Las influencers que promueven el regreso de las mujeres al hogar han convertido la vida doméstica tradicional en un negocio rentable. Su discurso, sin embargo, puede tener consecuencias muy distintas para quienes no cuentan con ingresos propios, patrimonio o una red económica que les permita elegir y abandonar una relación.
Una mujer prepara pan artesanal, cuida a sus hijos y muestra una casa impecable mientras explica que su marido es el proveedor y que ella ha elegido dedicarse al hogar. La escena, cuidadosamente producida para millones de seguidores, puede parecer una invitación a recuperar una vida más sencilla. Detrás de algunas de esas cuentas, sin embargo, hay contratos publicitarios, empresas, equipos de producción e ingresos que convierten la supuesta retirada del mundo laboral en una actividad económica a gran escala.
La escritora estadounidense Caro Claire Burke ha convertido esa contradicción en el centro de su novela Yesteryear, una sátira sobre una influencer que se presenta como esposa tradicional y termina trasladada al siglo XIX. En una entrevista con BBC Radio 2, Burke señaló que algunas mujeres que aparentan sumisión y permanencia en el hogar son, en realidad, quienes sostienen económicamente a sus familias y administran negocios multimillonarios.
La paradoja adquiere relevancia cuando el contenido deja de ser una representación personal y se convierte en una prescripción sobre cómo deberían vivir otras mujeres. Una creadora de contenido puede disponer de ingresos propios, patrimonio, asesoría legal y capacidad para contratar servicios de cuidado, mientras recomienda a sus seguidoras abandonar el empleo remunerado, depender del marido y aceptar una división rígida de los roles de género. Para una mujer sin esos recursos, seguir el mismo modelo puede significar perder la independencia económica y reducir sus posibilidades de decisión.
El fenómeno conocido como tradwife, abreviatura de traditional wife o esposa tradicional, reúne a creadoras que idealizan la domesticidad, la maternidad y los roles convencionales de pareja. No todas comparten las mismas creencias ni presentan las mismas condiciones económicas. Tampoco toda mujer que decide dedicarse al hogar forma parte de este movimiento. La cuestión surge cuando una elección individual se transforma en un discurso que propone la subordinación femenina como norma social.
La autonomía económica es una diferencia decisiva debido a que quien dispone de una empresa puede abandonar una relación, contratar apoyo doméstico o modificar su proyecto de vida con recursos que otras mujeres no tienen. En cambio, una mujer que deja de trabajar sin patrimonio, ahorros ni protección social puede quedar expuesta a una dependencia prolongada. Esa situación puede dificultar su salida de una relación abusiva, limitar su acceso a vivienda y servicios y afectar sus posibilidades de sostenerse tras una separación.
ONU Mujeres ha documentado que la violencia económica incluye conductas destinadas a controlar la capacidad de una persona para adquirir, utilizar o conservar recursos económicos. También reconoce que la dependencia financiera puede constituir una barrera para abandonar relaciones violentas. Esto no significa que dedicarse al hogar sea una forma de violencia, sino que la falta de recursos propios puede aumentar la vulnerabilidad cuando existen relaciones de control o abuso.
El discurso de las esposas tradicionales también omite con frecuencia el valor económico del trabajo que propone. Cocinar, limpiar, cuidar a niñas y niños, atender a personas dependientes y organizar un hogar requieren tiempo y generan bienestar, aunque no siempre generan un salario. La Organización Internacional del Trabajo estima que 708 millones de mujeres en el mundo permanecen fuera de la fuerza laboral debido a responsabilidades de cuidado no remuneradas, frente a 40 millones de hombres. La distribución desigual de esas tareas limita las oportunidades de empleo, ingresos y protección social de las mujeres.
La imagen de una vida doméstica sin presiones económicas puede resultar especialmente atractiva para mujeres agotadas por jornadas laborales extensas, salarios insuficientes y una doble carga de trabajo y de cuidados. En ese contexto, el contenido ofrece una solución individual a problemas estructurales: retirarse del mercado laboral y confiar en que otra persona sostendrá económicamente el hogar. Sin embargo, esa posibilidad depende de condiciones materiales que no están al alcance de todas las familias.
Burke observa que las influencers tradicionales se sitúan en la intersección de los debates sobre maternidad, trabajo, economía y cultura. Su novela lleva al extremo la idealización del pasado al situar a su protagonista en 1855, cuando las restricciones legales, económicas y sociales sobre las mujeres hacían que la dependencia conyugal tuviera consecuencias muy diferentes de las que muestra una publicación contemporánea en redes sociales.
El riesgo de romantizar ese pasado consiste en presentar la subordinación como una elección libre, sin considerar las condiciones que la hacen posible. La libertad de una mujer para dedicarse al hogar debe incluir también la posibilidad real de trabajar, estudiar, disponer de ingresos, participar en las decisiones económicas y abandonar una relación sin quedar desprotegida.
Las plataformas digitales han convertido la vida privada en un producto comercial. En el caso de algunas creadoras de contenido del fenómeno tradwife, la domesticidad se monetiza mediante publicidad, marcas, productos y negocios, mientras que el relato público puede minimizar precisamente el trabajo empresarial que hace posible ese estilo de vida. La mujer que aparece subordinada frente a la cámara puede ejercer, detrás de la cámara, un poder económico considerable.
La discusión no exige descalificar la maternidad ni el trabajo doméstico, sino reconocer su valor y las condiciones necesarias para que sean opciones verdaderamente libres. Una sociedad que ofrece a las mujeres únicamente la dependencia como alternativa al agotamiento laboral no les amplía sus posibilidades. Y un modelo de vida que resulta sostenible gracias a ingresos millonarios no puede presentarse como una solución universal para quienes carecen de ellos.
Referencias
BBC News Mundo. (2026, 6 de septiembre). “Las influencers que fingen sumisión a sus maridos manejan imperios multimillonarios”. https://www.bbc.com/mundo/articles/cz9zkpxqvq7o
Organización Internacional del Trabajo. (2024, 29 de octubre). 708 millones de mujeres no pueden trabajar debido a las responsabilidades de cuidado no remuneradas. https://www.ilo.org/es/resource/news/708-millones-de-mujeres-no-pueden-trabajar-debido-las-responsabilidades-de
ONU Mujeres. (s. f.). Preguntas frecuentes: Tipos de violencia contra las mujeres y las niñas. https://www.unwomen.org/es/what-we-do/ending-violence-against-women/faqs/types-of-violence








