La transición hacia economías de menores emisiones está modificando el mercado laboral y creando nuevas ocupaciones. Para las mujeres de América Latina y el Caribe, las oportunidades dependerán de su acceso a la formación, a empleos formales y a sectores técnicos, en los que su participación sigue siendo limitada.

La transición hacia economías con menores emisiones está comenzando a modificar los empleos, las ocupaciones y las competencias laborales en América Latina y el Caribe. Energías renovables, transporte sostenible, construcción, agricultura, gestión de residuos y otros sectores incorporan nuevas tecnologías y formas de producción que demandan trabajadores con perfiles de conocimiento distintos. La posibilidad de crear empleo existe, pero su distribución entre mujeres y hombres dependerá de las desigualdades laborales que ya estaban presentes mucho antes de que comenzara a hablarse de empleos verdes.

Una de esas diferencias se observa en la propia estructura del mercado laboral latinoamericano. Las mujeres representan aproximadamente la mitad de la población en edad de trabajar, pero solo alrededor del 43 % tiene empleo, según un análisis publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo en 2026. Casi la mitad del empleo femenino es, además, informal, una condición asociada a un menor acceso a la protección social, a la estabilidad contractual y a otros derechos laborales. La transición ambiental comienza, por tanto, en un mercado en el que las oportunidades ya están distribuidas de manera desigual.

La Organización Internacional del Trabajo estimó en diciembre de 2025 que más de 41 millones de personas trabajan informalmente en América Latina y el Caribe, en sectores que desempeñan un papel importante en la transición hacia economías ambientalmente sostenibles. Alrededor de 12,5 millones son mujeres. La cifra resulta relevante porque una política de transición puede transformar una actividad económica sin que ello convierta automáticamente sus puestos de trabajo en empleos formales, seguros o mejor remunerados.

Definir qué constituye un empleo verde también ha sido parte del problema, ya que en febrero de 2026 la OIT presentó una metodología armonizada para medir este tipo de trabajo en 134 países, con el propósito de mejorar las comparaciones y evitar que cualquier ocupación vinculada a una actividad ambiental sea clasificada automáticamente como verde. La metodología considera tanto la contribución de las actividades económicas a los objetivos ambientales como las características de los empleos involucrados.

La calidad del trabajo adquiere una importancia particular para las mujeres porque algunos de los sectores llamados a expandirse continúan mostrando una marcada segregación ocupacional. Las energías renovables ofrecen uno de los ejemplos mejor documentados, aunque las cifras disponibles de la IRENA corresponden al mercado mundial y no exclusivamente a América Latina. Las mujeres representan alrededor del 32 % de la fuerza laboral a tiempo completo del sector, pero su participación desciende al 28 % en puestos relacionados con ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas y al 22 % en funciones técnicas intermedias vinculadas a la instalación y la construcción. En las posiciones de alta dirección y en las juntas directivas, alcanzan aproximadamente el 19 %.

Estas diferencias importan porque participar en un sector en crecimiento no implica necesariamente participar en las ocupaciones que ofrecen mejores salarios, mayores posibilidades de promoción o mayor capacidad de decisión. Si las mujeres ingresan principalmente a administración, servicios o puestos auxiliares, mientras que los hombres predominan en ingeniería, instalación, mantenimiento y dirección, una industria ambientalmente nueva puede conservar las divisiones laborales establecidas.

El transporte muestra una situación similar y permite observar lo que podría ocurrir con la expansión de la electromovilidad. Las mujeres representan menos del 15 % de la fuerza laboral del sector de transporte en América Latina y el Caribe, según el Banco Interamericano de Desarrollo. La electrificación de autobuses, el desarrollo de infraestructura de carga y el mantenimiento de vehículos eléctricos están generando necesidades de formación distintas, pero parten de un sector en el que la presencia femenina ya es reducida.

Algunas experiencias regionales han comenzado a incorporar esta desigualdad en el diseño de sus proyectos. Programas relacionados con la electromovilidad en ciudades como São Paulo y Panamá han incluido formación y acciones orientadas a aumentar la participación laboral de las mujeres. CEPAL también ha estudiado la relación entre el género y la movilidad eléctrica en Santiago de Chile, Ciudad de México y San José, reconociendo que la transformación tecnológica del transporte tiene implicaciones laborales y sociales distintas para mujeres y hombres.

