El alprazolam es una benzodiazepina indicada principalmente para el tratamiento de algunos trastornos de ansiedad y de pánico. Aunque en la práctica clínica también se prescribe para el insomnio, su uso requiere una valoración cuidadosa debido al riesgo de dependencia, tolerancia y síndrome de abstinencia, especialmente cuando se prolonga más allá del tiempo recomendado.
Dr. Miguel A. Torres Batista
El insomnio es uno de los motivos de consulta más frecuentes en la atención médica. Muchas personas llegan después de haber intentado mejorar el sueño mediante cambios en sus hábitos, infusiones, suplementos o medidas de higiene del sueño, sin obtener resultados satisfactorios. En ese contexto, la presión por ofrecer una respuesta rápida puede llevar a considerar medicamentos como el alprazolam.
Sin embargo, cuando el profesional no cuenta con experiencia específica en el manejo de los trastornos del sueño o de la salud mental, la decisión más prudente consiste en valorar la necesidad de una derivación oportuna. Reconocer los propios límites clínicos también forma parte de una atención segura y centrada en la persona.
La revisión publicada por Ait Daoud y colaboradores señala que el alprazolam es una benzodiazepina de alta potencia, con un elevado potencial de uso problemático y de desarrollo de dependencia. Aunque fue desarrollado para el tratamiento de los trastornos de ansiedad y de pánico, su uso fuera de estas indicaciones continúa siendo relativamente frecuente en personas con insomnio, pese a que los riesgos aumentan cuando no existe un seguimiento clínico adecuado.
La evidencia disponible indica que el uso prolongado puede favorecer el desarrollo de tolerancia, lo que conduce a la necesidad de incrementar las dosis para obtener el mismo efecto terapéutico. Asimismo, la suspensión brusca del tratamiento puede provocar un síndrome de abstinencia caracterizado por ansiedad de rebote, empeoramiento del insomnio y, en algunos casos, manifestaciones neurológicas graves, incluidas las convulsiones.
Estas circunstancias hacen que la indicación del medicamento exija una valoración individualizada y un plan terapéutico claramente definido. Cuando el tratamiento se inicia sin un seguimiento adecuado, el paciente puede desarrollar una dependencia farmacológica que requiere una intervención especializada para su resolución.
Derivar oportunamente a especialistas en medicina del sueño, psiquiatría o, cuando corresponda, a unidades de atención de adicciones no constituye un fracaso profesional. Constituye una decisión clínica orientada a proteger la seguridad del paciente y a garantizar que reciba el abordaje más apropiado para su condición.
Mientras se realiza esa derivación, el acompañamiento médico puede centrarse en intervenciones no farmacológicas respaldadas por evidencia científica, así como en la evaluación integral de los factores que contribuyen al insomnio. Escuchar al paciente, reconocer el impacto de la falta de sueño en su calidad de vida y orientar el tratamiento dentro de un marco de seguridad siguen siendo componentes esenciales de una práctica clínica responsable.
Referencia
Ait Daoud, N., Hamby, A. S., Sharma, S., & Blevins, D. (2018). A review of alprazolam use, misuse, and withdrawal. Journal of Addiction Medicine, 12(1), 4-10. https://doi.org/10.1097/ADM.0000000000000350








