Durante años, la prevención cardiovascular femenina se asoció principalmente con la menopausia y la edad avanzada. Nuevas investigaciones obligan a ampliar esa mirada: casi una de cada tres mujeres estadounidenses de entre 20 y 44 años podría presentar alguna enfermedad cardiovascular en 2050, mientras que determinados factores de riesgo tienen efectos distintos en mujeres y en hombres. Conocer esas diferencias permite iniciar la prevención mucho antes.
Una mujer de 25 o 35 años difícilmente encaja en la imagen que durante décadas se construyó en torno a las enfermedades cardíacas. Sin embargo, la edad y el sexo no ofrecen la protección que muchas aún presuponen. La evidencia reciente muestra un aumento de los factores de riesgo cardiovascular en mujeres jóvenes y plantea la necesidad de incorporar la salud cardiovascular mucho antes en sus controles médicos habituales.
Una revisión publicada por The New York Times el 6 de agosto, a partir de investigaciones recientes y consultas con especialistas en cardiología femenina, advierte que casi un tercio de las mujeres estadounidenses de entre 20 y 44 años podría presentar alguna enfermedad cardiovascular en 2050, frente a aproximadamente una cuarta parte en la actualidad.
La tendencia cobra mayor relevancia ante otro hallazgo. Un estudio publicado en 2026 en el Journal of the American Heart Association encontró diferencias por sexo en la mortalidad tras un infarto agudo de miocardio en personas menores de 55 años. La discusión médica ya no se limita, por tanto, a reconocer que las mujeres pueden desarrollar enfermedades cardiovasculares, sino a comprender por qué algunos riesgos, manifestaciones y resultados difieren respecto de los hombres.
Emily Lau, codirectora del Programa de Salud Cardíaca de la Mujer de Mass General Brigham, resume uno de los principales problemas culturales que todavía rodean esta enfermedad: “la enfermedad cardíaca es, de hecho, una enfermedad de las mujeres”.
Parte del aumento observado entre las generaciones más jóvenes se debe a factores ya conocidos. La hipertensión arterial, la diabetes y la obesidad aparecen cada vez a edades más tempranas, mientras que el tabaquismo continúa siendo uno de los riesgos prevenibles. Sin embargo, compartir determinados factores con los hombres no implica necesariamente que tengan el mismo efecto en ambos sexos.
Las mujeres con diabetes presentan un mayor incremento relativo del riesgo cardiovascular asociado a la enfermedad que los hombres con diabetes, y ocurre algo similar con el tabaquismo. La hipertensión añade otro problema. Investigaciones citadas por The New York Times muestran que las mujeres jóvenes pueden permanecer sin diagnóstico ni tratamiento adecuados y que su riesgo cardiovascular podría comenzar a aumentar con niveles de presión arterial inferiores a los observados en los hombres.
La prevención también requiere considerar aspectos de la historia clínica femenina que, durante mucho tiempo, han recibido menor atención en la evaluación cardiovascular. La menopausia prematura, determinadas alteraciones endocrino-metabólicas, la preeclampsia, la diabetes gestacional y las enfermedades autoinmunes inflamatorias, como el lupus y la artritis reumatoide, están asociadas con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardíacas.
El embarazo adquiere así un significado que trasciende la salud obstétrica. Una complicación durante esos meses puede aportar información sobre el riesgo cardiovascular que una mujer tendrá años después. Martha Gulati, directora del Davis Women’s Heart Center de Houston Methodist, explica que todavía se investiga si algunas complicaciones producen directamente ese aumento del riesgo o permiten identificar alteraciones vasculares que ya existían. En cualquiera de los casos, constituyen antecedentes que deberían formar parte del seguimiento posterior.
Existe, además, una etapa particularmente vulnerable para la prevención. Durante los 20, 30 y 40 años, muchas mujeres concentran sus controles médicos en la salud sexual y reproductiva y tienen menos contacto regular con los servicios de atención primaria. Esa situación puede retrasar la detección de hipertensión, colesterol elevado, alteraciones de la glucosa y otros indicadores cardiovasculares que pueden evolucionar silenciosamente durante años.
Por esa razón, las especialistas consultadas recomiendan medir periódicamente la presión arterial, el colesterol y la glucosa, además de evaluar otros factores individuales junto con profesionales de la salud. La alimentación, la actividad física, la abstención de tabaco y la limitación del consumo de alcohol siguen formando parte de las medidas preventivas, acompañadas de tratamiento médico cuando resulte necesario.
La actividad física ofrece un dato particularmente interesante para las mujeres. Un estudio publicado en el Journal of the American College of Cardiology encontró diferencias por sexo en la relación entre el ejercicio y los resultados cardiovasculares, con mayores beneficios relativos para las mujeres a niveles equivalentes de actividad física. Los resultados refuerzan el valor de incorporar el movimiento regular, tanto aeróbico como de fortalecimiento, en la prevención.
Algunas mujeres pueden requerir evaluaciones adicionales según sus antecedentes y su riesgo individual. Entre las herramientas consideradas por especialistas se encuentran la medición de lipoproteína(a) y, cuando existe indicación médica, la puntuación de calcio coronario mediante tomografía computarizada, capaz de detectar depósitos calcificados en las arterias antes de que aparezcan manifestaciones clínicas.
No todas estas pruebas corresponden a todas las mujeres ni deben convertirse en exámenes rutinarios sin valoración profesional. Su importancia radica en otro aspecto: la prevención cardiovascular contemporánea avanza hacia evaluaciones más individualizadas, capaces de considerar la edad, los antecedentes familiares, el embarazo, las condiciones metabólicas y otros elementos de la historia clínica.
Durante décadas, uno de los obstáculos para la salud cardiovascular femenina fue considerar al cuerpo masculino como referencia predominante para comprender enfermedades que también afectan a las mujeres. La investigación actual permite identificar diferencias relevantes y reconocer momentos de la vida femenina que aportan información sobre el riesgo futuro.
Esperar hasta la menopausia para empezar a pensar en el corazón deja de lado años decisivos para la prevención. La presión arterial elevada a los 30 años, la preeclampsia durante el embarazo, la diabetes, el tabaquismo o determinados antecedentes familiares pueden formar parte de una historia cardiovascular que comienza mucho antes de que aparezca el primer síntoma.
Referencias
Agrawal, N. (2026, 6 de agosto). ¿Por qué cada vez más mujeres jóvenes desarrollan enfermedades cardíacas? The New York Times. Fuente original
American Heart Association. (2024, 19 de junio). 6 in 10 U.S. women projected to have at least one type of cardiovascular disease by 2050. American Heart Association
Ji, H., et al. (2021). Sex differences in blood pressure trajectories over the life course. JAMA Cardiology, 6(3), 255–262.
Ji, H., et al. (2024). Sex differences in association of physical activity with all-cause and cardiovascular mortality. Journal of the American College of Cardiology, 83(8), 783–793.








