El ecofeminismo latinoamericano nació en las comunidades que defendían el agua, la semilla y el bosque. Décadas después, la sociología y la filosofía le pusieron nombre a lo que las mujeres indígenas, campesinas y afrodescendientes ya practicaban como una forma de sobrevivir y defender sus tierras ancestrales. 

El ecofeminismo parte de una premisa que, en América Latina, tiene raíces más antiguas que las de la teoría. Sostiene que la dominación sobre las mujeres y la explotación de la naturaleza no son fenómenos separados, sino dos expresiones del mismo sistema patriarcal y capitalista, que feminiza la tierra para hacerla conquistable y extrae de ambas, de los cuerpos y del territorio, sin reconocer lo que consume. La filósofa Val Plumwood argumentó en Feminism and the Mastery of Nature que las actitudes patriarcales históricamente aplicadas a las mujeres se extienden a la explotación del planeta. En América Latina, esa conexión no fue, en primer lugar, una tesis académica. Fue primero una práctica.

Berta Cáceres, lideresa lenca de Honduras y ganadora del Premio Goldman de Medio Ambiente en 2015, resumió esa práctica en una frase: «Me lo dijo el río». Cáceres defendió el río Gualcarque contra la construcción de la presa Agua Zarca hasta que fue asesinada en su casa en marzo de 2016. Su lucha no se llamaba ecofeminismo, sino defensa del territorio, del agua y de la espiritualidad lenca frente a un proyecto de infraestructura respaldado por capital internacional. Lo que la teoría ecofeminista latinoamericana hizo después fue documentar que ese tipo de lucha, protagonizada por mujeres en comunidades indígenas, campesinas y afrodescendientes de todo el continente, tenía una lógica común. Esta lógica se repetía en la Amazonía brasileña, en los Andes bolivianos, en la costa pacífica colombiana y en el altiplano guatemalteco.

La socióloga argentina Maristella Svampa, impulsora del Pacto Ecosocial e Intercultural del Sur y miembro de la Colectiva ecofeminista Mirá, publicó en 2024, junto a Francisca Fernández y Florencia Puente, el libro Feminismos ecoterritoriales en América Latina, editado por la Fundación Rosa Luxemburg. El texto documenta cómo las luchas de las mujeres en la región feminizaron la resistencia socioambiental desde los años noventa, especialmente en los sectores populares. Las mujeres urbanas, rurales, campesinas e indígenas no ocuparon ese espacio porque la teoría se lo asignara, sino porque en sus comunidades eran quienes sostenían el acceso al agua, la producción de alimentos y el cuidado del tejido comunitario. Cuando el extractivismo avanzó sobre esos recursos, fueron ellas quienes primero sintieron el daño y organizaron la respuesta.

Un informe elaborado por LatFem y We Effect sobre Bolivia, Colombia, Guatemala, Honduras y El Salvador encontró que siete de cada diez mujeres campesinas, indígenas y afrodescendientes acceden a tierras para producir alimentos, pero solo tres de ellas son propietarias de esas tierras. Trabajan la tierra sin título y producen alimentos sin tener un derecho formal sobre el suelo que cultivan. Esa combinación de responsabilidad sin propiedad es una de las condiciones materiales que explican por qué las mujeres de esas comunidades se movilizan cuando un proyecto minero, una presa o un monocultivo amenaza la tierra que sostienen, sin poseerla.

En marzo de 2025, lideresas campesinas e indígenas de Perú, Bolivia, Brasil, Colombia y Ecuador se reunieron en Huancayo en el Encuentro Internacional Redes de lucha: lideresas campesinas e indígenas de Latinoamérica contra la violencia de género. Además, emitieron un pronunciamiento dirigido a la Relatora Especial de la ONU sobre violencia contra las mujeres y al Foro Permanente sobre Pueblos Indígenas. En el documento denunciaron el avance del conservadurismo en alianza con las élites extractivistas. Esto ha incrementado la discriminación y la criminalización de las defensoras en toda la región. Además, señalaron que su resistencia se manifiesta en la defensa del agua, de la soberanía alimentaria y de la permanencia en sus territorios.

