La costarricense obtuvo diez votos favorables en la cuarta consulta informal del Consejo de Seguridad y ha encabezado tres de las cuatro rondas realizadas. Su posición es relevante en el proceso, aunque aún deberá superar una etapa decisiva en la que el voto de los cinco miembros permanentes puede determinar el resultado.

La candidatura de Rebeca Grynspan a la Secretaría General de las Naciones Unidas alcanzó el 29 de septiembre uno de sus resultados más significativos. La economista costarricense recibió diez votos de aliento, tres de desaliento y dos votos sin opinión en la cuarta consulta informal realizada por los 15 integrantes del Consejo de Seguridad. Ha ocupado el primer lugar en tres de las cuatro rondas celebradas hasta ahora.

El resultado merece atención, pero aún no permite anticipar quién sucederá a António Guterres. Las consultas son confidenciales y, en esta etapa, no se identifica qué países apoyan ni rechazan a cada aspirante. Tampoco se sabe si alguno de los tres votos de desaliento recibidos por Grynspan corresponde a Estados Unidos, China, Rusia, Francia o al Reino Unido. Cualquiera de estos cinco miembros permanentes puede impedir que una candidatura avance mediante su poder de veto.

Grynspan llega a esta instancia con una trayectoria de varias décadas en la gestión pública y en organismos multilaterales. Fue vicepresidenta de Costa Rica entre 1994 y 1998 y desempeñó cargos como ministra de Vivienda, ministra coordinadora de Asuntos Económicos y Sociales y viceministra de Hacienda. Posteriormente, fue directora regional para América Latina y el Caribe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, secretaria general adjunta de las Naciones Unidas y administradora asociada del PNUD.

Entre 2014 y 2021 dirigió la Secretaría General Iberoamericana y, en septiembre de 2021, asumió la Secretaría General de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD). Fue la primera mujer y la primera persona centroamericana en ocupar ese puesto. Durante su gestión ha participado en negociaciones internacionales relacionadas con el comercio, el desarrollo, la seguridad alimentaria y las consecuencias económicas de los conflictos internacionales.

Su candidatura adquiere, además, una dimensión particular para las mujeres, ya que Naciones Unidas nunca ha tenido una secretaria general desde su creación en 1945. El proceso actual incluye candidaturas femeninas con experiencia diplomática y multilateral, mientras que distintos Estados y organizaciones han planteado que, después de más de ocho décadas, una mujer pueda ocupar por primera vez la máxima responsabilidad administrativa de la organización.

El procedimiento todavía tiene camino por recorrer, ya que el Consejo de Seguridad deberá recomendar una candidatura y la Asamblea General realizará posteriormente el nombramiento. Las Naciones Unidas mantienen un proceso formal que incluye las postulaciones de los Estados, las declaraciones de visión, los currículos, la información sobre la financiación de las campañas y los diálogos con los países miembros.

Para Costa Rica, la posición alcanzada por Grynspan constituye, por ahora, un resultado diplomático sin precedentes. Diez respaldos dentro del Consejo de Seguridad y el primer lugar en tres consultas muestran el apoyo que ha logrado su candidatura, pero las próximas rondas deberán revelar si ese respaldo puede convertirse en el consenso necesario entre los miembros permanentes.

El momento merece ser observado con atención, sin anticipar el desenlace. Una costarricense participa con resultados competitivos en la selección de la persona que dirigirá Naciones Unidas y lo hace en un proceso que podría llevar, por primera vez en más de ochenta años, a una mujer a la Secretaría General. Indistintamente del resultado, la costarricense ha logrado abrirse un espacio en la agenda internacional y mostrar no solo su trayectoria, sino también una ruta viable acorde con las necesidades de modernización del Organismo.

El consenso internacional es que en la próxima elección de la Secretaría General se elija a una mujer para el cargo, y doña Rebeca cuenta con la solvencia moral, la trayectoria profesional y el expertise político para ostentar el cargo.