La crisis de Haití ha dejado a cientos de miles de estudiantes sin clases y ha convertido numerosas escuelas en espacios inaccesibles, dañados u ocupados. Para las niñas y adolescentes, la interrupción educativa puede significar, además, la pérdida de redes de protección frente a la violencia sexual, la explotación, el reclutamiento y otras amenazas que se agravan durante las emergencias humanitarias.

Ir a la escuela en Haití se ha convertido para miles de niñas y niños en algo mucho menos previsible que comenzar una jornada de clases. La violencia armada, los desplazamientos y el deterioro de las condiciones de vida han cerrado centros educativos, obligado a familias enteras a abandonar sus comunidades y alterado una de las pocas estructuras capaces de mantener cierta continuidad en la vida de la infancia.

UNICEF informó en junio de 2026 de que más de 1.600 escuelas habían sido declaradas cerradas durante el curso 2024-2025 y que más de 240.000 estudiantes quedaron sin acceso a la educación. La dimensión educativa forma parte de una crisis mayor: al finalizar 2025, alrededor de 1,5 millones de personas se encontraban desplazadas dentro del país y aproximadamente la mitad eran niñas y niños.

Las cifras evidencian una pérdida que trasciende las horas lectivas. En una emergencia humanitaria, la escuela puede proporcionar alimentación, rutinas, relaciones con docentes y otras personas adultas, así como información y mecanismos para detectar situaciones de violencia o de abandono. Su desaparición deja vacíos que resultan especialmente graves cuando las instituciones, las familias y las comunidades también están sometidas a una presión extrema.

La situación de las niñas merece una mirada específica porque una crisis no distribuye sus riesgos de manera uniforme. El desplazamiento, la separación familiar, la pobreza y la ausencia de espacios protegidos pueden aumentar su exposición a la violencia sexual, la explotación y otras formas de violencia de género.

En junio, la Oficina Integrada de las Naciones Unidas en Haití y UNICEF informaron de que, durante 2025, las Naciones Unidas habían verificado 2.088 violaciones graves contra 1.661 niñas y niños. Entre ellas se registraron asesinatos y mutilaciones, reclutamiento y utilización por parte de grupos armados, secuestros, violencia sexual y ataques contra escuelas y hospitales.

La violencia sexual presenta una dimensión particularmente preocupante. Las Naciones Unidas verificaron 213 casos de violencia contra niñas y niños en 2025 y señalaron que las niñas representaron la mayoría de las víctimas. El dato, además, no permite conocer la dimensión completa del problema: el miedo, la inseguridad, el estigma y las dificultades para acceder a servicios pueden impedir que numerosas agresiones sean denunciadas o documentadas.

La relación entre la violencia y la educación también se observa en los centros escolares. Las Naciones Unidas han verificado ataques contra escuelas y hospitales y han denunciado su uso por parte de grupos armados. Esto obliga a evitar una afirmación simplista: en una emergencia, la escuela puede cumplir una función protectora, pero solo si es accesible y segura.

Precisamente por esa razón, mantener la educación durante una crisis forma parte de la respuesta humanitaria.

El derecho internacional no establece que la educación pueda suspenderse indefinidamente hasta que se recupere la normalidad. La Convención sobre los Derechos del Niño reconoce el derecho a la educación y obliga a proteger a niñas y niños frente a todas las formas de violencia, explotación y abuso sexual. Para quienes se encuentran en una emergencia, ambas obligaciones guardan una relación muy concreta.

Haití permite observar esa relación. UNICEF ha desarrollado alternativas de aprendizaje para estudiantes desplazados y comunidades de difícil acceso, mientras que organismos internacionales y autoridades nacionales intentan recuperar la infraestructura educativa y ampliar los espacios disponibles.

En abril de 2026 se inauguraron dos escuelas públicas en el sur del país, en las comunas de Maniche y Camp-Perrin. Construidas con apoyo internacional tras el terremoto de 2021, tienen una capacidad conjunta para más de 500 estudiantes e incorporan criterios de accesibilidad, de agua y saneamiento, espacios para la alimentación y estructuras resistentes a amenazas naturales.

Su importancia no radica únicamente en sumar aulas. En un país donde la violencia y los desastres han interrumpido repetidamente la educación, construir una escuela capaz de permanecer operativa y accesible también implica invertir en la continuidad.

La experiencia haitiana ayuda a comprender un principio aplicable al resto de América Latina y el Caribe. Huracanes, inundaciones, terremotos, desplazamientos, violencia criminal y movimientos migratorios pueden interrumpir la trayectoria educativa incluso cuando el edificio escolar permanece en pie.

Las consecuencias tampoco terminan cuando una estudiante regresa al aula. Meses sin clases pueden provocar rezago, pérdida de aprendizajes y dificultades para reincorporarse al nivel correspondiente. Cuando la familia ha perdido su vivienda o sus ingresos, continuar estudiando puede competir con necesidades inmediatas de supervivencia y de cuidado.

Para una adolescente, esas presiones pueden combinarse con responsabilidades domésticas, el cuidado de hermanos menores, la violencia de género o una unión temprana. No todas las niñas desplazadas experimentan esas situaciones y sería incorrecto presentar la crisis como una causa automática de cada una de ellas. Lo que cambia es su exposición al riesgo y la capacidad de los sistemas de protección para detectarlo y responder a él.

Esa diferencia es fundamental. La educación en emergencias no consiste simplemente en abrir temporalmente un aula o en distribuir material escolar. Requiere identificar a quienes dejaron de asistir, localizar a quienes se desplazaron, garantizar las condiciones de seguridad, ofrecer apoyo psicosocial, atender las necesidades de los estudiantes con discapacidad y establecer mecanismos para prevenir y responder a la violencia.

También exige escuchar a las propias niñas y adolescentes. Una respuesta centrada únicamente en la infraestructura puede reconstruir un colegio sin comprender por qué algunas alumnas no vuelven a él.

La crisis haitiana muestra hasta qué punto el derecho a la educación depende de otros derechos. Una niña difícilmente podrá aprender si teme ser atacada durante el trayecto, si ha sido desplazada repetidamente, si pasa hambre o si una situación de violencia permanece sin atención.

Por eso, recuperar una escuela después de una crisis implica algo más que reanudar las clases. Significa reconstruir, alrededor de cada estudiante, una parte de las condiciones que hacen posible aprender y permanecer protegida. En Haití, donde ambas cosas están hoy amenazadas, mantener a las niñas vinculadas a la educación también forma parte de protegerlas.

Referencias

Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. (2026). Crisis in Haiti. UNICEF. https://www.unicef.org/emergencies/crisis-haiti

Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. (2026, 22 de abril). Two new schools inaugurated in southern Haiti, expanding access to safe and inclusive learning. UNICEF Haiti. https://www.unicef.org/haiti/en/press-releases/two-new-schools-inaugurated-southern-ha%C3%AFti-expanding-access-safe-and-inclusive

Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia y la Oficina Integrada de las Naciones Unidas en Haití. (2026, 30 de junio). Haiti: Grave violations against children reach unprecedented levels amid escalating armed violence. UNICEF Haiti. https://www.unicef.org/haiti/en/press-releases/binuh-unicef-joint-statement

Naciones Unidas. (1989, 20 de noviembre). Convención sobre los Derechos del Niño. Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. https://www.ohchr.org/es/instruments-mechanisms/instruments/convention-rights-child

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. (2026). Safe learning environments. UNESCO. https://www.unesco.org/es/emergencies/education/safe-environments

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. (2026). Education in emergencies. UNESCO. https://www.unesco.org/en/emergencies/education