidad ingerida.

La creencia de que los lácteos deben limitarse para cuidar el corazón por su contenido de grasa saturada está siendo revisada a la luz de investigaciones recientes. Estudios publicados entre 2025 y 2026 muestran que alimentos como la leche, el yogur y el queso deben analizarse en su conjunto y no únicamente por uno de sus componentes.

Una revisión publicada en Nutrients en 2025 encontró que el consumo total de lácteos se asoció con un riesgo de enfermedad cardiovascular aproximadamente un 4% menor. Otro análisis global, publicado en Nature Communications, encontró una asociación con un 3,7% menos de riesgo cardiovascular y un 6% menos de riesgo de accidente cerebrovascular. A estos hallazgos se suma un metaanálisis publicado en 2026 que reunió información de más de 1,6 millones de participantes.

“Durante mucho tiempo se observaba un alimento y se analizaba únicamente si contenía grasa saturada. Hoy en día, los estudios son mucho más específicos y permiten evaluar el alimento completo, así como sus proteínas, vitaminas, minerales y otros componentes. La evidencia científica más reciente nos permite tener una visión más amplia sobre los lácteos y su relación con la salud cardiovascular”, explicó Francisco Herrera, nutricionista de Dos Pinos.

Una revisión publicada en 2025 en la revista científica Nutrients analizó 33 metaanálisis, de los cuales 26 estaban relacionados con la salud cardiovascular. Los investigadores encontraron que el consumo total de lácteos se asoció con un riesgo cardiovascular un 4% menor; para la leche, la asociación fue de un riesgo un 3% menor, mientras que el yogur presentó uno de los resultados más favorables, con un riesgo un 8% menor.

El mismo análisis encontró resultados favorables relacionados con la hipertensión: el consumo total de lácteos se asoció con un riesgo un 11% menor y los lácteos bajos en grasa con un riesgo un 13% menor. Además, la leche y los lácteos bajos en grasa se asociaron con un menor riesgo de accidente cerebrovascular.

Al integrar los resultados internacionales, el consumo total de lácteos se asoció con un 3,7 % menos de riesgo de enfermedad cardiovascular y un 6 % menos de riesgo de accidente cerebrovascular.

Yogur, queso y leche: el efecto varía

Las investigaciones también muestran que no todos los lácteos tienen el mismo comportamiento y que tanto el tipo de alimento como la cantidad consumida pueden marcar una diferencia.

Un metaanálisis publicado en enero de 2026 en Frontiers in Nutrition, que reunió 29 estudios y más de 1,6 millones de participantes, encontró diferencias en el consumo de yogur, queso y leche.

El consumo diario de 200 gramos de yogur se asoció con un riesgo 11% menor de mortalidad cardiovascular. Para el queso, una ingesta de 15 gramos diarios se asoció con un riesgo un 5% menor, mientras que el consumo de 200 gramos diarios de leche también se asoció con una menor mortalidad cardiovascular en uno de los grupos analizados.

La investigación también encontró que la cantidad importa. En el consumo total de lácteos, el menor riesgo se observó entre 250 y 300 gramos diarios. Los productos fermentados, en particular el yogur, mostraron resultados favorables.

Una nueva forma de mirar los alimentos

Durante años, las recomendaciones nutricionales se centraron principalmente en nutrientes individuales, como la grasa saturada y su relación con el colesterol LDL. Las investigaciones más recientes subrayan la importancia de considerar el alimento en su conjunto.

En el caso de los lácteos, esto implica considerar no solo su contenido de grasa, sino también las proteínas, el calcio, el potasio, el magnesio, las vitaminas y otros componentes del alimento. En productos fermentados, como el yogur y el queso, también intervienen características propias de su proceso de elaboración.

“No podemos valorar un alimento únicamente por uno de sus nutrientes. La leche, el yogur o el queso tienen una composición mucho más compleja, y la investigación actual permite estudiar cómo interactúan sus componentes en el organismo. Ese cambio es importante para entender por qué los resultados no son iguales a lo que se asumía décadas atrás”, agregó Herrera.

Los resultados de estas investigaciones no significan que un alimento, por sí solo, pueda prevenir una enfermedad cardiovascular. La alimentación forma parte de un conjunto de factores que influyen en la salud del corazón.

Mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física de forma regular, evitar el tabaco, controlar el peso y la presión arterial y gestionar adecuadamente el estrés son medidas que pueden contribuir a reducir el riesgo cardiovascular.

Asimismo, las recomendaciones nutricionales deben ajustarse a las necesidades y condiciones de cada persona. Quienes presentan colesterol elevado, hipertensión, enfermedad cardiovascular u otras afecciones requieren una valoración individual por un profesional sanitario.