La perspectiva de género no incorporó únicamente nuevos temas a la ciencia política. También cuestionó una disciplina que durante décadas explicó la ciudadanía, el Estado, las instituciones y el poder desde una experiencia predominantemente masculina.
La ciencia política estudia quién ejerce el poder, cómo funcionan los Estados, qué determina el comportamiento electoral y cómo las instituciones organizan la vida pública. Durante buena parte de su desarrollo como disciplina, sin embargo, quienes participaban formalmente de esa vida pública eran principalmente hombres. También eran hombres la mayoría de quienes producían el conocimiento académico que posteriormente se utilizó para explicarla. La incorporación de las mujeres obligó, por tanto, a revisar no solo su presencia en gobiernos, parlamentos y partidos, sino también las propias herramientas con las que se había estudiado la política.
Ese cuestionamiento atraviesa la obra Ciencia Política en perspectiva de género, coordinada por las politólogas Karolina Monika Gilas y Luz María Cruz Parcero, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). El libro analiza cómo el género ha transformado los temas, conceptos, metodologías y preguntas de la disciplina, desde la cultura y la comunicación política hasta los sistemas electorales, la representación, la violencia, el Estado y las políticas públicas.
La investigadora Luz Ríos Cruz, en una reseña académica publicada en la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, advierte que ignorar el impacto de las estructuras de género conduce a resultados sesgados y a una comprensión limitada de los problemas estudiados. Su señalamiento apunta a una dificultad histórica de la disciplina: conceptos formulados cuando la ciudadanía y la participación pública estaban reservadas fundamentalmente a los hombres terminaron por utilizarse como categorías aparentemente universales.
No se trata simplemente de un problema del lenguaje. Si quienes podían votar, ocupar cargos, dirigir instituciones y participar abiertamente en la vida pública eran mayoritariamente hombres, una ciencia dedicada a observar esos espacios podía construir una explicación coherente de la política y, al mismo tiempo, dejar fuera experiencias que ocurrían en otros ámbitos de la sociedad. La incorporación de la perspectiva de género permitió demostrar que asuntos considerados durante mucho tiempo privados también estaban atravesados por relaciones de poder.
La violencia contra las mujeres es uno de los ejemplos más claros. Su consideración como un problema doméstico limitaba la posibilidad de examinar las responsabilidades del Estado, la legislación, el funcionamiento de la justicia, los presupuestos destinados a la prevención o las condiciones que dificultaban a una víctima obtener protección. Algo semejante ocurrió con los cuidados, cuya distribución en los hogares condiciona el tiempo disponible para estudiar, trabajar, participar en organizaciones, desarrollar una carrera política o ejercer un cargo público.
El cambio de perspectiva amplió así las preguntas de la propia ciencia política. Analizar unas elecciones ya no consiste únicamente en determinar quién vota por quién, sino también en estudiar si mujeres y hombres participan bajo las mismas condiciones, cómo operan los estereotipos en las campañas, qué tratamiento reciben las candidatas en los medios, cómo se distribuye la financiación y qué sucede cuando una mujer comienza a disputar espacios tradicionalmente masculinos.
La obra coordinada por Gilas y Cruz Parcero dedica precisamente una parte de su análisis a la cultura política, la opinión pública, la comunicación y el comportamiento electoral. La conclusión no es que mujeres y hombres constituyan grupos homogéneos con preferencias políticas necesariamente diferentes. Por el contrario, plantea que esas actitudes dependen de condiciones sociales, estereotipos, contextos políticos e historias personales, lo que obliga a incorporar también dimensiones interculturales e identidades diversas.
Esta precisión es importante porque estudiar la política desde una perspectiva de género no implica asumir que todas las mujeres comparten intereses ni posiciones ideológicas. Una mujer que alcanza un cargo público no representa automáticamente a las demás mujeres ni tiene la obligación de hacerlo. La ciencia política, desde una perspectiva de género, plantea esta discusión al diferenciar la presencia femenina en los espacios de decisión de la representación sustantiva y al preguntarse a quiénes representan las mujeres que llegan al poder.
La paridad numérica, desde esta perspectiva, constituye una parte del problema, pero no lo resuelve por sí sola. Los partidos pueden aumentar el número de candidatas sin asignarles puestos competitivos ni espacios de dirección; los parlamentos pueden aproximarse a la igualdad entre mujeres y hombres mientras otros poderes permanecen masculinizados; y las instituciones pueden incorporar mujeres sin modificar prácticas construidas en estructuras anteriores.