La formación será determinante para determinar quiénes podrán acceder a las nuevas ocupaciones. Un informe de la OIT, publicado en mayo de 2026, advierte que las transformaciones tecnológicas, demográficas y ambientales están modificando las competencias requeridas por los mercados laborales de América Latina y el Caribe. La transición verde aumenta la demanda de conocimientos técnicos y digitales, lo que coloca a los sistemas de formación profesional ante la necesidad de anticipar ocupaciones emergentes y facilitar procesos de reconversión para trabajadores provenientes de actividades en transformación.

Para las mujeres, ese proceso comienza mucho antes de la contratación; por eso, la segregación educativa continúa influyendo en su presencia en carreras y programas vinculados a ciertas áreas técnicas. Ampliar las matrículas en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas puede contribuir a modificar esa distribución, pero las posibilidades de permanencia y ascenso también dependen de condiciones laborales como la contratación formal, la remuneración, los entornos libres de discriminación y la compatibilidad entre el empleo y las responsabilidades de cuidado.

Las estimaciones disponibles permiten dimensionar lo que podría perderse si esas condiciones no cambian. Un estudio de la OIT y del Banco Interamericano de Desarrollo proyectó que las políticas para alcanzar emisiones netas cero podrían generar alrededor de 22,5 millones de empleos en América Latina y el Caribe hacia 2030. Las estimaciones, elaboradas antes de las transformaciones más recientes del mercado laboral, advertían que solo unos cuatro millones de esos puestos serían ocupados por mujeres si persistían los patrones existentes de segregación laboral. Se trata de una proyección y no de un resultado observado, pero permite identificar el efecto que la estructura actual puede tener sobre la distribución futura de las oportunidades.

La experiencia internacional en energías renovables refuerza esa advertencia. IRENA y la OIT estimaron que el sector alcanzó 16,6 millones de empleos en el mundo en 2024. Su crecimiento demuestra la capacidad de las transformaciones energéticas para generar empleo, mientras que la composición de su fuerza laboral evidencia que el aumento del número de puestos no corrige por sí solo las diferencias de género.

En América Latina y el Caribe, una parte de la transición se desarrollará, además, entre trabajadores ya en la informalidad. Para una mujer dedicada al reciclaje, a la agricultura o a determinadas actividades de servicios, el carácter ambiental de una ocupación ofrece poca información sobre sus ingresos, su protección social o su seguridad laboral. La OIT y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo han insistido, por ello, en incorporar el enfoque de género a las políticas de transición justa y en observar quién obtiene los beneficios y quién asume los costos de los cambios productivos.

Durante los próximos años, buena parte de esta discusión se resolverá en decisiones bastante concretas sobre formación, contratación y promoción. Saber cuántas mujeres aprenden a instalar sistemas solares, a mantener autobuses eléctricos, a operar nuevas tecnologías agrícolas o a acceder a puestos técnicos permitirá medir algo que las cifras generales de creación de empleo no reflejan. La transición verde puede aumentar el número de puestos disponibles, mientras que la distribución de mujeres y hombres entre las ocupaciones permanece casi intacta. Es en esa distribución donde comenzará a verse si las nuevas oportunidades laborales modifican o reproducen las brechas existentes.

Referencias

Banco Interamericano de Desarrollo. (2026, 8 de abril). Women at work. A look at female employment in Latin America and the Caribbean. https://www.iadb.org/en/blog/labor-markets/women-work-look-female-employment-latin-america-and-caribbean

Banco Interamericano de Desarrollo. (s. f.). Transport Gender Lab. https://www.iadb.org/en/who-we-are/topics/transport/transport-gender-lab

International Labour Organization. (2026). Skills for the future of work in Latin America and the Caribbean. https://doi.org/10.54394/00033435

International Labour Organization. (2026). Measuring green jobs. An internationally harmonized methodology. https://www.ilo.org/

International Labour Organization. (2025). Informal employment and the green transition in Latin America and the Caribbean. https://www.ilo.org/

International Labour Organization, & Inter-American Development Bank. (2020). Jobs in a net-zero emissions future in Latin America and the Caribbean. Inter-American Development Bank. https://doi.org/10.18235/0002509

International Labour Organization, & United Nations Development Programme. (2025). Just transition with a gender perspective in Latin America and the Caribbean. https://doi.org/10.54394/EIYB3601

International Renewable Energy Agency. (2025). Renewable energy and jobs. Annual review 2025. https://www.irena.org/Publications/2025

International Renewable Energy Agency, & International Labour Organization. (2026). Renewable energy and jobs. Annual review. https://www.irena.org/