La presidenta de UCCAEP afirma que el desempleo costarricense tiene rostro joven y de mujer. Los datos muestran una realidad más amplia: ellas participan mucho menos en el mercado laboral, las jóvenes enfrentan mayores riesgos de quedar fuera del estudio y del empleo, y las responsabilidades de cuidado continúan distribuyéndose de manera profundamente desigual.

“El desempleo tiene un rostro joven y un rostro de mujer”. La afirmación de Maritza Hernández Castañeda, presidenta de la Unión Costarricense de Cámaras y Asociaciones del Sector Empresarial Privado (UCCAEP), publicada por La Nación, pone de relieve dos desigualdades persistentes en la discusión sobre el modelo de desarrollo costarricense.

Primero, los datos más recientes obligan a ampliar el diagnóstico, pues, como dato central, entre mayo y julio de 2026, la tasa de desempleo fue del 7 % para las mujeres y del 6,5 % para los hombres, según la Encuesta Continua de Empleo del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC). La diferencia existe, pero es pequeña y no presenta una variación interanual estadísticamente significativa. A comienzos del año había sido mayor: durante el primer trimestre, el desempleo femenino alcanzó el 8,1 %, frente a 6,4 % entre los hombres.

La desigualdad se aprecia con mayor claridad al observar quiénes participan en el mercado laboral. En el primer trimestre de 2026, solo el 41,6 % de las mujeres de 15 años o más formaba parte de la fuerza de trabajo, frente al 66,6 % de los hombres. La tasa de ocupación mostraba una diferencia similar: 38,2 % para ellas y 62,3 % para ellos.

El desempleo mide a quienes buscan trabajo y no lo encuentran; en consecuencia, no registra de la misma manera a quienes permanecen fuera de la fuerza laboral. Esa diferencia estadística resulta fundamental para entender la situación de las mujeres.

Segundo, la dimensión generacional tampoco admite una explicación sencilla, ya que durante el primer trimestre de 2026 el 56,6 % de las personas desempleadas tenían entre 15 y 34 años. Entre las mujeres desempleadas, sin embargo, el 66,5 % se concentraba en los grupos de 25 a 34 y de 35 a 44 años. El problema juvenil existe, pero su distribución cambia al introducir el sexo como variable.

Tercero, se observa una contradicción en el ámbito educativo, ya que la OCDE encontró que, entre las personas de 25 a 34 años, las mujeres costarricenses presentan mejores niveles educativos que los hombres: en 2022, el 34 % tenía educación terciaria, frente al 28 % de los hombres. Esa ventaja educativa no elimina las diferencias posteriores en el empleo. Incluso entre personas con título universitario, la tasa de empleo de las mujeres era 13 puntos porcentuales inferior a la de los hombres.

Para las más jóvenes, el riesgo comienza antes, pues la misma investigación estimó que en 2022 el 28 % de las mujeres de 15 a 29 años no estudiaba, trabajaba ni recibía formación, lo que representa aproximadamente 12 puntos porcentuales más que entre los hombres. Las mujeres jóvenes tenían 1,7 veces más probabilidades de encontrarse en esa situación. La OCDE advierte que este indicador también incluye a jóvenes que realizan trabajo doméstico y de cuidado sin remuneración, una actividad económicamente invisible en muchas mediciones convencionales.

Para Hernández, se identifican dos problemas: una oferta educativa desalineada con las necesidades empresariales y una “deuda histórica” con la red de cuido.

De ahí que la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo de 2022 determinara que las mujeres dedicaban, en promedio, 32 horas y 4 minutos semanales al trabajo doméstico no remunerado. Los hombres destinaban 15 horas y 44 minutos. Son más de 16 horas adicionales cada semana para ellas.

La desigualdad empieza temprano. Entre los 12 y los 17 años, las adolescentes dedicaban alrededor de 18 horas semanales al trabajo no remunerado, frente a 13 horas entre los adolescentes, según los datos analizados por la OCDE.