Ríos Cruz destaca que el Poder Legislativo ha sido uno de los ámbitos en los que más ha avanzado la representación femenina, mientras que identifica mayores dificultades en espacios como los altos cargos del Ejecutivo y las estructuras judiciales. La perspectiva de género permite estudiar no solo cuántas mujeres ingresan, sino también qué mecanismos institucionales facilitan o restringen sus trayectorias y qué ocurre con las relaciones de poder una vez que están dentro.
La desigualdad también aparece en el lugar donde se produce y se transmite el conocimiento político. La reseña advierte que, pese a la presencia de mujeres en el estudiantado, persiste su subrepresentación en determinados espacios académicos y de dirección, mientras que los trabajos realizados por politólogas pueden permanecer ausentes de los programas educativos y de las bibliografías.
La evidencia internacional confirma que el problema no se limita a México. Investigaciones publicadas por la American Political Science Association han documentado una brecha de género en las citas académicas: los trabajos escritos por mujeres aparecen con menor frecuencia que los de los hombres, tanto en publicaciones científicas como en programas universitarios. Un estudio de Li-Yin Liu, Christopher Devine y Heidi Gauder encontró, además, que esa diferencia puede reproducirse durante la formación universitaria, pues los estudiantes varones de la muestra analizada citaron significativamente menos investigaciones realizadas por mujeres que sus compañeras.
Otra investigación sobre programas de posgrado encontró que las lecturas asignadas contribuyen a definir qué trabajos se consideran referentes de una disciplina y quiénes aparecen ante las nuevas generaciones como las personas autorizadas para producir ese conocimiento. La persistencia de una menor presencia de autoras en esas bibliografías tiene, por ello, consecuencias que exceden el número de nombres femeninos incluidos en un curso.
El problema continúa siendo objeto de investigación. Un estudio publicado en 2025 revisó las instrucciones para autores de 102 revistas de ciencia política y encontró que solo 16 mencionaban los desequilibrios de género en las citas. La brecha importa porque las citas académicas también funcionan como indicadores de reconocimiento e impacto y pueden influir posteriormente en decisiones de contratación, promoción y financiación de investigaciones.
En América Latina, la Red de Politólogas busca responder a parte de esa invisibilidad mediante la identificación y la promoción del trabajo de especialistas de la región. Actualmente reúne a más de 800 politólogas de 31 países dedicadas a investigar, asesorar o participar en procesos relacionados con la política latinoamericana. La existencia de estas redes muestra que el desafío no consiste únicamente en formar a más mujeres, sino en garantizar que su producción académica circule, sea discutida y forme parte del conocimiento utilizado para explicar las sociedades.
La incorporación de la perspectiva de género ha permitido revisar, desde allí, conceptos centrales de la disciplina, como la ciudadanía, el Estado, la representación, las instituciones y las políticas públicas. La aportación de la ciencia política desde una perspectiva de género radica precisamente en reunir esas discusiones y trasladarlas a la enseñanza y la investigación latinoamericanas, donde aún existe una importante dependencia de la literatura producida en otros contextos.
Desgenerizar la ciencia política, como propone la obra, no implica eliminar el estudio de los autores que construyeron la disciplina ni reemplazar una mirada masculina por una exclusivamente femenina. Implica reconocer que una ciencia que estudia la distribución del poder también necesita observar cómo el género interviene en dicha distribución y revisar las ausencias que históricamente han condicionado sus explicaciones. La presencia creciente de politólogas amplía ese conocimiento, pero el cambio será incompleto mientras sus investigaciones, preguntas y perspectivas continúen ocupando un lugar secundario en la producción y la enseñanza de la disciplina.
Referencias
Gilas, K. M., & Cruz Parcero, L. M. (Coords.). (2021). Ciencia política desde una perspectiva de género. Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Nacional Autónoma de México. ISBN 978-607-30-4774-6.
Liu, L.-Y., Devine, C. J., & Gauder, H. (2020). The gender citation gap in undergraduate student research: Evidence from the political science classroom. PS: Political Science & Politics, 53(4), 689–694.
Phull, K., Ciflikli, G., & Meibauer, G. (2019). Gender and bias in the International Relations curriculum: Insights from reading lists. European Journal of International Relations, 25(2), 383–407. https://doi.org/10.1177/1354066118791690
Ríos Cruz, L. (2023). Las mujeres también hacemos ciencia política. La importancia de hacer y enseñar una ciencia política desgenerizada [Reseña del libro Ciencia Política en perspectiva de género, de K. M. Gilas & L. M. Cruz Parcero]. Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, 68(247), 349–353. https://doi.org/10.22201/fcpys.2448492xe.2023.247.81797. Artículo en la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
Red de Politólogas. (s. f.). No Sin Mujeres. https://www.nosinmujeres.com/
Stockemer, D., & Sundström, A. (2025). The discussion of gender and citations in submission guidelines of 102 political science journals. European Political Science.








