La académica volvió a situar en el centro del debate público la tensión entre derechos, transfobia y poder institucional. En una entrevista, la activista cuestionó el discurso que presenta a las personas trans como una amenaza social y denunció el crecimiento de las narrativas de odio legitimadas desde espacios políticos, mediáticos y culturales.

Marina Echebarría Sáenz se convirtió en 2020 en la primera mujer trans catedrática de España, un hecho histórico dentro de una estructura universitaria tradicionalmente construida a partir de parámetros masculinos, cisgénero y profundamente conservadores. Su llegada a la máxima categoría académica no solo representó un logro individual, sino también una ruptura simbólica en una institución históricamente excluyente. 

Ella pone énfasis en cómo determinados sectores políticos y sociales han construido una narrativa de “peligro” en torno a las identidades trans, especialmente tras la aprobación de legislaciones orientadas al reconocimiento de derechos. Sáenz rechaza frontalmente esa idea y recuerda que las personas trans continúan siendo una minoría vulnerable ante la violencia, la discriminación laboral, el rechazo familiar y la exclusión institucional.

Uno de los elementos más relevantes del debate es cómo las leyes de identidad de género han sido utilizadas como terreno de confrontación ideológica. Para sectores ultraconservadores, la ampliación de derechos trans se presenta como una amenaza al orden social o incluso al feminismo, mientras que activistas y especialistas en derechos humanos sostienen que estos discursos buscan reinstalar mecanismos de exclusión y control sobre los cuerpos y las identidades.

Sáenz conoce el conflicto desde múltiples frentes. Además de su trayectoria académica en Derecho Mercantil, ha participado en la elaboración de normativas vinculadas a los derechos de las personas trans y en espacios de asesoría legislativa sobre identidad de género en España. 

Su figura también evidencia una contradicción contemporánea: aunque algunas personas trans logran ocupar espacios históricamente vedados —como universidades, la política o instituciones públicas—, ello no implica necesariamente la desaparición de la violencia estructural. Muchas continúan siendo objeto de campañas de odio, cuestionamientos públicos o intentos de deslegitimación.

En ese contexto, la frase “las transexuales no somos el peligro” adquiere una dimensión política mayor. No se trata únicamente de una defensa individual, sino de una denuncia contra los sistemas que convierten a las minorías en amenazas simbólicas para justificar exclusiones, recortes de derechos o discursos de miedo.

Pero la interrogante central es: ¿por qué algunos sectores consideran los derechos trans una amenaza?

El debate en torno a los derechos trans no se limita al reconocimiento legal de la identidad de género. En distintos países, especialmente en Europa y América Latina, sectores conservadores y parte del feminismo transexcluyente han presentado estas leyes como una supuesta amenaza para categorías tradicionales vinculadas al sexo, la familia y los espacios diferenciados para las mujeres.

Algunas corrientes feministas sostienen que la autodeterminación de género podría diluir las categorías históricas construidas por el feminismo en torno al sexo biológico. Desde esa perspectiva, cuestionan el impacto de estas leyes en las políticas públicas, las estadísticas sobre la violencia, los deportes o los espacios exclusivos para mujeres cisgénero.

Sin embargo, organizaciones de derechos humanos y colectivos LGTBIQ+ han advertido de que esos discursos terminan convirtiendo a las personas trans en un enemigo político y cultural, pese a tratarse de una de las poblaciones más vulnerables frente a la violencia, la exclusión laboral, el rechazo institucional y los crímenes de odio.

La discusión también refleja una disputa más profunda sobre quién tiene legitimidad para definir las identidades y los cuerpos socialmente aceptados. Para especialistas y activistas como la catedrática Marina Echebarría Sáenz, el problema no son los derechos trans en sí mismos, sino la resistencia de ciertos sistemas de poder ante transformaciones que cuestionan estructuras tradicionales de género y de autoridad.

Referencias

Marina Sáenz. (s. f.). En Wikipedia, la enciclopedia libre. Recuperado el 14 de mayo de 2026 de https://es.wikipedia.org/wiki/Marina_S%C3%A1enz

Fernández-Pello, Elena. (2026, 14 de mayo). Marina Echebarría, catedrática y activista LGTBI: “Las transexuales no somos el peligro”. El Periódico. https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20260514/marina-echebarria-catedratica-activista-lgtbi-transexuales-no-somos-peligro-130190688