La investigadora venezolana Liliana Buitrago señaló en el mismo volumen de la Fundación Rosa Luxemburg que las transiciones energéticas actuales impulsadas desde el Norte Global están generando nuevas zonas de sacrificio en los territorios latinoamericanos, lo que perjudica la vida en las comunidades y refuerza las dinámicas patriarcales. Esa observación une el ecofeminismo latinoamericano con la discusión sobre el clima en todo el mundo: cuando la transición hacia energías más sostenibles ocurre en las mismas tierras indígenas y agrícolas que ya han sufrido la extracción de recursos, sigue el mismo patrón de despojo, aunque cambie el tipo de energía que se extrae.

El debate dentro del ecofeminismo latinoamericano también incluye una crítica importante a la relación entre las mujeres y la naturaleza. Aunque el movimiento busca darle un sentido positivo a esta conexión, si no se aborda con cuidado, puede recaer en un esencialismo que presenta a las mujeres como naturales cuidadoras del planeta. La socióloga argentina Maristella Svampa y la filósofa española Alicia Puleo, que en 2024 recibió del Senado de Argentina la distinción Berta Cáceres, trabajan esa tensión desde distintos ángulos: Svampa desde los feminismos ecoterritoriales que parten de la práctica concreta; Puleo desde un ecofeminismo ilustrado que pone la igualdad como condición y no como consecuencia de la relación con la naturaleza.

ONU Mujeres y el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales publicaron en diciembre de 2022 el libro Feminismo y Ambiente, señalando que el campo sigue siendo poco desarrollado en la región pese a la riqueza de experiencias. Ese señalamiento sigue siendo válido. Las mujeres que defienden el río, la semilla y el bosque en comunidades de toda América Latina producen una teoría política sobre la relación entre los cuerpos y los territorios que la academia apenas empieza a sistematizar a la velocidad que exige la crisis ambiental.

Referencias

Buitrago, L. (2024). Transiciones ecosociales justas y radicales en clave latinoamericana y ecofeminista. En F. Fernández y F. Puente (coords.), Feminismos ecoterritoriales en América Latina. Ciudad, crear, reexistir (pp. 69-88). Fundación Rosa Luxemburg. https://rosalux-ba.org/wp-content/uploads/2024/04/Feminismos-Ecoterritoriales-AL.pdf

El Buho. (2025, 8 de marzo). Mujeres campesinas e indígenas de Perú, Bolivia, Brasil, Colombia y Ecuador alertan sobre los retrocesos en sus derechos. https://elbuho.pe/2025/03/mujeres-campesinas-indigenas-peru-bolivia-brasil-colombia-ecuador/

El Salto Diario. (2022, 8 de febrero). Ellas alimentan el mundo, pero la tierra es de ellos. https://www.elsaltodiario.com/soberania-alimentaria/propiedad-desigualdad-ellas-alimentan-mundo-pero-tierra-ellos

Fundación Carolina. (2021). Feminismos ecoterritoriales en América Latina (Documento de Trabajo No. 59). https://www.fundacioncarolina.es/wp-content/uploads/2021/11/DT_FC_59.pdf

ONU Mujeres & CLACSO. (2022, diciembre). Feminismo y Ambiente: un campo emergente en los estudios feministas de América Latina. https://lac.unwomen.org/es/stories/noticia/2022/12/onu-mujeres-y-clacso-publican-el-libro-feminismo-y-ambiente

Plumwood, V. (1993). Feminism and the Mastery of Nature. Routledge.

Rátiva, S., Argento, M., & Gago, V. (2024). Feminismos ecoterritoriales frente a la política de la crueldad. En F. Fernández y F. Puente (coords.), Feminismos ecoterritoriales en América Latina. Ciudad, crear, reexistir (pp. 9-18). Fundación Rosa Luxemburg.

Svampa, M. (2024). Perspectivas teóricas y prácticas de los ecofeminismos latinoamericanos. En F. Fernández y F. Puente (coords.), Feminismos ecoterritoriales en América Latina. Ciudad, crear, reexistir (pp. 21-52). Fundación Rosa Luxemburg.

Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) / LET. (2024). Perspectivas teóricas y prácticas de los ecofeminismos latinoamericanos. https://let.iiec.unam.mx/node/5267