Después aparece la maternidad, como lo evidencia el Informe Estado de la Nación 2025 encontró una participación laboral del 70 % entre los hombres, 50 % entre las mujeres sin hijos y 44 % entre las madres.

La OCDE llegó en 2025 a una conclusión semejante porque las responsabilidades domésticas y de cuidado continúan limitando la participación femenina, con efectos particularmente fuertes entre las mujeres de menores ingresos. En este grupo, el 80 % señalaba las responsabilidades de cuidado como una barrera para acceder al mercado laboral.

Ahora bien, Hernández introduce una discusión adicional. La presidenta de UCCAEP reconoce que el empresariado ha dejado la discusión del modelo de desarrollo únicamente en manos de la clase política como un “error histórico” y reclama una participación más activa del sector privado.

Incorporar a las empresas a esa discusión también obliga a examinar cómo se distribuyen los beneficios y los costos de dicho modelo.

Costa Rica ha desarrollado actividades de alto valor agregado y continúa especializándose en manufactura avanzada y servicios, pero la OCDE advierte que muchos trabajadores, empresas y regiones todavía no se han beneficiado de la apertura económica de la misma manera. La organización considera, además, que elevar la participación laboral femenina es necesario para reducir la desigualdad y la pobreza.

Desde una perspectiva de género, existe una contradicción adicional: el mercado demanda talento y el país necesita aumentar su fuerza laboral, pero una parte considerable del tiempo de las mujeres sigue destinándose gratuitamente a sostener hogares, criar, atender a personas dependientes y realizar tareas domésticas.

Esa organización conserva rasgos de una división patriarcal del trabajo: asigna de manera desproporcionada a las mujeres las responsabilidades reproductivas y de cuidado mientras condiciona sus posibilidades de participar en el trabajo remunerado. Los datos sobre el uso del tiempo permiten observar sus consecuencias materiales sin reducir el análisis a una categoría ideológica.

Por eso, orientar a las personas jóvenes hacia carreras con mayor demanda puede formar parte de una política de empleo, pero no basta para explicar la desigualdad femenina. Una mujer puede tener educación, formación y disposición para trabajar, pero sigue encontrando una barrera que no está en su currículum: quién cuida mientras ella trabaja.

La discusión sobre el modelo de desarrollo que propone UCCAEP adquiere allí otra dimensión que debe analizarse con sumo cuidado. Si las empresas y el Estado quieren ampliar la participación laboral, la red de cuidados, la corresponsabilidad en los hogares, la permanencia educativa de las jóvenes y el acceso de las mujeres a empleos de calidad, ello forma parte de la política económica. Mientras una parte de la fuerza laboral potencial siga asumiendo de manera desproporcionada el coste diario de la atención, el país seguirá dejando fuera capacidades que dice necesitar.

Referencias

Instituto Nacional de Estadística y Censos. (2023). Encuesta Nacional de Uso del Tiempo 2022. INEC.

Instituto Nacional de Estadística y Censos. (2026). Encuesta Continua de Empleo del primer trimestre de 2026. INEC.

Instituto Nacional de Estadística y Censos. (2026, 3 de septiembre). Principales indicadores del mercado laboral se mantienen sin cambios significativos. INEC.

Organisation for Economic Co-operation and Development. (2024). Gender equality in Costa Rica: Towards a better sharing of paid and unpaid work. OECD Publishing. https://doi.org/10.1787/a25e8f8a-en

Organisation for Economic Co-operation and Development. (2025). OECD Economic Surveys: Costa Rica 2025. OECD Publishing. https://doi.org/10.1787/048cf07b-en

Ortega Campos, G. (2026, 3 de octubre). Presidenta de Uccaep: “Desempleo tiene un rostro joven y de mujer”. La Nación.

Programa Estado de la Nación. (2026). Ser madre pasa factura en el mundo del trabajo. Programa Estado de la Nación.