El país financiará nuevas aulas y centros de atención infantil para ampliar las oportunidades educativas de niñas y niños y reducir las barreras que enfrentan las mujeres para formarse y acceder al empleo. La iniciativa cuenta con 24,78 millones de dólares y prioriza a las comunidades con servicios insuficientes.
En Belice, el 65 % de las mujeres que vivían en hogares con niñas y niños menores de cinco años habían dejado su empleo para atender responsabilidades familiares, según datos del censo de 2022 recogidos por el Banco Mundial. La proporción superaba ampliamente la registrada entre mujeres de hogares sin menores de esa edad. Detrás de esta diferencia se esconde una limitación que las políticas educativas suelen abordar de manera insuficiente: las posibilidades de estudiar y trabajar dependen, en buena medida, de quién asume el cuidado infantil.
El Gobierno beliceño busca intervenir en esa realidad mediante el Proyecto de Desarrollo de la Primera Infancia y Empoderamiento Femenino, respaldado por el Banco Mundial en abril de 2026. La iniciativa dispone de 24,78 millones de dólares, integrados por un crédito de 23,5 millones de la Asociación Internacional de Fomento y una subvención de 1,28 millones de Early Learning Partnership.
La intervención responde a importantes carencias en los servicios educativos y de atención infantil. Durante el curso 2023-2024, apenas el 39 % de las niñas y los niños de tres y cuatro años estaban matriculados en preescolar. El país contaba, además, con solo 24 centros de atención infantil registrados, concentrados en las principales ciudades.
Para las familias de comunidades rurales, disponer de estos servicios puede exigir desplazamientos difíciles de conciliar con una jornada laboral. Cuando no existe una alternativa accesible, el cuidado queda en el hogar y suele recaer en las mujeres, con consecuencias para sus ingresos y su continuidad educativa.
La desigualdad también presenta diferencias territoriales y étnicas, pues los documentos técnicos del proyecto muestran una participación laboral femenina considerablemente inferior a la masculina y señalan dificultades especialmente pronunciadas entre las mujeres mayas. A ello se suman barreras relacionadas con la disponibilidad de formación técnica y de los servicios de intermediación laboral.
La estrategia contempla construir 60 aulas de educación infantil en escuelas primarias de comunidades que carecen de esa oferta, mejorar otras 30 instalaciones y establecer o reforzar aproximadamente 80 centros de desarrollo infantil para menores de cuatro años. Su ubicación priorizará territorios desatendidos, donde la falta de servicios limita tanto las oportunidades educativas de la primera infancia como las posibilidades de empleo de las personas responsables de su cuidado.
El proyecto prevé también apoyar a unas 5.000 mujeres mediante actividades de formación, desarrollo de competencias y acceso a oportunidades laborales. Otras 500 personas vinculadas a los servicios de educación y desarrollo infantil recibirán apoyo para fortalecer sus capacidades profesionales.
Esta última medida introduce un aspecto relevante para la sostenibilidad de la intervención. La ampliación de centros requiere personal preparado para atender las necesidades de niñas y niños durante una etapa decisiva de su desarrollo. Sin embargo, el aumento de puestos de trabajo en el sector de los cuidados debe ir acompañado de condiciones laborales adecuadas. De lo contrario, existe el riesgo de ampliar ocupaciones tradicionalmente feminizadas sin mejorar suficientemente su reconocimiento y remuneración.
La formación técnica constituye otra área de intervención. Según la documentación del Banco Mundial, los hombres tienen 2,4 veces más probabilidades que las mujeres de matricularse en programas de educación técnica y profesional. La diferencia merece atención porque las mujeres beliceñas presentan, en términos generales, buenos resultados educativos, pero encuentran mayores dificultades para acceder a determinadas especialidades y oportunidades de empleo.
El cuidado infantil puede influir en estas trayectorias. Los horarios de formación, las distancias y las responsabilidades familiares condicionan la posibilidad de iniciar o concluir estudios, especialmente cuando las instituciones carecen de servicios de apoyo. Una oferta educativa cercana resulta insuficiente si las personas a las que está dirigida no disponen del tiempo necesario para utilizarla.
La política beliceña también incorpora criterios de inclusión para niñas y niños con discapacidad. Los indicadores del proyecto permitirán examinar la matrícula en los centros apoyados mediante datos desagregados por sexo y condición de discapacidad. Esta información será importante para comprobar si la ampliación de la cobertura llega a familias que enfrentan mayores dificultades de acceso.
La atención infantil, por su parte, requiere una perspectiva educativa propia. Los centros deben ofrecer entornos seguros, personal cualificado y actividades adecuadas para el desarrollo cognitivo, emocional y social. Su valor para la infancia no depende exclusivamente de que faciliten el empleo de las madres u otras personas cuidadoras.
El proyecto representa una decisión relevante para un país en el que la participación laboral femenina sigue siendo reducida. En abril de 2026, el Banco Mundial situó esa participación en el 43,6 %, por debajo de la media latinoamericana y caribeña. La institución incorporó posteriormente la ampliación de los servicios de cuidado y educación infantil entre las prioridades de su estrategia de cooperación con Belice.
La relación entre educación, cuidados y empleo permite comprender por qué estas inversiones requieren coordinación institucional. Los ministerios responsables de educación, desarrollo humano y trabajo deberán articular servicios que tradicionalmente han funcionado por separado, aunque atiendan necesidades estrechamente relacionadas.
Hasta ahora, la información disponible permite documentar la financiación aprobada y los objetivos de la intervención, pero todavía no sus efectos sobre las oportunidades educativas y laborales de las mujeres. El Banco Mundial publicó un primer informe de seguimiento en julio de 2026, cuando el proyecto se encontraba en una etapa inicial.
Su evaluación deberá considerar la cobertura territorial efectiva, la calidad de los servicios, las condiciones de trabajo del personal y la participación de mujeres que anteriormente no podían acceder a programas educativos o empleos por sus responsabilidades familiares.
La experiencia de Belice plantea una cuestión concreta para otros países de América Latina y el Caribe. Ampliar la matrícula escolar o los programas de formación no garantiza por sí solo que todas las personas puedan aprovecharlos. La distribución del cuidado dentro de los hogares sigue condicionando quién dispone de tiempo para estudiar y trabajar. La contribución de esta política dependerá de cuánto consiga modificar esa realidad.
Referencias
Banco Mundial. (2026, 20 de abril). World Bank supports Belize in expanding early childhood education and women’s access to jobs. https://www.worldbank.org/en/news/press-release/2026/04/20/world-bank-supports-belize-in-expanding-early-childhood-education-and-women-s-access-to-jobs
Banco Mundial. (2026, 20 de mayo). World Bank approves new strategy for Belize to support growth, jobs, the energy transition, and skills development. https://www.worldbank.org/en/news/press-release/2026/05/20/world-bank-approves-new-strategy-for-belize-to-support-growth-jobs-the-energy-transition-and-skills-development
Nguyen, Q. T. (2026, 21 de julio). Disclosable version of the ISR—Belize Early Childhood Development and Female Empowerment Project—P508072—Sequence No. 1 (Informe ISR08479). World Bank Group. https://documents.worldbank.org/en/publication/documents-reports/documentdetail/099072126172515406
World Bank. (2026). Belize Early Childhood Development and Female Empowerment Project (P508072, documento de evaluación del proyecto). https://documents.worldbank.org/en/publication/documents-reports/documentdetail/099031826152517117








